El perrillo que me encontró

El miércoles dejé al perrillo en el jardín de mi madre y me fui a comer a Valdepepe. Al final de la comida miré por la ventana y allí estaba él, merodeando el bar, moviendo el rabo pero sin acercarse demasiado a la gente. Salí a buscarlo. Estaba muerto de calor, muy contento, con esa cara de tontuno que se les queda a los perros cuando se pegan una carrera en un día de calor, que parece que estén sonriendo. Cuando nos vio se echó a la sombra, tranquilo. De vez en cuando meneaba el rabo sin mucha energía. Simón le dio un poco de agua en el escalón.

Luego todo fue muy rápido. Un amigo de mi prima lo acarició, Perico (a la semana y media le pusimos nombre) le puso las patas encima, Simón le preguntó si quería un perro y él dijo que sí. Que llevaba tiempo buscando uno y que este le daba penita.

Y así, sin más, nos quedamos sin perrillo.

Perico ha sido un perro bueno, alegre y agradecido. También jartible. Le echamos de menos. No creo que sea capaz de recoger a otro perrillo.

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