Simón y la gaviota

Simón se cree que tengo muy poca paciencia con él. Es verdad (para algunas cosas). Cuando vamos por el campo coge sapos, culebras, peces, arañas… Sabe que a mí me hace gracia (porque le pido que lo haga repetidamente). Se sube a los árboles a bichear nidos o persigue sin esperanza a un lechón. A mí me encanta que haga estas cosas. Me gusta que le guste el campo y que sepa cosas que no sabe todo el mundo y que sea cuidadoso incluso cuando hace cosas pequeñas como cerrar un paquete de patatas. No como yo, que soy bastante chapucera.

A mí me gusta Simón porque no es como un anuncio de Coca-Cola. Si rascas, hay algo detrás. Es la persona con menos pose que conozco.

Ayer encontramos una gaviota atropellada. El coche se la había llevado por delante sin darse ni cuenta y había aparcado y todo. La pobre tenía la cabeza metida dentro de la parrilla esa de plástico que hay debajo del capó, y el resto del cuerpo colgando por fuera. Podíamos verla respirar. Simón le sacó la cabeza con mucho cuidado y le vi un ojo amarillo pálido, brillante, muy bonito. Tenía el cuello roto y respiraba con dificultad. Era preciosa. La tumbó en el alcorque de un árbol y le vi acariciarla suavemente. Estaba muy mal. Le pedimos que la matase y Simón la cogió con mucho cuidado y le estrelló la cabeza contra el bordillo. Dos veces. Los demás nos dimos la vuelta o nos escondimos algo más lejos; no sé si me tapé los oídos. Qué suerte tuvo la gaviota de encontrarse con Simón.

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Cuestionario Nido de ratones: Luis Daniel González

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Tuve muchos libros favoritos: los de Enid Blyton; cómics de humor y de aventuras; la colección Historias, de Bruguera; a partir de los once o doce años, Verne, Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, novelas de Alistair Maclean como Los cañones de Navarone; y, con catorce o así, recuerdo un verano dedicado a la primera serie de Los Episodios Nacionales.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Los ilustrados que leí de pequeño fueron cómics. Los españoles propios de la época: Capitán Trueno, El guerrero del antifaz, Roberto Alcázar; también Carpanta, Rompetechos y demás. Y otros, que leía en revistas, como Astérix, Lucky Luke, Blueberry

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mis amigos. Uno me prestó, en viejas ediciones —a doble columna, con letra pequeña y traducciones antiguas—, los libros de aventuras del Capitán Marryat, Robert Ballantyne, Mayne Reid.

¿Leía a escondidas?

A escondidas no recuerdo. Supongo que alguna vez leí por la noche en la cama, pero en mi caso las ganas de dormir suelen ser muy superiores al interés de cualquier novela.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Las tres cosas, aunque los libros en casa eran pocos: los de la colección Historias y los de la colección Reno que compraba de vez en cuando mi madre. Por cierto, que ir a la biblioteca entonces era un desafío: un lugar oscuro y silencioso, en medio de personas serias y mayores, y donde las bibliotecarias no parecían especialmente contentas de tener un niño allí en medio.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No hace mucho retuiteé un comentario que decía que «si un niño ayuda a sus padres en la tienda el sábado por la mañana es explotación laboral, pero si lo usan en programas de TV es superbonito». Pues bien: en varios veranos de mi infancia, por las mañanas, yo hacía recados en el comercio de repuestos de mi padre: colocaba cosas en su sitio, hacía paquetes, despachaba productos fáciles, y cosas así. Al mediodía me «pagaba» —no recuerdo exactamente cuánto— y cada tarde yo iba a la librería y me compraba un libro, con frecuencia de Enid Blyton: así completé las colecciones de Aventura y Los cinco.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Dependería de la edad y dependería del niño. Siempre que puedo —que suele ser pocas veces, esa es la verdad— apunto a los libros “la primera vez que” como, por ejemplo, la primera novela de aventuras fantásticas, La princesa y los trasgos, de George MacDonald; la primera novela histórica con chicos protagonistas, Los chicos del bosque nuevo, de Frederic Marryat; y La isla del tesoro, por supuesto.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Se suman varias cosas aquí. Una, que tal modo de actuar es antiguo y propio de los “libros de factoría”: desde los norteamericanos que comenzó Edward Stratemeyer ya en 1889 y que llegó a tener veinticinco series en marcha, de las cuales algunas sobreviven con cambios como los que dices, hasta los nuevos de Geronimo Stilton y demás. Otra, que a quienes estamos apegados emocionalmente a libros que leímos en la infancia nos cuesta verlos con otros ropajes (con textos cambiados o con imágenes distintas). Otra más, que si los editores consiguen su objetivo de seguir exprimiendo unos textos tan populares y rentables en el pasado, les dará igual lo que diga nadie si al final “vencen”. Es así: hay Literatura infantil y juvenil (Literatura con mayúscula), hay libros infantiles honrados (bien hechos, que pueden cumplir bien sus funciones), y hay libros infantiles puramente comerciales (que también pueden estar bien hechos y cumplir sus funciones, por otra parte). Luego, entre quienes escriben, editan y venden libros infantiles también hay quienes aspiran a unas cosas y hay quienes aspiran a otras, y lo podemos dejar ahí.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Conozco quien lo plantea bien y quien lo plantea mal. En general me parece que a los colegios hay que pedirles que intenten hacer bien aquellas cosas que a ellos se les exigen y que sólo ellos pueden hacer, sin engaños y sin desánimos.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

No tengo hijos pero, para esta pregunta y para la anterior, te copio un consejo de Samuel Johnson: «Yo pondría a un niño en una biblioteca (en la que no hubiera libros desaconsejables para su corta edad) y le permitiría que leyera a su antojo. A un niño nunca habría que desanimarle, ni disuadirle de leer todo aquello que le gustara por pensar que es algo a lo que aún no alcanza. Si tal fuera el caso, el niño bien pronto lo descubrirá y desistirá; si no, gana luego en su instrucción, que es mucho más provechosa si proviene de la inclinación con que él mismo emprende el estudio». Un tipo muy listo, Johnson.

Sobre Luis Daniel González

Luis Daniel González es licenciado en Física y especialista en Literatura infantil y juvenil. Escribe diariamente sobre libros, y especialmente sobre libros infantiles y juveniles, en www.bienvenidosalafiesta.com.

Ordenando libros (primera parte)

Hace dos días se me ocurrió ordenar los libros del salón. Empecé inocentemente, moviendo un par, y he acabado teniendo que hacerme sitio esta mañana para sentarme a escribir. Están en todas partes: encima del sofá, sobre la mesa, en el suelo… Ya me invade la conocida sensación de que no terminaré jamás.

Simón me sigue la corriente y no me dice mucho. Yo le agradezco que sufra mis voluntos; esto no estaba en la lista de tareas, y él también tiene que ir sorteando pilas de libros por el salón.

A pesar de que no es la primera vez que lo hago (ejem), mi método para ordenar libros está lejos de ser perfecto. De hecho, está lejos de ser un método.

El formato y el tema definen dónde caerá cada libro. Luego intento colocar a los autores por simpatía (entre ellos o sus personajes); no siempre lo consigo: Pérez-Reverte, Dumas, Féval y Sabatini van juntos, claro, aunque Hope y su prisionero de Zenda están con los libros en inglés… sin embargo, Vargas Llosa y García Márquez están condenados a aguantarse. Las policíacas son un caso claro: Camilleri, Montalbán y Mankell no pueden compartir espacio con Christie, Conan Doyle, Mitchell, Crispin  y compañeros mártires. Eso lo sabe todo el mundo.

Además del formato y el tema, me puede la estética. A mí los libros feos no me gustan. Ni los feos, ni los de ese papel amarillento y grueso tan antipático, ni los que tienen el lomo roto. Así que esconder estos y colocar en un buen sitio los que me gustan es el siguiente criterio. Cuento entre los grandes placeres de la vida descansar la vista sobre una estantería de lomos de libros bonitos o que me dan buen rollo: Pym, McCall Smith, Wodehouse, los clásicos de Virago en particular o las ediciones inglesas en general, por ejemplo. Rajo muchísimo de las ediciones españolas, que son tristísimas casi siempre. No entiendo los diseños de las colecciones de este país (Tusquets, Anagrama, Cátedra…) ni el eterno empeño de “mejorar” la portada original, aunque ahora (¡por fin!) está cambiando la cosa (Asteroide, Nórdica, Impedimenta…).

A medida que ordeno veo que me faltan ediciones en inglés (bonitas ya ni hablamos) de libros fundamentales: Mi familia y otros animales lo tengo (dos veces, para más inri) en la edición esa mortal de la rana (las únicas portadas decentes de este libro son unas que hay por ahí en catalán), me duelen los ojos cuando miro los de la Mitford (unos perdidos, otros en español, otros en inglés pero viejos y feos) y relego a Austen al trozo de estantería que cae detrás del sofá para no tener que verla.

Pienso por un momento en poner juntos los libros que no empecé o dejé a la mitad esperando un momento mejor, pero desecho la idea porque me daría mala conciencia. Estos suelen estar en la balda rollo o en la pretenciosa: la de las novelas que no leía cuando tenía veintitantos y compraba lo que creía que debía leer, y la de los de no ficción que me compraba con treinta y tantos y “tenía que leer”. De los primeros me curé hace tiempo y seguí sin leerlos, pero por lo menos dejé de comprarlos. De los últimos descubrí, gracias a mi amiga Ximena, que me los puedo ahorrar leyéndome las muy buenas entrevistas que les hacen a sus autores y los muy buenos artículos que escriben sobre ellos los mismos periodistas que me llevaban hasta ellos.

*Empecé esta entrada con la intención de hacer un parrafito corto porque el orden de libros me está quitando los ratos que le dedico al blog, pero se me ha ido de las manos, así que la semana que viene seguiré con la segunda parte. 

 

Cuestionario Nido de ratones: Daniel Capó

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo con fervor una novela de Robert Graves que leí de niño innumerables veces: Asedio y caída de Troya. Ahí nació mi devoción por Héctor, el héroe troyano, y de ahí que todavía hoy prefiera las historias de perdedores; no por sentimentalismo, sino porque lo verdadero suele brotar donde ya no cabe la idolatría.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

No recuerdo haber leído en aquellos años mucho libro ilustrado y, sí en cambio, bastantes cómics, como Don Miki (yo era muy fan de Patomas y del Tío Gilito) o el Manual de los jóvenes castores, que no era cómic pero sí tenía dibujos. Más adelante, recuerdo con particular cariño la serie de clásicos juveniles de Bruguera, que aún leen mis hijos: David Copperfield, por ejemplo, o mi novela favorita de todos los tiempos, Moby Dick.

LOS TRES DE DANIEL CAPÓ

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Primero mis padres y también algunos amigos suyos, si bien sospecho que el afán lector surge sobre todo de la curiosidad. Se husmean los libros de la biblioteca familiar y se pierde uno entre los anaqueles de una librería, hasta que algo te despierta la atención y salta la chispa. Por lo general, un libro conduce a otro; ninguno te abandona o te deja solo.

¿Leía a escondidas?

No creo, aunque hace tiempo que dejé de fiarme de la memoria, que es pulcra pero inexacta.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Los libros los teníamos en casa y era un reino sin límites. Digamos que, en este aspecto, los excesos no estaban mal vistos y me parece bien que sea así. Con los libros no se puede ni se debe ser tacaño. Y sí, compraba –y comprábamos– bastantes.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No sé si sirve, pero muy pronto descubrí que los libros no se prestan si quieres conservarlos. Con ocho o nueve años, una niña y yo nos intercambiamos sendas novelas. Ella quería leer Aventura en el castillo, de Enyd Blyton, que tenía yo en casa, y a cambio me dejó su Nils Holgersson. Nunca me lo devolvió (y ahora vive en China), ni yo tampoco le devolví el Nils. En este caso, salí yo ganando.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Para niños pequeños, me encanta la serie protagonizada por Petsson y su gato Findus; pienso por ejemplo en Cuando Findus era pequeño y desapareció. Para niños algo más mayores, yo recomendaría Brujarella, de Iban Barrenetxea; también, Tove Jansson y sus muminsLa llegada del cometa, sería un buen título para empezar–; y, por supuesto, toda la obra de Astrid Lindgren, aunque reconozco que siento una predilección especial por una de sus novelas: Rasmus y el vagabundo. ¡Ah!, y cómics de línea clara como los protagonizados por Tintín o Las aventuras de Alix. Para adolescentes, iría a clásicos como La isla del tesoro, Drácula o la Breve Historia del Mundo, de Gombrich. He dado más de tres títulos, ¿verdad?

LAS RECOMENDACIONES DE DANIEL CAPÓ

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pues mal. La literatura, al igual que el arte, no cabe en el marco estrecho de una ideología ni de sus falsos dogmatismos. La vida –y la literatura es vida– no se deja sojuzgar tan fácilmente. Lo bueno es que los niños perciben enseguida la falsedad de estas adaptaciones y dejan de interesarse por ellas. Ellos cuentan con un sentido moral mucho más afilado que el nuestro.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No. Más bien te diría que, con excepciones, la lectura es la eterna olvidada en las escuelas. Aprender a leer implica leer mucho, con constancia y libertad. Y estoy convencido de que, con un buen hábito lector, el fracaso escolar se reduciría a la mitad en cuestión de muy pocos cursos. En lugar de tantos deberes y de programas curriculares tan extensos, ¿por qué no les pedimos a los maestros que lean en voz alta a sus alumnos de forma cotidiana? Así se educa la atención y la escucha. Y, al mismo tiempo, ¿no sería lo idóneo exigir a los alumnos que leyeran en casa una novela semanal, como se hace en tantos otros países?

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Leyéndoles a diario en voz alta; da igual si son poemas, novelas, relatos o el periódico. Y luego, claro está, con una buena biblioteca familiar.

Sobre Daniel Capó

Daniel Capó es ensayista y columnista. Puedes seguirlo en el blog https://danielcapoblog.com/

 

La rata sibarita y otros relatos

Hace unos días se coló una rata muy sibarita en la cocina de mi madre. Mordió varios paraguayos y un melocotón, pero ninguno le convenció. Mi madre tiene la teoría de que las ratas que vienen por casa son las ratitas de campo (Rattus rattus), la ratita pechiblanca, que son las que le gustan a ella, y no las ratas de ciudad (Rattus norvegicus), que no tienen nada que ver. Mis cuñadas no ven la diferencia.

Tinta se coló por la ventana del cuarto de Marisa la otra noche y le dio un susto de muerte. Ahora le ha dado por ahí. También se cuela por la ventana del estudio de mi madre y pisotea el teclado del ordenador de una forma muy poco elegante. Cada día tiene más pinta de murciélago esta perra, con las orejas negras un poco más grandes de la cuenta. Teka intenta colarse también cuando comprende que Tinta ha triunfado, pero nunca lo consigue. Es un teckel de pelo duro con muy buen carácter. Su técnica fallida es subirse al tejado de la caseta e intentar entrar desde ahí por la ventana de la cocina.

En casa de mis tíos Dingui está echando el veraneo de su vida. Dingui es un jack russell muy guapo que ya desapareció durante seis meses hace unos años. Ahora ha encontrado un boquete en la valla de la casa de verano y no puede evitar escaparse cada cinco minutos. Cuando fuimos a comer el jueves pasado estaba en uno de sus paseos por la urbanización. Mi prima lo recuperó un poco antes de que nos sentásemos a comer. Durante la comida, saltó la alarma: “¡Dingui! ¡Dinguiiiiiii!” Este perro… Pero estaba debajo de la mesa. Salió meneando el rabo muy educadamente con cara de “¿Os puedo ayudar en algo?” Y en cuanto vio que no, enfiló hacia el boquete con todo el descaro de que es capaz un jack russell (mucho) y selló su destino para el resto de la comida, que pasó amarrado a un árbol.

 

Los mejores libros infantiles/juveniles de la historia (según los invitados de Nido de ratones)

 

poster libros paula

Nido de ratones cumplió seis meses la semana pasada. Estos son los libros favoritos de los periodistas, escritores, poetas, ilustradores, agentes, editores y aficionados a la lectura en general que han pasado hasta ahora por el cuestionario de Nido de ratones. Al final quedaba hueco para justo un libro y se nos ha colado Tinta, que tiene una habilidad especial para esas cosas.

Hasta el momento, han pasado por aquí (en orden de aparición) Ximena Maier (ilustradora), José Luis de la Cuesta (poeta), Cristian Campos (editor y periodista), José Mateos (poeta y editor), José Antonio Montano (periodista), Berta González de Vega (periodista), Enrique García-Máiquez (poeta y periodista), Alicia González Sterling (agente literaria), Arcadi Espada (periodista),  Pilar Álvarez (editora), David Gistau (periodista), Ana Sanz Magallón (consultora de guiones), José María Sánchez Robles (editor), Manuel Jabois (periodista), Jorge Bustos (periodista), Pablo Cruz (editor), Antonio Gala (escritor), Ignacio Peyró (periodista) y Patricia Castillo (fundadora del blog Rock’n’Read).

Los próximos seis meses prometen ser igual de interesantes. ¡Gracias a todos por dedicarle a los ratones un poco de tiempo!