Heidi

En realidad me tocaba escribir de Roald Dahl (o Royal Dahl, como lo llama Lucas muy acertadamente), porque pretendía seguir el orden de lectura que llevamos con los niños. Pero tengo su biografía en la mesilla de noche y prefiero atacarlo cuando me la haya terminado, así que vamos a seguir por Heidi.

Me he saltado muchos libros en mi vida porque ya había visto la película o la serie y pensaba que me conocía la historia. No leí Mary Poppins hasta hace un par de años, por ejemplo, tengo 101 Dálmatas en la cola de lectura y a Heidi he llegado a los 39 y porque Violeta se lo pidió este año a los Reyes Magos. Yo pensaba regalarle la serie y saltarme el libro. Qué error habría cometido.

De dónde sale Heidi

Heidi sale de la nostalgia de Johanna Spyri (1827-1901). Ella, como la niña, se crió en un pueblecito de los Alpes. Cuando se casó y se fue a vivir a Zúrich en 1952, con un marido que trabajaba mucho, le fue entrando una pena cada vez más grande. No terminaba de encajar en la ciudad. Parece que solo mejoró cuando nació su único hijo, tres años más tarde. A él le fue contando las historias como ésta, que más tarde se convertirían en libros.

En realidad sobre Spyri hay muy poca información, porque ella misma se encargó de recuperar y destruir tantas cartas como pudo de las que había escrito, y nunca quiso prestarse a contestar preguntas sobre su vida. Pero parece bastante claro que los sentimientos de Heidi en Fráncfort se inspiraron en los que tuvo ella en sus primeros años en Zúrich. Lo mismo se puede decir de las descripciones de la naturaleza y las montañas en las que creció.

Y a pesar de todo, funciona

La historia de Heidi nos la sabemos de memoria, nos han machacado hasta la saciedad con los dibujitos y, sin embargo, he tenido que parar de leer varias veces de la emoción. Esta pobre niña que estaba tan contenta con su abuelo, las cabras, las montañas… y se la llevan a Fráncfort donde ni siquiera llega a abrir las ventanas de su cuarto y no hay ni un matojo y todo son normas, pobrecita mía. Con esa señorita Rottenmeir, que es más mala que la quina. Si no se emociona uno, es que está muerto por dentro.

Pero Heidi funciona de todos modos por muchas razones: la historia en sí, el ritmo, los buenos, los malos… y por un detalle muy importante (al que no he llegado por mi propio pie): Heidi fue un libro revolucionario en su momento porque Spyri se puso del lado de los niños en una sociedad en la que aún “se les consideraba, trataba y disciplinaba como pequeños adultos imperfectos”. Y es verdad. Ella está de su parte y entiende bien que tienen un mundo y unas necesidades muy diferente a las de los adultos. Es cierto que hoy día esto es un punto de vista muy común (yo diría que general) entre los autores infantiles, pero antes no lo era tanto.

Ilustradores varios

Heidi in the mountains by Marguerite Davis 1927
Heidi en las montañas, por Marguerite Davis (1927)

La primera edición de Heidi no estaba ilustrada. Salió a la luz en 1880, aunque Spyri la había escrito hacía diez años. En 1881 se publicó la segunda parte: Otra vez Heidi. A mí me hacen más gracia los títulos originales, que venían a decir esto: Los años de viaje y aprendizaje de Heidi y Heidi pone en práctica lo aprendido, aunque comprendo que soy una entusiasta de los títulos largos y poco prácticos tipo McCall Smith.

La segunda edición la ilustró Friedrich Wilhelm Pfeiffer (1822-1891), y a partir de ahí ha habido ilustradores de todas clases. Me encantan los dibujos que hizo Marguerite Davis (1890-1978), pero mis favorita es Jessie Wilcox Smith (1863-1935). Sus láminas a dos colores son muy gustosas, y las acuarelas son tan antojables como un merengue. Ojalá una edición española con sus ilustraciones. Bueno, puestos a pedir, ojalá dos ediciones para no mezclar los dos estilos.

En España

En España, la primera edición se hizo en 1927 (37 años después de la edición original) y llevaba láminas de Mercè Llimona. La que hemos leído en casa también es de Editorial Juventud, aunque las ilustraciones son de Paul Hey, y no incluye la segunda parte (no sé si la de 1927 la incluía o no). La de la portada me gusta mucho, pero dentro parece que están fotocopiadas de un periódico, pierden la delicadeza que se le intuye a las originales.

juventud
Edición de 2012 de Editorial Juventud.

De todos modos, ahora hay disponibles muchísimas ediciones de Heidi en español; algunas bonitas (sobre todo de segunda mano) y otras con portadas bastante atrevidas, por ponerlo suavemente. Porque digo yo: si Heidi es más silvestre que las cabras y tiene el pelo corto y rizado y negro, ¿a quién se le ocurre colocarla con este pelo y el atuendo de colegiala ligera de cascos? Convendrán conmigo en que esta ilustración se corresponde mucho más con la fresca de la tía Dete. Del abuelo sonriente, mejor ni hablamos.

*La ilustración de la cabecera es de Gustaf Tenggren (1896-1984), de 1923.

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