Ordenando libros (primera parte)

Hace dos días se me ocurrió ordenar los libros del salón. Empecé inocentemente, moviendo un par, y he acabado teniendo que hacerme sitio esta mañana para sentarme a escribir. Están en todas partes: encima del sofá, sobre la mesa, en el suelo… Ya me invade la conocida sensación de que no terminaré jamás.

Simón me sigue la corriente y no me dice mucho. Yo le agradezco que sufra mis voluntos; esto no estaba en la lista de tareas, y él también tiene que ir sorteando pilas de libros por el salón.

A pesar de que no es la primera vez que lo hago (ejem), mi método para ordenar libros está lejos de ser perfecto. De hecho, está lejos de ser un método.

El formato y el tema definen dónde caerá cada libro. Luego intento colocar a los autores por simpatía (entre ellos o sus personajes); no siempre lo consigo: Pérez-Reverte, Dumas, Féval y Sabatini van juntos, claro, aunque Hope y su prisionero de Zenda están con los libros en inglés… sin embargo, Vargas Llosa y García Márquez están condenados a aguantarse. Las policíacas son un caso claro: Camilleri, Montalbán y Mankell no pueden compartir espacio con Christie, Conan Doyle, Mitchell, Crispin  y compañeros mártires. Eso lo sabe todo el mundo.

Además del formato y el tema, me puede la estética. A mí los libros feos no me gustan. Ni los feos, ni los de ese papel amarillento y grueso tan antipático, ni los que tienen el lomo roto. Así que esconder estos y colocar en un buen sitio los que me gustan es el siguiente criterio. Cuento entre los grandes placeres de la vida descansar la vista sobre una estantería de lomos de libros bonitos o que me dan buen rollo: Pym, McCall Smith, Wodehouse, los clásicos de Virago en particular o las ediciones inglesas en general, por ejemplo. Rajo muchísimo de las ediciones españolas, que son tristísimas casi siempre. No entiendo los diseños de las colecciones de este país (Tusquets, Anagrama, Cátedra…) ni el eterno empeño de “mejorar” la portada original, aunque ahora (¡por fin!) está cambiando la cosa (Asteroide, Nórdica, Impedimenta…).

A medida que ordeno veo que me faltan ediciones en inglés (bonitas ya ni hablamos) de libros fundamentales: Mi familia y otros animales lo tengo (dos veces, para más inri) en la edición esa mortal de la rana (las únicas portadas decentes de este libro son unas que hay por ahí en catalán), me duelen los ojos cuando miro los de la Mitford (unos perdidos, otros en español, otros en inglés pero viejos y feos) y relego a Austen al trozo de estantería que cae detrás del sofá para no tener que verla.

Pienso por un momento en poner juntos los libros que no empecé o dejé a la mitad esperando un momento mejor, pero desecho la idea porque me daría mala conciencia. Estos suelen estar en la balda rollo o en la pretenciosa: la de las novelas que no leía cuando tenía veintitantos y compraba lo que creía que debía leer, y la de los de no ficción que me compraba con treinta y tantos y “tenía que leer”. De los primeros me curé hace tiempo y seguí sin leerlos, pero por lo menos dejé de comprarlos. De los últimos descubrí, gracias a mi amiga Ximena, que me los puedo ahorrar leyéndome las muy buenas entrevistas que les hacen a sus autores y los muy buenos artículos que escriben sobre ellos los mismos periodistas que me llevaban hasta ellos.

*Empecé esta entrada con la intención de hacer un parrafito corto porque el orden de libros me está quitando los ratos que le dedico al blog, pero se me ha ido de las manos, así que la semana que viene seguiré con la segunda parte. 

 

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8 thoughts on “Ordenando libros (primera parte)

  1. De acuerdo con tu artículo en muchos aspectos. Tratas a los libros como amigos y eso me gusta. Yo también suelo poner en las baldas de detrás del sofá los libros que sé que no voy a leer pero que no debo tirar. Por cierto, Enrique, maestro de mis lecturas… Mis cuatro ültimas lecturas han sido apasionantes… Una princesa en Berlín, La mujer justa, La hermana, Divorcio en Buda, La herencia de Eszter… Ahora, me va a costar mucho encontrar una novela que me guste…
    Me ha encantado charlar un rato contigo de libros, es muy difícil encontrar a alguien que trate a los libros como tú. Un abrazo, amigo de los libros y amigo mío.

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