Cuestionario Nido de ratones: Daniel Capó

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo con fervor una novela de Robert Graves que leí de niño innumerables veces: Asedio y caída de Troya. Ahí nació mi devoción por Héctor, el héroe troyano, y de ahí que todavía hoy prefiera las historias de perdedores; no por sentimentalismo, sino porque lo verdadero suele brotar donde ya no cabe la idolatría.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

No recuerdo haber leído en aquellos años mucho libro ilustrado y, sí en cambio, bastantes cómics, como Don Miki (yo era muy fan de Patomas y del Tío Gilito) o el Manual de los jóvenes castores, que no era cómic pero sí tenía dibujos. Más adelante, recuerdo con particular cariño la serie de clásicos juveniles de Bruguera, que aún leen mis hijos: David Copperfield, por ejemplo, o mi novela favorita de todos los tiempos, Moby Dick.

LOS TRES DE DANIEL CAPÓ

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Primero mis padres y también algunos amigos suyos, si bien sospecho que el afán lector surge sobre todo de la curiosidad. Se husmean los libros de la biblioteca familiar y se pierde uno entre los anaqueles de una librería, hasta que algo te despierta la atención y salta la chispa. Por lo general, un libro conduce a otro; ninguno te abandona o te deja solo.

¿Leía a escondidas?

No creo, aunque hace tiempo que dejé de fiarme de la memoria, que es pulcra pero inexacta.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Los libros los teníamos en casa y era un reino sin límites. Digamos que, en este aspecto, los excesos no estaban mal vistos y me parece bien que sea así. Con los libros no se puede ni se debe ser tacaño. Y sí, compraba –y comprábamos– bastantes.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No sé si sirve, pero muy pronto descubrí que los libros no se prestan si quieres conservarlos. Con ocho o nueve años, una niña y yo nos intercambiamos sendas novelas. Ella quería leer Aventura en el castillo, de Enyd Blyton, que tenía yo en casa, y a cambio me dejó su Nils Holgersson. Nunca me lo devolvió (y ahora vive en China), ni yo tampoco le devolví el Nils. En este caso, salí yo ganando.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Para niños pequeños, me encanta la serie protagonizada por Petsson y su gato Findus; pienso por ejemplo en Cuando Findus era pequeño y desapareció. Para niños algo más mayores, yo recomendaría Brujarella, de Iban Barrenetxea; también, Tove Jansson y sus muminsLa llegada del cometa, sería un buen título para empezar–; y, por supuesto, toda la obra de Astrid Lindgren, aunque reconozco que siento una predilección especial por una de sus novelas: Rasmus y el vagabundo. ¡Ah!, y cómics de línea clara como los protagonizados por Tintín o Las aventuras de Alix. Para adolescentes, iría a clásicos como La isla del tesoro, Drácula o la Breve Historia del Mundo, de Gombrich. He dado más de tres títulos, ¿verdad?

LAS RECOMENDACIONES DE DANIEL CAPÓ

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pues mal. La literatura, al igual que el arte, no cabe en el marco estrecho de una ideología ni de sus falsos dogmatismos. La vida –y la literatura es vida– no se deja sojuzgar tan fácilmente. Lo bueno es que los niños perciben enseguida la falsedad de estas adaptaciones y dejan de interesarse por ellas. Ellos cuentan con un sentido moral mucho más afilado que el nuestro.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No. Más bien te diría que, con excepciones, la lectura es la eterna olvidada en las escuelas. Aprender a leer implica leer mucho, con constancia y libertad. Y estoy convencido de que, con un buen hábito lector, el fracaso escolar se reduciría a la mitad en cuestión de muy pocos cursos. En lugar de tantos deberes y de programas curriculares tan extensos, ¿por qué no les pedimos a los maestros que lean en voz alta a sus alumnos de forma cotidiana? Así se educa la atención y la escucha. Y, al mismo tiempo, ¿no sería lo idóneo exigir a los alumnos que leyeran en casa una novela semanal, como se hace en tantos otros países?

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Leyéndoles a diario en voz alta; da igual si son poemas, novelas, relatos o el periódico. Y luego, claro está, con una buena biblioteca familiar.

Sobre Daniel Capó

Daniel Capó es ensayista y columnista. Puedes seguirlo en el blog https://danielcapoblog.com/

 

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