Dos párrocos en acción

Después de desayunar, tía Mercedes sale a la puerta de casa. Durante la noche, una de las ramas grandes del bella sombra se ha resquebrajado y se ha caído en la acera, cogiendo parte de la calle. Está inspeccionando el resultado de la tormenta cuando ve llegar paseando al padre Antonio y al padre Jose María. Los dos hermanos, párrocos de San Juan de Ávila, se paran junto a ella. Hace una mañana espléndida. Huele a tierra húmeda y la hiedra brilla, todavía mojada. Tía Mercedes les sonríe cariñosamente. “Miren qué faena. Menos mal que no se ha caído encima de alguien… Ahora mismo iba a llamar a los bomberos.” Los párrocos saltan como un resorte: “¡No se le ocurra a usted, que eso cuesta un dineral! ¿No tiene un hacha por ahí?” Tía Mercedes tiene un hacha, sí, pero no quiere molestar… “Deje, deje, usted tráiganos el hacha que ya nos encargamos nosotros.” Se remangan la camisa y se ponen manos a la obra; en un rato han terminado. Tía Mercedes saca una bandeja con dos tazas de té y un poco de bizcocho. En el olivo de enfrente, una urraca no pierde detalle de la escena.

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