El regalo de la tormenta 2/2

Crece rápido nuestro cuervo. Por las mañanas nos saluda cuando entramos en la cocina. Aún no sabe volar, pero ha aprendido a llegar muy alto. Va pegando pequeños saltos: del taburete a la rodilla, de la rodilla al brazo, del brazo al hombro… Se sube a la cabeza y de ahí llega a la estantería. Trepa por el montón de libros y, cuando ya no puede llegar más arriba, se instala agarrado al borde de una lata de galletas con pinta satisfecha. Desde su nuevo puesto, nos llama cuando piensa que no le estamos haciendo bastante caso.

A veces, si le riñes, se va como el que no sabe de qué le están hablando. Disimula un poco, camina con ese paso tan cómico que contrasta tanto con su negra vestimenta y se mete debajo del hueco de la escalera. Allí ha descubierto que una esquinita del papel pintado de la pared está un poco despegada, y echa las horas muertas tirando del papel con su enorme y delicado pico.

Un día ya tiene todas las plumas fuera. La boca sigue siendo rosa, pero sus ojos se han vuelto negros como el carbón y le brillan como dos botones. Extiende las alas y hace pruebas de vuelo por la casa. Es muy emocionante. Se posa en la puerta, en la campana de la cocina, en lo alto de la estantería… Es un pájaro muy grande. Le abrimos la puerta del jardín y sigue sus excursiones por allí.

Le gusta posarse sobre el roble viejo y gritarnos cuando estamos jardineando. Desde su puesto de vigía lo controla todo. Cuando se aburre, baja a chinchar un poco al gato o a darse un baño en el lebrillo. Tiene un escondite en el hueco del castaño, otro debajo de una teja rota del desván y varios repartidos por rincones de la casa. El otro día encontró la vieja bolsa de golf. Disfruta viendo rodar las bolas tejado abajo. Si no prestas atención, te puede caer una en la cabeza. Hay que ir con cuidado con este cuervo.

Nos hemos acostumbrado a verlo paseándose por el tejado, aterrizando a nuestro lado sin avisar, dormitando sobre el respaldo de la silla… Pero cada día vuela un poco más lejos y tarda un poco más en volver. Desde casa se ven otros cuervos sobrevolando las copas de los altos pinos silvestres, a lo lejos. Si el viento sopla en la dirección adecuada, podemos oír sus graznidos. Él también puede oírlos. Un día no volverá.

*Esto es la segunda parte de un ejercicio. Cogí un libro y adapté párrafos a mi estilo. La primera parte está aquí.

**La imagen de la cabecera la saqué de aquí. El pájaro que está en la cabeza de la niña es una grajilla, no un cuervo, pero me encanta la foto. La niña es la hermana del niño que aparece en la cabecera de la primera parte de la historia.

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Cuestionario Nido de ratones: Jorge Bustos

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Uno de ellos recuerdo que era El ponche de los deseos, de Michael Ende. Que contenía la famosa fórmula y la palabra más larga que aprendí de niño: “genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso”. También los de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro, junto con los de Fray Perico y el Pirata Garrapata.

LOS TRES DE JORGE BUSTOS

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Me gustaban los álbumes de tapas duras con historias medio góticas, recuerdo uno de dinosaurios que desgasté. Una Biblia juvenil ilustrada que pintaba unas caras de odio egipcio o cainita impresionantes. Y Mortadelo: de Mortadelo acumulamos mis hermanos y yo una colección de metro y pico puestos de canto, y me los memorizaba.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Yo era un niño estajanovista de la lectura. Cogía la colección de Barco de Vapor, serie blanca, naranja, azul y roja, y todos en fila, para adentro. O la de El roble centenario. O Gran Angular. O Alfaguara. Los cinco, algunas de Guillermo, los tres investigadores de Alfred Hitchcock. Pasaba horas y horas en la biblioteca de mi pueblo y en la del colegio. Una cosa bastante repelente, supongo.

¿Leía a escondidas? 

Leía en mi cuarto, en el recreo, en la piscina. Básicamente comía y leía. Luego aprendí a jugar al fútbol y equilibré algo mi carrerón de sociópata pedantuelo. En el cole empezaba a ser una leyenda.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Leí todo lo que andaba por casa de literatura infantil. Cuando lo acabé, y a la vez que cumplía con las lecturas obligadas del cole, me hice socio de la biblioteca pública de Torrelodones, donde vivía: iba allí en bici y con mi mochila, sacaba dos libros cada semana. Así durante años.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Es probable que tenga alguna NO relacionada con ellos. Recuerdo a mi madre frustrada porque me castigaba sin salir de mi cuarto pero debía primero vaciar la habitación de libros para que el castigo no se convirtiera en una recompensa: una tranquila tarde de encierro lector.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

La isla del tesoro, que fue un descubrimiento brutal, junto con Robinson Crusoe. Drácula y Frankenstein los leí demasiado pronto, como a los 12: me alteraron, me fascinaron. Los de Roald Dahl me volvían loco, aunque algunos ofrecían pasajes muy tristes, como Charlie y la fábrica de chocolate o Matilda. Marcelino pan y vino tenía una prosa pulquérrima para ser literatura infantil, si lo es. Con la serie del pequeño Nicolás me tiraba por el suelo de risa: los leía despacio para que no se acabaran. Ahí se enseña la ironía, la hipérbole, el absurdo, muchos tonos del humor al joven lector. Cuando llegaba una nueva aventura a la biblioteca y me lo llevaba en la mochila de vuelta a casa… pura excitación.

LAS RECOMENDACIONES DE JORGE BUSTOS

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece un peldaño más en la escala de la traición estupefaciente a nuestras crías. Una cosa es poner legible Moby Dick o el Quijote o la Biblia. Otra cosa es ser tonto con balcones a la calle.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

La lectura la mamé en casa, me crié viendo a mi padre leer. A mi hermano. El vicio estaba cogido de forma natural antes de toparte con ese o esos profesores esenciales que prenden una vocación lectora, y que conmigo no tuvieron que hacer esfuerzos. Recuerdo la clase de lectura con el Senda, disfrutaba cuando me tocaba seguir a mí en voz alta.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Cuando los tenga me preocuparé de seleccionarles títulos seductores. Y les racionaré las putas pantallitas, por supuesto. Conmigo lo hicieron y ahora tengo un buen trabajo.

Sobre Jorge Bustos

Jorge Bustos es periodista y escritor. Podemos encontrarlo en El Mundo y en la Cope. Próximamente publicará el libro de ensayo El hígado de Prometeo, editorial Nobel.

 

Papeles

Mi abuelo Mauricio no podía resistirse a un buen pie de foto. El otro día apareció este papelito en una carpeta de mi madre: “B, ¡no creo que E merezca este tipo de reprimenda!  Un abrazo, M”.  Luego he buscado fotos de abejarucos en internet y he visto que deben de ser bastante bullangueros, porque en más de una aparecen así, liándosela al de al lado.

Waiting for Blanca

La madera del porche refleja la luz de la tarde, haciéndola un poco más dorada. Alrededor de la mesa baja de mármol, John y mi padre disfrutan de una copa de amontillado viejo. Le dan vueltas al misterio del palo cortado, intentan desentrañarlo. Comparan sus datos, lo que a cada uno les ha dicho tal o cual bodeguero.

Luego, la conversación se hace más general. Mi madre le cuenta alguna anécdota de su juventud en Jerez, o alguno de sus viajes con mi padre. John le pregunta más detalles y se ríe con ella, divertido con sus historias. Al fin, se quedan callados, mirando pensativos hacia el jardín.

El tiempo se queda quieto un instante. Las golondrinas beben rozando el agua de la piscina, rompiendo el reflejo de la tarde que empieza a marcharse.

Aparece mi hermana Blanca para recordarle a John que han quedado en venir después a nuestra casa. Seguiremos con las charlas de palos cortados, o de libros, o de paisajes. Mis hijos, los que estén por casa, se unirán a la tertulia. Siempre les gusta hablar con John, les gusta cómo se interesa por sus cosas, cómo siempre se acuerda de lo que hablaron la última vez que se vieron.

John se levanta y, en su cuarto, escribe algunas notas sobre lo que le acaban de contar. Al rato, ya está dispuesto para salir. Blanca todavía anda de aquí para allá, hablando con mis padres, buscando un libro, terminando de arreglarse.

Sentado en el banco antiguo del zaguán, mira tranquilo cómo se van las últimas luces del día. Waiting for Blanca.

*Hace casi 11 años que murió John Sanders, la pareja de mi tía Blanca, hermana de mi padre. Dejó un libro sin terminar que mi tía quiso publicar para que quedase como recuerdo de su vida. Me acuerdo de él a menudo, sobre todo en las noches de verano. Era un hombre amable, entretenido, educado. Le tenía mucho cariño. Al final del libro, que se llama Waiting for Blanca, sus familiares y amigos escribimos unas líneas recordándolo. Estas de aquí arriba son las de mi padre. 

**El dibujo de la cabecera es de Livia Bustillo, la hija de Blanca (y mi prima, claro). Ella se hizo cargo de las ilustraciones del libro, que quedó mucho más bonito (y elegante) gracias a ellas. A John le habrían encantado.

Cuestionario de Nido de ratones: Manuel Jabois

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Elvis Karlsson.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

No recuerdo el nombre, pero había un libro infantil de Cela muy cruel, de unos niños lecheros que hacían bullying a otro.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Nadie. Los buscaba en la revista de Círculo de Lectores. O me los prestaban.

¿Leía a escondidas?

Sí, en cama cuando ya debía estar durmiendo.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Libros en casa y después iba a la biblioteca.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Era recepcionista de un hotel familiar con doce años y esos veranos me leía muchísimos libros infantiles y de aventuras.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Las brujas, La isla del tesoro, Canciones para una armónica.

Los tres de Manuel Jabois

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No lo sé, no tengo una idea clara. Tampoco lo he visto ni sé en qué consisten.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Desconozco cómo se encuentra ahora

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Es prioritario.

Manuel Jabois es periodista y escritor; le podemos encontrar en El País. Acaba de publicar Nos vemos en esta vida o en la otra (Planeta).

Pan con aceite y sal

El martes por la tarde llevamos al perrillo a lavar. Cuando fuimos a recogerlo, todavía no estaba listo, así que le dije a los niños que podían cenar un montadito en el bar de al lado. Violeta se pidió uno de jamón mismo, pero Lucas no quería que llevase nada más que aceite y sal, “Como mi amigo Pepe”. Mientras pedíamos, entró un señor en el bar. Un señor muy gordo, con el pelo blanco y unos ojos pequeños, muy azules, que se sentó en la esquina de la barra y pidió un café.

Cuando le trajeron el pan con aceite y sal a Lucas, levantó la vista y nos dijo “¡Eso es lo que cenaba yo de chico!” Le brillaban los ojillos. “Llegábamos del colegio mi hermana y yo y mi madre nos preparaba para el baño. Luego nos daba una rebanada de pan de telera con aceite y sal y nos lo comíamos en el balcón. Hacía un pocito en el pan y…”

Era un señor amable, agradable. No lo parecía cuando llegó (o no me lo pareció a mí). Los niños se fueron a una mesa de la calle a comérselos y yo me quedé atrás charlando un poco más con él.

*La imagen de arriba es una foto del estanque de mi madre. La pongo para que se vea, porque la llamo charca en el post anterior y le ha llegado al alma.

El perrillo

Tenemos un perro en casa desde hace un par de días. Temporalmente, mientras encontramos a alguien que se quiera quedar con él. Me lo encontré el martes, al ir a comprar Alfonso. Ni siquiera le hemos puesto nombre; de momento es “el perrillo”.

El perrillo se queda dormido de pie, muy gracioso. Cierra los ojos y se balancea levemente. Lucas y Violeta lo encuentran muy divertido.

De noche le dejo el ventanal del balcón abierto. Le gusta asomarse y husmear. También le gusta subirse al sofá. Sus huellas lo delatan.

A primera hora ya está meneando el rabo con fuerza. Adora a Simón (que es como el hombre que susurraba a los perros) y se tumba a su lado mientras hace yoga, o caligrafía, o lo que quiera que sea que hace este hombre a las cinco de la mañana. Lo sigue por toda la casa. A las ocho, cuando se va, ladra un poco y lo busca en todas las habitaciones. Los niños se tiran de risa.

En el coche no tiene muy claro su sitio (a los pies del copiloto) y se pasea de un sillón a otro con mucha naturalidad y ningún esfuerzo. Simón dice que eso es porque es el típico perro de bidón: ese pobre que vive amarrado a un bidón en el campo y te ladra desde lo alto o se mete dentro cuando llueve. Le pega.

Cuando consigo que se quede sentado y quieto en su sitio, aúlla bajito, lastimeramente, y a Lucas ya le entra la risa floja. Según él, se ríe “a cada segundo” con este perro. Tampoco es para tanto, pero bueno, el que la lleva la entiende. Esta mañana por fin ha comprendido que es mejor relajarse, y al ratito de salir para el colegio se ha enroscado y se ha dormido.

Ayer por la tarde lo llevé a correr al jardín de mis padres. Allí estaban Tinta, que no necesita presentación, y Teca, la teckel, que se bebe el agua salada de la piscina y ataca aspersores. El perrillo andaba como loco de contento, bebiendo agua de la piscina con poco convencimiento, mirando a Teca de reojo, integrándose en la pandilla. Corriendo, haciendo recortes, saltando. Le dio hasta para caerse en la charca. Yo lo estaba viendo venir desde hacía un ratito; lo raro es que no se cayera antes.

Esta mañana lo llevé al jardín otra vez para que corriese otro poco. Pero hoy ya no estaba interesado. Ha preferido pasarse el rato ladrando y rascando la puerta de la cocina, hasta que lo he encerrado en el patio para que aprenda que no se rascan las puertas. Al rato le he dejado salir, pero seguía en modo madre de la Pantoja y no quería más que estar pegado a mí. Mientras intentaba trabajar un poco, lo oía trasteando por la puerta de la entrada, que tiene una reja de hierro justo delante. He salido a ver qué pasaba y me he encontrado al muy carajotón atascado, las patas de atrás encajadas en la reja y el resto del cuerpo fuera. Lo he sacado, he entrado a por una cosa y cuando he salido, se había vuelto a atascar. Qué lumbrera de perro.

Ahora está tumbado sobre una alfombra que tenemos doblada en una esquina del salón, dormido. Le encanta ese sitio.

Cuestionario Nido de ratones: Jose María Sánchez-Robles

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo varios, supongo que de diferentes edades. Unos que leí yo y otros que me leía mi madre. El burrito de MaríaTartarín de Tarascón, los libros de Guillermo, Tom Sawyer, La cabaña del tío Tom, Oliver Twist, los libros de Tintín… Leí muchas entregas también de El hombre enmascarado, un cómic en blanco y negro de formato apaisado, si no recuerdo mal. También de Los siete secretos y una serie de misterio de Hitchcock que me encantaba. En los trece o catorce, leí bastantes libros de Agatha Christie, y no sé qué más. Supongo que si hago un esfuerzo, empezarán a aparecer cosas en la memoria. Pero esto es de lo que me acuerdo en este momento.

LOS TRES DE JOSE MARÍA SÁNCHEZ-ROBLES

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Las ilustraciones de la edición, que aún tengo, de Tartarín de Tarascón se me quedaron muy grabadas. Pero me impresionaban mucho los cómics: esos dibujos que se movían, casi como en una película. Y guardo un vivo recuerdo de la cartilla que utilizábamos en el colegio, con unos dibujos muy característicos, quizá muy diferentes de lo que se hace hoy. También recuerdo las Biblias ilustradas, que leíamos constantemente.

 ¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi madre, mi abuelo y unas tías-abuelas que vivían en el piso de al lado. También, supongo, los amigos y los profesores del colegio.

¿Leía a escondidas?

Leía en la cama y en cualquier otro sitio. Pero no recuerdo haber leído a escondidas de pequeño. Sí, de adolescente. Leer y, sobre todo, ver.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

De pequeño los libros los comprarían mis padres, me imagino. Yo me veo comprando libros a partir, quizá, de los 14 años. Y algo después, con 15 y 16, me convertí en un gran comprador, totalmente independiente de mis padres, aunque, claro está, ellos ponían el dinero.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No recuerdo nada singular, que no haya podido vivir todo el mundo. Sí recuerdo lo mucho que me gustaba que mi madre nos leyera por la noche en la cama a mi hermano y a mí. Y el libro que más asocio con ello es El burrito de María.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Hay uno que mis tres hijas me pedían mucho. Se trata de una selección de cuentos tradicionales italianos realizada por Italo Calvino. Me parece un libro buenísimo. Lo publicó en español Siruela, en una traducción de Carlos Gardini. Otro libro que he leído mucho con hijas es Pinocho, en una edición de tapa dura, en formato grande, ilustrada por Roberto Innocenti. La maquetación no me gusta mucho, pero los dibujos, muy realistas y a la vez muy irreales, me parecen muy buenos. Yo recomendaría también, por ejemplo, Los cuentos de Perrault, con las ilustraciones de Gustave Doré. Y todos los cuentos de los clásicos: los de Andersen, los de los hermanos Grimm, los de Beatrix Potter (que mis hijas han leído mucho) y los tradicionales de los diferentes países. En España hay muchas recopilaciones. Por lo demás, los de siempre: La isla del tesoro, Tom Sawyer, etcétera. Y, por supuesto, Las mil y una noches, que tiene cuentos extraordinarios. En esto de los cuentos, los árabes son grandes maestros.

Ahora, como en todas las épocas, hay magníficos ilustradores. Rébecca Dautremer o Benjamin Lacombe, por mencionar alguno, han tenido mucho éxito internacional. Las ilustraciones de Alicia en el país de las maravillas de Dautremer me gustan mucho. Es otro libro que también recomendaría. En España lo ha editado Edelvives.

LAS RECOMENDACIONES DE JM SÁNZHEZ-ROBLES

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece muy mal, naturalmente. Esto de lo políticamente correcto es muy incorrecto, porque parte de la idea de que aún somos más idiotas de lo que somos.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Me imagino que habrá diferentes casos, dentro de los que establezcan las disposiciones escolares. Seguro que hay profesores muy buenos, que saben como estimular la lectura, pero por lo que sé, y por lo que veo en mis hijas, yo insistiría algo más en la lectura de los clásicos. La distancia que impone el tiempo reviste los libros de un valor literario añadido, y volverse hacia el pasado, tan distinto hasta hace nada de lo que vivimos hoy, creo que es bueno. Algunos de los libros que les hacen leer a mis hijas, de escritores actuales de literatura infantil, no me gustan mucho. Por otra parte, si yo fuera profesor, y fuera posible de acuerdo con las normas escolares, organizaría diferentes actividades que fueran divertidas para los niños en relación con la lectura. Supongo que muchos profesores lo harán.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos? 

Mis hijas son ya mayores y mi papel consiste básicamente en responder a sus consultas y charlar sobre lo que leen. Yo insisto para que lean lo que a mí me gusta, o pienso que puede ser bueno para ellas, pero mi capacidad de influencia es limitada. De pequeñas, les leía todas las noches. Bueno, en realidad no siempre les leía. Les preguntaba: ¿Qué queréis, de leer o de contar? Y como casi siempre preferían ‘de contar’, me veía obligado noche tras noche a inventar un cuento. Calculo que quizá haya podido contarles más de 2.000 cuentos. A veces me da rabia no haberlos escrito. Ellas se acuerdan de algunos. Pero les he leído mucho también. Y creo que le han cogido el gusto a lo que tiene la vida de literario, aunque dediquen ahora mucho más tiempo al móvil que a los libros.

Jose María Sánchez-Robles es propietario de una pequeña empresa de publicaciones que se llama Edinexus. Se creó en 1994 y tiene su sede en Marbella. Hacen publicaciones de encargo y por iniciativa propia. Los temas en los que más han trabajado son el desarrollo rural y la literatura de viajes.

El regalo de la tormenta 1/2

A veces, en primavera, unas nubes grises casi negras lo cubren todo. El viento zarandea los árboles y la lluvia gruesa y pesada golpea los cristales. Sentados en la cocina lo vemos todo desde la ventana. Qué a gusto se está dentro, calentitos, viendo trabajar al furioso viento del oeste. Cae la noche pero el viento no se calma. Por la mañana salimos con las botas de agua a investigar. Los días después de una tormenta son muy interesantes.

Anoche se cayó el árbol más grande y viejo de todos. Nos paseamos por su copa, antes tan alta, inalcanzable, y ahora tumbada sobre el suelo. Pincho se para de repente; levanta las orejas y se queda mirando algo. Cuando nos acercamos, una bola de plumón negro nos mira desde una maraña de hojas mojadas. Es una cría de cuervo.

La cogemos con mucho cuidado y nos la llevamos al calor de la cocina. ¿Qué podemos hacer con un pájaro tan pequeño que aún no sabe volar? ¿Qué podemos hacer con un pájaro tan pequeño que aún no sabe buscar su propia comida? ¿Qué podemos hacer con un pájaro tan pequeño que se ha quedado sin casa y sin padres?

Primero hay que buscarle un nido. Cogemos la cesta del pan, le ponemos unos trapos viejos y lo dejamos ahí dentro, acurrucado. Hay que encontrarle un sitio seguro lejos de los perros curiosos, del gato y del halcón que sobrevuela nuestra casa de vez en cuando…

Luego tenemos que darle de comer. ¿Qué come un cuervo tan pequeño? Le picamos un poquito de carne, hacemos un huevo duro, buscamos un poco de agua y lo mezclamos todo en un pastita. Come muy contento. Tiene la boca rosa por dentro porque es muy joven. Le han empezado a salir algunas plumas nuevas y lustrosas entre el plumón.

Construimos una jaula con una malla dentro de casa para que esté más tranquilo. Tiene una rama seca y un cuenco con agua para el baño. También tiene el suelo forrado de papel de periódico que convierte en tiras con ayuda del pico y las patas. ¡Parece la jaula de un hámster! Le hemos colgado unas campanas en el techo y Roberta le ha metido un cochecito de juguete que empuja con el pico. Pero la puerta siempre está abierta. Ahora que es más grande puede defenderse bien de todos, y le gusta entrar y salir cuando quiere. Los pájaros no deben vivir en jaulas.

De vez en cuando, entra en la jaula para dormir. Se posa en la rama, mete la cabeza debajo del ala (o no) y descansa. Otras prefiere ponerse en el travesaño de una silla de la cocina y dormitar allí al calor de la familia.

Algunas noches me quedo leyendo hasta tarde. Me gustan el silencio y la tranquilidad que envuelven la casa cuando todos duermen. A veces, entre el ulular del cárabo y el sonido rasgado de las páginas, oigo a nuestro amigo paseándose por el piso de abajo. Sus pisadas leves rascan suavemente el suelo de madera. Le gusta curiosear y aprovecha las excursiones nocturnas para hacerlo sin que nadie le interrumpa.

*Esto es la primera parte de un ejercicio. Cogí un libro y adapté párrafos a mi estilo. La segunda parte está casi lista.

**La imagen de la cabecera la saqué de aquí. El pájaro que está en la cabeza del niño es una grajilla, no un cuervo, pero me encanta la foto.

 

Cuestionario Nido de ratones: Ana Sanz Magallón

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Puede que Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Héroes en zapatillas. Alternaba una página seria y otra de viñetas, con el texto en verso, y contaba lo básico sobre personajes históricos importantes. Diógenes es al que más recuerdo, con su barril y su lamparita… Gracias a Héroes en Zapatillas tuve un barniz de cultura clásica que me quedó muy pintón durante muchísimo tiempo. También recuerdo otro libro ilustrado, lujosísimo, sobre los gnomos. Creo que lo tenía mucha gente, era muy de regalo de Primera Comunión.

LOS TRES DE ANA SANZ MAGALLÓN

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi hermano mayor. No solo me los recomendaba, también me los prestaba. Aún no le he devuelto El cuarteto de Alejandría que me prestó hace treinta años. No pude separarme de él, y sigo sin poder.

¿Leía a escondidas?

Nunca. De pequeña me dejaban hacer lo que me daba la gana. Aunque a veces entraba mi madre o mi padre en mi cuarto de madrugada y me decía que apagara ya la luz, que no iba a haber quien me levantara para ir al cole. Porque leía hasta que me picaban los ojos, y me iba dando permiso a mí misma: va, venga, un capitulito más… y luego seguía: bueno, ya, el último… y acababa leyéndolos de una sentada. Perdí esa sensación cuando empecé a leer esas cosas que uno tenía que leerse, y la reencontré a los veintintantos. Ahora le doy al binge watching, que es exactamente igual, pero con series.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Tenía la biblioteca de mi hermano, y en la casa de enfrente vivía una prima muy lectora que lo tenía TODO.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Tenemos un tía monja que es dulcísima (cuando estuvo de profesora en un colegio en Jerez la llamaban la Madre Bizcotela) que se puso como una pantera al ver que mi hermano me había prestado un libro, bastante rollo, sobre Don Juan de Austria. No sé por qué, si era por lo de bastardo, o que leyó mal la portada y pensó que era Don Juan Tenorio… Pero me lo quitaron, así que cuando lo recuperé debí de ser la lectora más entusiasta y fascinada que tuvo el leño aquel.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Peter Pan, de James M Barrie. Si es para que lo lean niños, no les insistiría en que fuera la edición que leí yo la primera vez –lo he releído mucho, es de mis libros preferidos. Era una traducción de Leopoldo María Panero, con unas “notas para una posible adaptación cinematográfica” que hablaba de sirenas crucificadas.

Historias increíbles, de La Plaga (Montse Ganges e Imapla). Un poco como Héroes en zapatillas, cuenta las aventuras de Shackleton, Amelia Earhart, Edmund Hillary…

El Principito, de Saint Exupéry. Claro, todo el mundo tiene que leer El Principito, aunque no sea muy original.

LAS TRES RECOMENDACIONES DE ANA SANZ MAGALLÓN

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Abominable.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No sé cómo está planteado, la verdad. Por cómo escriben los adolescentes en las redes sociales, deduzco que muy malamente.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Si los tuviera, imagino que lo haría fatal, empeñándome en que leyesen lo que a mí me gusta y arrancándoles de las manos lo que no.

Ana Sanz-Magallón es consultora de guiones y autora de Cuéntalo bien, el sentido común aplicado a las historias (Plot Ediciones). Vive entre Navarra, Cádiz y Madrid. Pueden encontrarla aquí.