Apuntes de verano. Ciruelos, bicis y una Puch Condor amarilla.

Mi abuelo Vicente era como Humphrey Bogart, pero en alto y elegante. Tenía la piel morena y una sonrisa de dientes muy blancos. Abuelo Vicente tenía el ojo alegre y una risa franca, cascada, muy chula. Como vivía en Madrid, solo lo veíamos en verano, en Navidad y en Semana Santa.

Su casa prefabricada sueca era la más moderna de Jerez, y también la que mejor olía, a madera y a abuela Blanca. En la entrada había dos ciruelos rojos que siempre me recordarán a ellos. Livia, Bibi y yo trepábamos al que estaba más cerca de la huerta y espiábamos a Joe, nuestro vecino, que nos traía locas. Poco importaba que Joe estudiase fuera y apenas estuviese en casa; la cosa era subirse. Ese ciruelo fue testigo de grandes conversaciones.

Joe tenía 16 años: diez años más que Bibi, ocho más que yo y cuatro más que Livia. Nuestras madres nos decían que estaba zambo y que se iba a quedar calvo (no podían más de nosotras). No nos creíamos ni una palabra.

Una vez escribimos su nombre con tiza junto a los nuestros, con un corazón enorme en medio, en el asfalto de la entrada al camino particular que llevaba a casa de mis abuelos y a la de sus padres. Tres corazones, en realidad, uno para cada una. Allí, junto a nuestra obra de arte, esperamos durante horas a que volviese con su Puch Condor amarilla y sus gafas de sol. El verano siempre ha dado para mucho.

La Puch Condor amarilla. Me acabo de acordar de que le dábamos besos al sillín de la moto cuando íbamos a su casa a jugar con su hermana Gabriela, que bailaba ballet muy bien. Tenían una aupair que se llamaba Lorraine y que en mi cerebro estará siempre asociada a Moonlight Shadow.

Nuestros veranos se repartían entre la bici, los dibujos, el lego y la piscina. Con las bicis subíamos y bajábamos por el camino particular sin descanso. Nos encantaba llegar casi hasta la carretera, o asomarnos a las cuadras del padre de Joe por si estaba él. Éramos un poco seguías.

A Joe lo veíamos tan poco que era un amor platónico perfecto.

*El plano de la cabecera es de la casa de mis abuelos paternos, Vicente y Blanca. Me lo dibujó mi prima Livia el otro día. 

 

 

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