Casa rural

 

En la casa rural hay un fantasma. La casa tiene un balcón con barandilla de madera en el que apetece sentarse, y unas losas de gres algo dudosas en los escalones de la entrada. Dentro abunda la decoración.

Dos o tres mujeres se ocupan de nosotros, registran nuestra llegada, nos ofrecen café, nos llevan a nuestros cuartos. Luego se van. Es un fin de semana muy tranquilo, somos los únicos huéspedes.

Se duerme muy bien en su silencio, en el aire tranquilo de la casa de pueblo, en la música de los susurros y los quejidos de sus vigas.

Entramos y salimos a toda hora, subimos la escalera que cruje, recogemos algo olvidado en nuestro cuarto, volvemos al otro hotel, donde están los demás.

—¿Quién era el hombre que estaba en el rincón del pasillo?

En Caravia, Enrique Fernández de Bobadilla Ívison. Octubre 2009.

                                                                                                           

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