Sobre leer en alto

El otro día leí en lo de Miss McHaggis una frase que me encantó: “Dejar de leerles a los niños cuando ellos aprenden es como dejar de regalarles cuando descubren a los Reyes Magos”. Es buenísima. Y muy cierta.

No pensaba leerle a mis niños más allá de que aprendieran a leer. Tampoco le había dado muchas vueltas. El recuerdo que tengo yo es el de haber empezado a devorar libros sin parar una vez que aprendí, así que no le veía mucho sentido. Pero un día se me ocurrió leerles Miguel el travieso y cambié de idea.

Hasta ese momento habíamos leído juntos libros ilustrados, muchos y muy buenos, por cierto. Pero no funcionaba igual. Imagino que es porque un cuento corto, aunque sean varios, no da para desconectar del día e ir entrando en modo standby. Desde que empezamos con los libros largos, sin apenas dibujos, dan menos lata para irse a dormir (la siguen dando, ¿eh? No hay milagros por aquí). Es más, si propongo leerles un rato en cualquier momento del día, dejan lo que estén haciendo. No falla.

Se quedan muy quietos (uno más que otra), atentos a la historia. Relajados. Casi diría que no les importa qué les lea. Sé que no entienden muchas de las palabras, pero les da igual. El caso es leer, y siempre un capítulo más, por favor.

A mí se me había olvidado porque debe de hacer más de 30 años que nadie me leía nada, pero es algo muy recomendable. Cuando le toca a Simón tengo buen cuidado de cepillarme los dientes y ponerme el pijama porque sé que en dos capítulos habré caído como una bendita.

Además, es el mejor remedio que existe para las penas nocturnas. Cuando se hace tarde y Violeta se pasa de rosca, le entra la pena negra y llora desconsolada repasando la lista de agravios del día (y de su vida). Cada palabra de consuelo que se le diga corre el riesgo de ser convertida en una tragedia; es una situación delicada. La última vez que le pasó fue hace un mes. Por esa época estábamos con Heidi, así que le propuse leer el siguiente capítulo. “¿Y si nos descubre Lucas?” fueron sus últimas palabras. Le aseguré que a la mañana siguiente lo volveríamos a leer con él y se quedó conforme. A las dos páginas se había dormido, tranquila, las penas olvidadas.

Tengo una amiga con una tía que se escribe cartas animosas a sí misma durante el día y las guarda en el cajón de la mesilla para cuando se despierta con angustia por la noche. Seguro que si tuviera a alguien que le leyera un par de párrafos, no le haría falta la carta.

*La imagen de la cabecera está sacada de La paciencia de Pepa, y es de una servidora.

Anuncios

3 thoughts on “Sobre leer en alto

  1. ¡Gracias Paula! A Katerina, 3 años, le leo “The Wind in th Willows” de Kenneth Grahame con ilustraciones -pocas- de Arthur Rackham. Es cierto que se queda mas tranquila escuchando tu voz e imaginando lo que pasa, y de vez en cuando una muy buena ilustración aparece. Me sorprende lo atenta que está durante casi una hora hasta que se duerme. Los cuentos ilustrados también le apasionan y son buenos para empezar la práctica. Ahora necesito libros de calidad en Castellano. Los que tengo – pocos en comparación con nuestra colección en Inglés- son de autores anglosajones, traducidos al Español. ¿Algúna sugerencia?

    Un beso. Tara

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s