Pan con aceite y sal

El martes por la tarde llevamos al perrillo a lavar. Cuando fuimos a recogerlo, todavía no estaba listo, así que le dije a los niños que podían cenar un montadito en el bar de al lado. Violeta se pidió uno de jamón mismo, pero Lucas no quería que llevase nada más que aceite y sal, “Como mi amigo Pepe”. Mientras pedíamos, entró un señor en el bar. Un señor muy gordo, con el pelo blanco y unos ojos pequeños, muy azules, que se sentó en la esquina de la barra y pidió un café.

Cuando le trajeron el pan con aceite y sal a Lucas, levantó la vista y nos dijo “¡Eso es lo que cenaba yo de chico!” Le brillaban los ojillos. “Llegábamos del colegio mi hermana y yo y mi madre nos preparaba para el baño. Luego nos daba una rebanada de pan de telera con aceite y sal y nos lo comíamos en el balcón. Hacía un pocito en el pan y…”

Era un señor amable, agradable. No lo parecía cuando llegó (o no me lo pareció a mí). Los niños se fueron a una mesa de la calle a comérselos y yo me quedé atrás charlando un poco más con él.

*La imagen de arriba es una foto del estanque de mi madre. La pongo para que se vea, porque la llamo charca en el post anterior y le ha llegado al alma.

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