Cuestionario Nido de ratones: David Gistau

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo los de Salgari, La isla del tesoro y La historia interminable, de Ende. También una edición de El libro de la selva que mi padre conservaba desde su propia infancia.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Este último de Kipling. Era una edición maravillosa. Entiendo que por libro ilustrado no te refieres al cómic, porque ahí sí que podría extenderme.

Los tres de David Gistau

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre, un profesor de Literatura y mis propias búsquedas, sobre todo después de la muerte de mi padre.

¿Leía a escondidas?

Sí. Una vez, al salir de excursión con la clase, creo que al museo del Prado, y hacer el desplazamiento en Metro, me quedé solo en el vagón después de bajarse los compañeros y los profesores porque iba enfrascado en algo de Salgari. También fui ese niño rarito que lee en el patio mientras los compañeros juegan. No siempre, pero sí en épocas.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Heredé los de mi padre. Además, compraba lo que podía, así como cómics. También robé algún que otro libro en Galerías Preciados. Mi primer Graham Greene fue robado.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Tengo varias… tal vez la del Metro que ya he contado. O haberme convertido, a los 13, en una autoridad en La Regenta que iba dando charlas por todas las aulas del colegio. Como un friqui de los que van a ¿Qué apostamos?

Otra vez, me dieron como regalo de cumpleaños mil pesetas, lo cual debía de ser un dineral, entonces. Me fui a un quiosco y me las gasté enteras en novelas del Oeste, tipo Zane Grey. Volví a casa con una bolsa llena de novelitas. Al verlas, mi padre se enfadó, y le dije que no entendía nada, que siempre me animaba a leer. Me dijo que no se trataba sólo de leer, sino, además, de leer cosas serias. Le respondí sin sarcasmo: “¿Como qué? ¿Agatha Christie? Porque eso es lo que tienes hoy en la mesilla de noche”.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Admito que no estoy muy actualizado en mis conocimientos de literatura infantil. La isla del tesoro es innegociable. Creo que recomendaría aquellos que me hicieron feliz a mí, por lo que mis consejos estarían anticuados.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?   

Abominable. Una gilipollez.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No lo sé.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Mis hijos son muy pequeños, voy iniciándolos en cosas que son verdaderamente para primeras edades. Lo que sí procuro es que me vean leer. A veces el pequeño agarra un libro y se tumba a mi lado cuando estoy leyendo y hace como si él también leyera.

David Gistau (Madrid, 1970) es periodista y escribe actualmente en ABC, aunque ha pasado también por La Razón y El Mundo. Antes de que entrase en la COPE se le podía disfrutar en Onda Cero.

Anuncios

¿Dónde he puesto el bolso?

Hace un par de días nació mi sobrino. Es tan pequeñito. Cómo se puede querer tanto a una cosa tan chica.

Veo a mi hermano y a mi cuñada con este paquete sin instrucciones que les acaba de llegar y no puedo evitar que me den un poco de pena (y mucha ternura). Han entrado de cabeza en el maravilloso mundo de All joy and no fun, que se podría traducir por algo así como “mucha alegría, ninguna diversión”.

No pasa nada, claro, es lo que toca. Pero por muy claro que tengas que quieres tener hijos, nada te prepara para el jardín (eterno) en el que te vas a meter. Según la tía de una amiga, ya siempre tendrás parte de la cabeza en otro sitio, como si te dejas el bolso en otro cuarto. Es decir, nunca más podrás desconectar del todo. Nunca.

Pero hay sobre todo una cosa que me da mucho doló cuando veo a alguien con su primer hijo, y es que ya nadie te va a cuidar como hasta ahora. Ha llegado algo más importante que tú, que siempre va a ser más importante. Te cambia el centro de gravedad.

Está bien así. Y menos mal, porque no tiene remedio.

 

Kleew. Historia de una gaviota

Uno de los descubrimientos del otro día en Cádiz fue este libro de Niko Tinbergen (1907-1988). En 1942, cuando daba clase en la Universidad de Leiden, en Holanda, Tinbergen firmó una carta junto a otros profesores en la que protestaba por la ocupación nazi y fue enviado a la cárcel. Durante los dos años que estuvo encarcelado solo le dejaban escribir una carta a la semana a su familia. En cada una le dedicaba una página a sus hijos en la que les contaba la historia de una gaviota y su familia, ilustrada con sus dibujos. Cuando terminó la guerra, un editor que había estado encerrado con él las publicó en Kleew. Historia de una gaviota.

Empecé a leérmelo sola, me aburrí un poco y lo dejé. Luego lo retomé para leérselo a los niños, a ver qué tal, y estaban encantados. Se aprendieron el nombre del escritor y les hacía mucha gracia que aparecieran él o sus hijos como personajes del libro de repente.

A Tinbergen le dieron el premio Nobel de medicina en 1973, junto a Konrad Lorenz y Karl von Frisch. Fue uno de los pioneros del estudio del comportamiento animal.

La edición que tengo es de Plural de Ediciones (1992) y está descatalogada. He buscado información sobre la editorial, pero no he encontrado nada. El traductor no existe (o nadie lo nombra). La sobrecubierta es muy, muy fea, pero si la quito se queda un libro amarillo con un lomo de tela  azul muy antojable.

Cuestionario Nido de ratones: Pilar Álvarez

¿Cuál era su libro favorito de niña?

Mujercitas.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Cuando yo era pequeña creo que no tenía libros ilustrados, al menos no recuerdo grandes álbumes como los de ahora. Pero sí había libros con dibujos, algunos muy bonitos, como los de la biblioteca Gran Auriga, de Rialp, que ahora me doy cuenta de que estaban gravemente mutilados, pero eran preciosos. Y los troquelados que ahora se han reeditado como cosa “vintage”, con las ilustraciones de María Pascual. Y más adelante, los tebeos de Esther, de Purita Campos, que me siguen gustando mucho.

Los favoritos de Pilar Álvarez

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

Los profesores, desde luego, no: fui a un colegio muy poco animoso para la lectura, y creo que nos transmitían la idea de que leer, lo justo. Pero en casa había libros, grandes colecciones de clásicos y libros “por metros” como se estilaba entonces, con las obras completas de premios Nobel, los Episodios Nacionales completos, o colecciones de clásicos universales donde yo leí esos libros que ahora salen en editoriales “boutique” como grandes rescates, etc. Y nadie me prohibió nunca leer nada, que yo recuerde, así que me los leí todos.

¿Leía a escondidas?

No, pero tampoco recuerdo que me hicieran falta más horas para leer: por suerte, fui niña de los 70, cuando las tardes eran eternas.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Nos compraban muchos en casa, creo que todos los que pedíamos, y también nos prestábamos mucho en el colegio. Si alguien recomendaba un libro, lo acababa leyendo toda la clase.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

Recuerdo el shock que me produjeron dos libros en particular, Cascanueces y el rey de los ratones, de Hoffmann, que tenía en una recopilación de relatos de miedo; y Los viajes de Gulliver, que entonces era uno más de la lista de clásicos juveniles y se leía como si tal cosa. Yo notaba perfectamente que esos dos libros pertenecían a otro mundo, en especial la parte final de Gulliver, la de los yahoos, y me asombraba que estuvieran ahí mezclados con los demás. Recuerdo pensar “yo creo que esto no lo debería estar leyendo”, cosa que no he pensado muchas más veces en mi vida.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

¡Ingleses! Y no tres libros, sino tres autores: Roald Dahl, Tolkien y J. K. Rowling.

Tres de Pilar Álvarez

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Creo que ahora nos gusta escandalizarnos de eso, y que es un poco tontería: estoy segura de que siempre se leyó en ediciones resumidas para niños, mal traducidas, expurgadas o incompletas. Es como escandalizarse de que Pérez-Reverte haga un Quijote infantil o Trapiello lo traduzca al español del siglo XXI: ganas de hacerse el íntegro y de despreciar la forma de leer de los demás. Enid Blyton siempre fue mala y estuvo siempre muy muy muy mal traducida, y mira que yo leí mucho, por supuesto, todos los Torres de Mallory, mellizas en Santa Clara, los cinco, los siete y demás. Pero creo que si los revisan un poco y actualizan la traducción será más bien para mejorarla, porque empeorarla no es nada fácil.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No creo en la existencia de “el colegio”: creo que solo existen los profesores. Con suerte, tendrás como siempre uno o dos, en toda tu vida de alumno, apasionados por la lectura y capaces de empujarte a leer cosas que no leerías de no ser por ellos, y benditos sean. El colegio, como tal, no puede hacer nada; ese poder será siempre de una persona, y ojalá sea una profesora o un profesor.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Solo tengo uno, de once años ahora, y lee en modo atracón: todo Harry Potter, que son como 5.000 páginas, en tres meses, y luego semanas enteras sin abrir un libro. Yo no insisto mucho, pero ahí le dejo libros y más libros en su habitación, y le apago todos los cacharritos una hora antes de dormir, porque ese es el rato de leer. Creo que insistir más sería contraproducente.

Pilar Álvarez Sierra nació en Gijón en 1967 pero vive en Madrid desde muy joven. Es editora de no ficción (ensayo, divulgación, biografía, historia, música) en la editorial Turner. Antes trabajó como redactora, traductora de inglés y colaboradora editorial en general.

 

Un trabajo de edición

Inés me dice en costura: “Claro, tú es que tienes que ser una madre que mola un montón, con esas cosas que les enseñas a tus niños…” La saco de su error a mi pesar. Molar es incompatible con educar, que consiste la mayoría de las veces en cortar el rollo y ser muy pesado.

Además, esto (este blog, estas historias) es un espejismo. O un trabajo de edición muy fino: selecciono historias, palabras, imágenes y todo lo que no me gusta se queda fuera. Podría hacerse con la vida de cualquiera. Proyecta una imagen no falsa, pero sí incompleta. Y me gusta que así sea, porque me obliga a poner el foco en las cosas buenas.

Los pájaros

En otoño teníamos las nubes de estorninos al atardecer, con su canto de teléfono achicharrado. A la hora de los estorninos se veían los enjambres negros (dos, tres, cuatro) volando con precisión, cambiando de rumbo siguiendo quién sabe qué consignas, echándose en los pinos de la avenida.

Ahora, antes casi de que amanezca ya están los vencejos en acción. Me encanta verlos volar rápidos, determinados, pequeñas ballestas atravesando el cielo. Sus voces me llevan a la adolescencia: los días de sol en primavera, el olor a hierba recién cortada, los vencejos y la angustia de los exámenes sin estudiar, un año más.

Simón ha hecho un comedero de pájaros con una lata de cerveza. Es para los gorriones que se posan en la ventana de la cocina. Trinan y pían y son bastante jaleosos en general. Lucas se sienta a hacer la tarea delante de la ventana y se distrae con ellos. “Hacen un ruido que me recuerda al de los aspersores”, me dice imitándolos. Es verdad, lo hacen.

Ayer vi dos cornejas negras atravesando la autovía por la cuesta del chorizo.

Los martes, de camino a las clases de costura, suelo ver alguna urraca. De una en una, nunca dos.

*La ficha de la cabecera es de Animal Habitats, una app chulísima (ya descatalogada, tristemente) que hizo Terrier Digital para el iPad.

Cuestionario Nido de ratones: Arcadi Espada

¿Cuál era su libro favorito de niño?

La colección de los Cinco y la serie Misterio, de Enid Blyton.

Enid Blyton - Arcadi Espada

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Una edición de Robinson Crusoe.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Amigos.

¿Leía a escondidas? (En clase, en la cama cuando ya habían apagado la luz…)

Sí, en la cama.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Había unos pocos libros en casa. Pero siempre gustó tenerlos. Y formaban parte de los regalos habituales.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Sí. Cuando descubrí, tomé conciencia, de que de aquellos garabatos negros surgían mundos de colores.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Ni idea. Yo no sé cómo son los niños ahora.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece? 

No sabía. Espero que no hayan tocado su agradable carácter lésbico, que resultaba de un atractivo doloroso en las series de Torres de Malory y Santa Clara.

Los tres de Arcadi Espada

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Ni idea. Debe de haber colegios y colegios.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

De cualquier modo menos enfocando.

Sobre Arcadi: Arcadi Espada (Barcelona, 1957) escribe desde 1977 en los periódicos y ahora en El Mundo

*La foto de la cabecera es de Jordi Esteban.

 

 

La tienda de Pepi

“Los niños tienen derecho a pasar algo de tiempo sin que los supervise nadie.” Así empieza la carta de derechos de Free Range Kids (que podría traducirse por “niños criados en libertad”, como las gallinas), el movimiento norteamericano que defiende que hay que dejar a las criaturas un poco de independencia y no ser tan pesados.

Todo comenzó cuando la periodista Lenore Skenazy dejó que su hijo de nueve años viajase  solo en el metro de Nueva York. El niño llevaba pidiéndolo un tiempo; quería intentar volver a casa por sus propios medios desde algún punto de la ciudad. De modo que un domingo soleado su madre lo dejó en Bloomingdale’s con un plano de metro, una MetroCard, un billete de 20 dólares y algunas monedas por si tenía que hacer una llamada. El niño llegó a su casa perfectamente y Skenazy escribió una columna muy recomendable que desató al personal en Estados Unidos. Después publicó un libro sobre el tema y creó un blog y ahora tiene hasta un programa de televisión que se llama “La peor madre del mundo”. Así nació Free Range Kids.

Yo no creo que los niños “tengan derecho” a jugar o hacer cosas sin que nadie los supervise. Sí me parece que les gusta y se sienten muy bien cuando lo hacen. Mi hermana y yo nos criamos en una viña, Alcántara. Me acuerdo bien de los veranos largos y calurosos, de la ranita de San Antón que vivía en el aseo, del bosque que teníamos por jardín… Muchas veces nos quedábamos las dos a cenar en casa de Pepito y Mari Loli, nuestros vecinos. Luego, ya oscuro, nos dábamos la mano y corríamos como alma que lleva el diablo hasta casa. La noche era negra como boca de lobo, o quizá no lo era tanto, pero a los ojos de un niño todo es más grande, más oscuro, más amenazante. No se me olvida la sensación de llegar a casa como las que alcanzaban un refugio huyendo de quién sabe qué peligros, con el corazón desbocado, felices de la carrera y de estar a salvo, en casita. Qué privilegio eso de disfrutar del subidón de adrenalina y el miedo sin tener que asumir ningún riesgo.

Me encantaría que Lucas y Violeta tuviesen en su biblioteca de recuerdos cosas parecidas. Como por ahora no vivimos en el campo, habrá que inventarse las alternativas. Y la alternativa de momento es la tienda de Pepi.

La tienda de Pepi está debajo de casa y desde hace unos meses mando a estos dos a hacer recados cada vez que surge la oportunidad. Llegará un día no muy lejano en que irán a por pan arrastrando los pies preadolescentes hasta el ascensor, pero de momento están emocionados con el plan. Y desde que se me ocurrió hacerles un plano hasta la tienda (a la que saben llegar perfectamente), les parece lo máximo. Me traen papel y lápiz, se pegan a mí en la mesa de la cocina, opinan sobre el color de las flechas y piden con una emoción algo macabra que no me deje atrás la calavera ni el hombre atropellado. No es tan exótico como el metro de Nueva York ni tan emocionante como atravesar doscientos metros en plena oscuridad, pero a mí me vale. Y a ellos también.

Los niños de Bullerbyn

Soy una madre muy pesada. Me paso el día intentando convencer a mis hijos de que hagan cosas que me divierten a mí: nudos, tirachinas, refugios, casas para pájaros… y que a ellos (de momento) les dan bastante igual. Pero el otro día Lucas entró en la cocina así como entra él, sin un propósito definido, dijo “Quiero fundir plomo” como el que no quiere la cosa y siguió a lo suyo. Y yo pensé “Bendita sea la señora Lindgren”, porque sabía muy bien de dónde había salido esa idea tan peregrina (y tan buenísima) pero disimulé mi emoción, no fuera a detectarla con su radar.

Hace unos días terminamos de leer Los niños de Bullerbyn. Está escrito en primera persona; la narradora es una niña de siete años que se llama Lisa. Lisa vive con sus hermanos mayores, Lasse (nueve años) y Bosse (ocho) en el campo, en una de las tres casitas de Bullerbyn (que significa aldea bulliciosa); concretamente en la casa de en medio. A solo unos metros, en la del norte, viven Britta (nueve) y Anna (siete). Y al otro lado, también a pocos metros, vive Ole (ocho) en la del sur.

De dónde sale

Lindgren se inspiró en la casa de su padre para escribir estas historias, que suceden en los años 30 y, como es habitual en ella, rememoran su propia infancia. Bullerbyn es en realidad Sevedstorp; allí se crió el padre de Lindgren, en una de las tres casas de madera roja que siguen en pie y en buena forma, y que pueden verse en miles de fotos por internet. En el libro se refieren a estas tres casas todo el rato como un pueblo, pero yo diría que es más bien una aldea, porque tres granjas no son un pueblo por muy temprano que se levante el traductor.

Los niños de Bullerbyn - Hoguera
Los niños de Bullerbyn alrededor de una hoguera, la noche antes de pescar cangrejos. Es del último capítulo del libro, donde está mi frase favorita: “A mí me dan pena los que nunca han remado en un lago en busca de cangrejos a las cuatro de la mañana”. Ilustración de Ilon Wikland.

Como los personajes son tantos, es inevitable que estén algo más difuminados que los de Madita o Miguel el travieso, pero hay historias de sobra, así que acabamos conociéndolos bien de todos modos. Los niños viven con sus padres en el campo, en un campo amable, lleno de posibilidades. Es todo tan encantador que estos libros han dado pie a una cosa que se llama el “síndrome de Bullerbyn” y que yo tengo seguro. Por lo visto es un término que se usa en los países de habla germánica y se refiere a la idealización de Suecia. No me extraña.

Qué hacen los niños de Bullerbyn

Yo me muero de envidia leyendo las historias de Los niños de Bullerbyn (mis hijos sospecho que también). No hacen nada del otro mundo. De hecho, a lo que se dedican con más ahínco es a jugar. Juegan, juegan y juegan (y luego juegan un poco más). Sus juegos son bien simples pero se antojan una barbaridad, porque todos tienen en común una cosa que les suele faltar a los niños de ahora: la libertad. Y es curioso porque de la manita de la libertad viene, casi sin hacerse notar, otra cosa de la que tampoco andan sobradas nuestras criaturitas: la responsabilidad.

Los niños de Bullerbyn cogiendo ciruelas
Los niños de Bullerbyn recogiendo las ciruelas maduras para venderlas luego. Ilustración de Ilon Wikland.

Estos niños se lo pasan pipa: se bañan en el lago, se tiran en trineo, duermen en el pajar, se pasan notitas de una casa a otra por la ventana, con una cuerda y unas pinzas, esconden mapas del tesoro, construyen cabañas, se disfrazan… Pero también hacen recados, recogen el heno y escardan los nabos, llevan el trigo al molinero, cuidan a la hermanita nueva de Ole o le leen el periódico al abuelo de Anna y Britta, que ya no ve nada. Y todo va encajando de forma natural, sin moralinas ni rollos editoriales prefabricados para educar niños tratándolos como si fueran tontos, sin tomarse la molestia de entretenerlos siquiera.

Aparte está la cosa exótica sueca del tipo fundir plomo en Nochevieja para enfriarlo en agua y adivinar cómo va a ser el año dependiendo de la figurita que te quede al enfriarse el metal, o recoger siete tipos de flores distintas en la noche de San Juan para ponerlas debajo de la almohada y soñar con tu futura pareja, que me parecen cosas de lo más divertidas.

 

Niños de Bullerbyn en barca
Una de las ilustraciones de Ingrid Vang Nyman.

Ilustraciones y ediciones en España

En la edición que tenemos en casa, que es la de Círculo de Lectores de 1990 que encontramos el otro día en Cádiz, las ilustraciones son de Ilon Wikland, la misma ilustradora de Madita. En 2014, Sushi Books editó Los niños de Bullerbyn de nuevo. Su edición también incluye los tres libros que componen la de Círculo: Los niños de Bullerbyn, Nuevas aventuras en Bullerbyn y ¡Qué divertido es Bullerbyn! Tiene una portada muy antojable e ilustraciones de Ingrid Vang Nyman (1916-1959), la ilustradora danesa que hizo los dibujos originales de Pippi Calzaslargas.

Círculo editó los tres libros en una edición, ya descatalogada, muy bonita (tapa dura, cinta marcapáginas, ¡guardas naranjas!) pero descuidada, me temo. Alguien se saltó la corrección de estilo o contrató a la persona equivocada para hacerlo, una pena. Parece que siempre estamos igual: corre, corre, que el libro tiene que estar listo y luego nos encontramos con erratas del calibre “cojer” o expresiones que se repiten dos veces en un párrafo de tres líneas. Cosas que podían haberse evitado fácilmente y, sin embargo, ahí se han quedado. En Sushi Books tengo entendido que han hecho una corrección muy cuidadosa de la traducción de Círculo, pero no he tenido oportunidad de verla.

 

Cuestionario Nido de ratones: Alicia González Sterling

¿Cuál era su libro favorito de niña?

La verdad es que en cuanto a lecturas me duró muy poco la niñez. Recuerdo brevemente el paso por los Enid Blyton de la época y también los que me compró mi madre porque eran de su época, Celia y Cuchifritín. De ahí pasé directamente a lecturas adultas, y con 10 años, empecé con Agatha Christie y Poirot y a los 12 Lawrence Durrell y su Cuarteto de Alejandría, que es posiblemente es el libro que más me ha impactado en la vida.

Los de Alicia González Sterling

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Recuerdo uno con especial tirria, Alicia en el país de las Maravillas, porque me lo regalaban constantemente por razones obvias. Quizás los que recuerdo con un inmenso cariño son unos que escribía e ilustraba yo misma.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

En casa la lectura no era habitual, en nadie de la familia, solo mi abuela materna, que era una devoradora de novelas. Ella fue la que me inició en el mundo literario.

¿Leía a escondidas?

A escondidas no, pero me pasaba muy a menudo hasta las 2 o 3 de la mañana leyendo. Supongo que mis padres no se enteraban, pero era una práctica habitual en mí.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Había una gran biblioteca de libros sin leer, una verdadera mina que yo exploraba sin ningún tipo de control.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

La verdad es que no… solo que la lectura era parte fundamental de mi vida. Yo tenía una vida un poco solitaria porque mis hermanos eran mucho mayores que yo y la lectura era mi ventana al mundo.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Como ya he dicho anteriormente mis lecturas no han sido muy infantiles y desde luego no recomendaría los que yo leí. De hecho no me han dejado ningún poso.

Hay alguien que he conocido (y representado) ya de mayor que me encanta. Es conocidísimo en Estados Unidos, no tanto en español, y se llama Shel Silverstein. Es súper inteligente y no trata a los niños como tontos. En inglés es un clásico e incluso se vende muchísimo en español en USA.

Los favoritos de Alicia González Sterling

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece? 

Depende de qué signifique políticamente correcto. Desde luego los niños de ahora fliparían con cosas que se decían en la época. Lo que no estoy segura es de si vale la pena hacer pervivir ese tipo de libros. Comprendo que se haga una versión de El Quijote para niños, pero de Enid Blyton ¿vale la pena? ¿no sería mejor comprar libros actuales?

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Depende. Creo que hay profesores que hacen una gran labor, mientras que otros alejan a los niños de la lectura en un mundo visual que no invita a su práctica.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Mis hijos son muy mayores ya, pero en su momento no enfoqué para nada el tema, más allá del ejemplo. A mi me han visto leer toda la vida. De mis hijos, una ha salido lectora y el otro no, aunque no he perdido la esperanza. El otro día fuimos de viaje juntos y llevaba un libro en la maleta.

Sobre Alicia:

Alicia González Sterling nacida en Madrid en 1956. Licenciada en Geografía e Historia, se puso al frente de la Agencia Literaria Bookbank en 1996. 20 años dedicada a la representación de editoriales y agencias extranjeras para la publicación de sus libros en castellano y representando a autores españoles en todo el mundo, entre ellos Matilde Asensi, Emilio Calderón y Montero Glez.