Las aventuras de Miguel el travieso

Nunca he entendido la manía de ponerle edad a los libros de niños. Un buen libro de literatura infantil es como esos juegos que dicen “De 6 a 99 años”. Si la historia es buena y está bien contada, ¿qué importa la edad? Me pregunto cómo se las componen los que deciden estas cosas, y me juego los calcetines a que el voleo desempeña un papel importante.

Hace unos meses empecé a leerle a Lucas y Violeta (5 y 6 años) Miguel el travieso, de Astrid Lindgren (1907-2002). No estaba muy segura de si les aburriría un libro con más palabras que dibujos, pero en cuanto empezamos a leer se engancharon con entusiasmo. Se habla mucho de las primeras frases de los libros, pero a mí aquí la que me gusta es la segunda: “En Lönneberga vivía un chico que se llamaba Miguel de Lönneberga. Era un muchacho travieso y testarudo, no tan bueno como tú”. Qué manera de meterse al lector en el bolsillo nada más empezar. Se nota que se lo está contando a alguien en concreto…

miguel ida

De dónde sale Miguel

Lindgren se inventó a Miguel el travieso para callar a su nieto, que estaba venga a llorar hasta que su abuela le preguntó: “¿Sabes lo que hizo un día Miguel de Lönneberga?” Dejó de llorar inmediatamente. Cuando apremia la necesidad, la imaginación viene al rescate. Y nada más apremiante que un niño llorando.

Miguel tiene cinco años y vive en una granja con su padres, su hermana Ida, Alfredo el mozo y Lina, la criada. A Miguel no se le ocurre na bueno, pero “nosotros lo queremos tal como es”, como dice su madre, que va apuntando las trastadas de Miguel en un cuaderno azul (que acaba convirtiéndose en una colección de cuadernos azules). Y realmente se le quiere, porque él se mete en jaleos continuamente, pero no tiene maldad ninguna.

figuritas madera

Aparte de los cuadernos azules de su madre, la mejor forma que tenemos de seguir el número de trastadas es contar los muñequitos de madera que va tallando en el cobertizo cada vez que le castigan. Cuando le conocemos lleva 59, y al final de los libros ha reunido 369 (menos uno que entierra su madre porque decide que se parece demasiado al párroco).

Las historias están ambientadas en la Suecia rural de hace más de cien años pero, como pasa con los buenos libros, no importan ni el tiempo ni la distancia. Miguel era el personaje con el que Lindgren se sentía más identificada, y para crearlo se basó en su hermano Gunnar, en las cosas que les contaba su padre (gran narrador y hombre de muy buena memoria) y en los recuerdos de la infancia tan feliz que pasó en la granja familiar, en Småland. El primero de la serie lo escribió en 1963 y el último en 1997.

Las ilustraciones 

Cuando terminó el primer manuscrito, se lo mandó a Björn Berg (1923-2008) y le pidió que lo ilustrase. Berg aceptó el encargo y se fue a Småland a estudiar las casas, jardines, vallas, cancelas… y patearse museos para ver fotos antiguas de la gente de la zona. Hay algo que da mucho gusto en la imagen del ilustrador que viaja a documentarse para un cuento infantil.

Lindgren había visto un dibujo, obra de Berg, de un niño rubito y había pensado que era exactamente el Miguel que ella tenía en la cabeza. El niño rubio resultó ser un hijo de Berg, lo que explica el aire de familia que comparten Miguel y su dibujante (esa nariz, esos mofletes…).

Ediciones en España

En España a Miguel lo podemos encontrar en Editorial Juventud, que publicó los tres primeros (el tercero, Otra vez Miguel, está descatalogado). Los dos primeros, Miguel el travieso y Nuevas aventuras de Miguel el travieso están reunidos en Las aventuras de Miguel el travieso. Ojalá se animen a publicar más, porque son francamente buenos.

Las ediciones españolas llevan las ilustraciones originales, pero solo en el interior. En las antiguas son rojas y negras, pero ahora van a un solo color, negro. Da la sensación de que están peor reproducidas, no sé si por el tipo de papel o porque al colorear lo rojo de negro se emborrona todo un poco.

Miguel 4

Pero para las portadas antiguas prefirieron escoger fotogramas de las películas de Miguel que se hicieron en los 70, y la nueva lleva una ilustración de Albert Asensio. Preciosa, por cierto, aunque no refleja igual que las originales el espíritu del personaje ni el humor de las historias.

No entiendo la decisión de encargar una portada nueva cuando existen unas acuarelas originales de Berg perfectas que nunca se han utilizado, parece. No sé si por cuestión de derechos o porque a alguien se le ha ocurrido que venderían más libros así. En cualquier caso, es una pena. La manía de modernizarlo todo le quita la gracia a las nuevas ediciones de libros antiguos. Un ejemplo clarísimo y más sangrante que este son los libros de Los Cinco. Menos mal que aún guardo los antiguos, porque me tienen que matar para que compre uno de los nuevos…

 

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