El regalo de la tormenta 1/2

A veces, en primavera, unas nubes grises casi negras lo cubren todo. El viento zarandea los árboles y la lluvia gruesa y pesada golpea los cristales. Sentados en la cocina lo vemos todo desde la ventana. Qué a gusto se está dentro, calentitos, viendo trabajar al furioso viento del oeste. Cae la noche pero el viento no se calma. Por la mañana salimos con las botas de agua a investigar. Los días después de una tormenta son muy interesantes.

Anoche se cayó el árbol más grande y viejo de todos. Nos paseamos por su copa, antes tan alta, inalcanzable, y ahora tumbada sobre el suelo. Pincho se para de repente; levanta las orejas y se queda mirando algo. Cuando nos acercamos, una bola de plumón negro nos mira desde una maraña de hojas mojadas. Es una cría de cuervo.

La cogemos con mucho cuidado y nos la llevamos al calor de la cocina. ¿Qué podemos hacer con un pájaro tan pequeño que aún no sabe volar? ¿Qué podemos hacer con un pájaro tan pequeño que aún no sabe buscar su propia comida? ¿Qué podemos hacer con un pájaro tan pequeño que se ha quedado sin casa y sin padres?

Primero hay que buscarle un nido. Cogemos la cesta del pan, le ponemos unos trapos viejos y lo dejamos ahí dentro, acurrucado. Hay que encontrarle un sitio seguro lejos de los perros curiosos, del gato y del halcón que sobrevuela nuestra casa de vez en cuando…

Luego tenemos que darle de comer. ¿Qué come un cuervo tan pequeño? Le picamos un poquito de carne, hacemos un huevo duro, buscamos un poco de agua y lo mezclamos todo en un pastita. Come muy contento. Tiene la boca rosa por dentro porque es muy joven. Le han empezado a salir algunas plumas nuevas y lustrosas entre el plumón.

Construimos una jaula con una malla dentro de casa para que esté más tranquilo. Tiene una rama seca y un cuenco con agua para el baño. También tiene el suelo forrado de papel de periódico que convierte en tiras con ayuda del pico y las patas. ¡Parece la jaula de un hámster! Le hemos colgado unas campanas en el techo y Roberta le ha metido un cochecito de juguete que empuja con el pico. Pero la puerta siempre está abierta. Ahora que es más grande puede defenderse bien de todos, y le gusta entrar y salir cuando quiere. Los pájaros no deben vivir en jaulas.

De vez en cuando, entra en la jaula para dormir. Se posa en la rama, mete la cabeza debajo del ala (o no) y descansa. Otras prefiere ponerse en el travesaño de una silla de la cocina y dormitar allí al calor de la familia.

Algunas noches me quedo leyendo hasta tarde. Me gustan el silencio y la tranquilidad que envuelven la casa cuando todos duermen. A veces, entre el ulular del cárabo y el sonido rasgado de las páginas, oigo a nuestro amigo paseándose por el piso de abajo. Sus pisadas leves rascan suavemente el suelo de madera. Le gusta curiosear y aprovecha las excursiones nocturnas para hacerlo sin que nadie le interrumpa.

*Esto es la primera parte de un ejercicio. Cogí un libro y adapté párrafos a mi estilo. La segunda parte está casi lista.

**La imagen de la cabecera la saqué de aquí. El pájaro que está en la cabeza del niño es una grajilla, no un cuervo, pero me encanta la foto.

 

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3 thoughts on “El regalo de la tormenta 1/2

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