El cuñado de Roald Dahl

Roald Dahl estaba convencido de que los dientes no eran más que una fuente de problemas, así que cuando tenía 21 años se los quitó y se puso unos falsos. Luego se dedicó a perseguir a su madre para que hiciera lo mismo y, cuando lo logró, siguió dándole la vara a sus hermanas, que se resistieron. El único que le hizo caso (aparte de su madre, claro) fue su cuñado, Leslie Hansen. Hansen siguió el ejemplo de Dahl con una pequeña variación: se extrajo los dientes pero se negó a ponerse unos nuevos. La hermana de Dahl debía de estar loca de contenta.

Cuando escribió Los Gremlins en 1942, Dahl donó todo el dinero a la RAF… menos 380 dólares que se gastó en una fantástica dentadura postiza de la que estaba muy orgulloso.

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