La desconexión del conejo

Mi hermana se llevó el conejo del colegio de mis sobrinos a su casa, a echar el fin de semana. El conejo se llama Olaf. El viernes por la noche, cuando volvió de cenar, entró en el cuarto de los niños. Todo en orden: Bosco en su cama, Bruno en su cuna, Olaf en su jaula. A media noche oyó a Bruno llorando y fue a ver qué pasaba. Bruno estaba fuera de la cuna y Olaf fuera de la jaula. No sabemos si ambas cosas están relacionadas. Bosco seguía durmiendo plácidamente.

El sábado lo sacaron al jardín. Saltó un poco en la cama elástica, se paseó por el césped, se cayó a la piscina. Pablo se lanzó a por él y Bibi se lo llevó arriba para secarlo con el secador de pelo. No se quejó. Por la tarde royó los cables del wifi. Qué habilidad. El técnico de Teléfonica no parecía muy sorprendido: “No sé qué tienen los cables del wifi que a los conejos les encantan”.

El domingo lo pasó en la jaula.

Huésped de mi viña

Esta foto no me puede dar más buen rollo. Son mis cuatro abuelos antes de casarse: a la izquierda, Mauricio y Milagro; a la derecha, Vicente y Blanca. La pongo aquí por eso y porque esta tarde presentaremos el libro de Vicente en la bodega de Mauricio. Lo que les habría gustado a los dos este detalle… Ellos ya no están, pero aquí siguen los libros y el vino a los que dedicaron sus vidas, testigos del tiempo que pasaron entre nosotros; fruto de su entusiasmo y de su trabajo.

Mi abuelo Vicente murió hace 17 años, a los 76. Fue el primero de los cuatro en dejarnos. Yo no había terminado la carrera; cuando empecé en el mundo editorial, él ya no estaba. Nunca pude preguntarle nada. Cada año que pasa me doy más cuenta y me pesa más.

Hace unos días me acerqué a lo poco que queda de su casa: un triste solar rodeado de casas en el que, si sabes qué buscar, se ve la parte de arriba del bordillo de granito de la entrada, enterrado por la tierra y los hierbajos. Ni rastro de los ciruelos, ni rastro de los perros (propios y recogidos), ni rastro de la piscina. Ni rastro de su risa cascada o del tintineo del hielo en su vaso de whisky. Ni rastro de su casa, generosa y abierta a todos siempre. Nada.

El sonido quedo, pesado, de una maza contra una bola de croquet me sacó del solar y me trasladó de golpe a las tardes de verano de mi infancia allí. Recordé sus manos largas y suaves, sus pañuelos anudados al cuello, los jerseys perfectos de lana que le tejía mi abuela Blanca. El trajín de gente entrando y saliendo, las partidas de cartas por las tardes y Julio Iglesias sonando de fondo, las flores del magnolio, el tapiz del comedor, las enormes fichas nacaradas, amarillas y marrones, del backgammon que se guardaba bajo un sofá del salón.

Sentí una pena honda, sin consuelo.

Nos vamos acostumbrando a las ausencias porque no nos queda otra, pero no podemos impedir que una tarde de otoño cualquiera una partida de croquet nos asalte a traición delante de un solar y nos haga sentir el desamparo y la impotencia más profundas.

Hoy presentaremos su primer libro, Huésped de mi viña. Lo escribió en 1950, con 27 años; mi padre ha querido publicarlo de nuevo ahora. Esta vez va ilustrado con los dibujos su nieta mayor, Livia (me gusta especialmente el de la portada) y lleva el prólogo de su hijo menor, Vicente. Creo que le habría gustado mucho.

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Doñana

Sentada en una silla plegable en el pinar, con los pies sobre otra silla, leyendo. Delante de mí hay jaleo de pájaros. A mi espalda duerme León bajo una mosquitera improvisada con un fular y unos palos. Arriba, en las dunas, oigo a los demás pasándoselo bien.

***

En la playa, una mancha de ostreros al lado de otra de charranes. Los pasamos sin aminorar. Los charranes se levantan todos; los ostreros se quedan en su sitio, como unos señores.

***

Las gamitas con el pelaje de lunares.

Hay huellas de tejón en la duna.

Las urracas volando hacia los pinos piñoneros. ¿Quién brilla más?

¡Rabilargos!

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Me encuentro con un jabalí entre los matojos. Nos miramos. Se va por su camino y yo me voy por el mío.

***

Los amaneceres con estorninos en Doñana. Desde la cama los oigo chisporrotear, silbar, chasquear… Chismorreo puro.

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A la vuelta, buitres en los eucaliptos del Puntal. Unos en el suelo, otros en las ramas, van levantando el vuelo pesadamente, con pereza. Los vemos reagruparse en la marisma seca. Poco a poco se les unen los demás. Uno se queda atrás, enganchado entre las ramas altas. Por fin se recompone y logra despegar.

Algo más adelante, a contraluz, resisten tres en el alcornoque.

*La suerte que tuvo Machado con la encina negra, a medio camino de Úbeda a Baeza. Un alcornoque no es lo mismo.

 

 

 

 

 

Cuestionario Nido de ratones: Jose María Albert de Paco

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Misterio en la casa deshabitadade Enid Blyton.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Tom Sawyer detective, de Historias Selección de Bruguera.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mis padres.

¿Leía a escondidas? (En clase, en la cama cuando ya habían apagado la luz…)

A escondidas, lo que se dice a escondidas, sólo he leído periódicos. Resulta que a los 9-10 años ya leía el As (los martes, As Color), y mi padre lo consideraba un vicio demasiado adulto para mi edad.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Iba a la biblioteca, tenía libros en casa y pedía que me los compraran.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Un día descubrí que abrigaban.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

La ola, de Suzy Lee; Una sopa de piedrade Anais Vaugelade, y Princesas olvidadas o desconocidasde Philipp Lechermeier y Rébecca Dautremer. (No es que sea un experto, no, es que tuve una novia que era editora de libros infantiles y algo se me pegó.)

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pueril.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Si me atengo a mi hija pequeña, de 12, diría que bien; si a la mayor, de 15, que mal. Y las dos van al mismo colegio. Sí recuerdo, en mi caso, que el tiempo que dedicábamos a la lectura (ya fuera en clase o en la biblioteca) solía ser una recompensa, nunca un castigo.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Cuando me comunico con ellas por whatsapp, trato de escribir con corrección, limpieza y gusto.

Sobre Jose María Albert de Paco

Periodista. Una vez me hice el rosco del pasapalabra, pero no tengo más testigo que mi gata.

La gorriona

Hay una gorriona en mi balcón, picoteando la tierra de las macetas. Ha venido tres veces esta mañana. Simón vació media naranja, la rellenó con semillas y la colgó del toldo, pero la gorriona ni la mira. Va dando saltitos de los pensamientos a las adelfas, de las adelfas a la salvia, de la salvia a los lirios… Luego se posa en el suelo y mira hacia adentro con curiosidad.

*La imagen de la cabecera es del libro The Country Diary of an Edwardian Lady, que se publicó en 1977, 70 años después de que lo escribiese Edith Holden (1871–1920); fue todo un éxito. A mí me lo regaló Katarina, nuestra aupair sueca, pero entonces era demasiado pequeña (o burrancanita) para apreciarlo.

 

Flash Gordon y el Profesor Astrocat

Esta mañana, lista para el colegio, sentada con las piernas cruzadas leyendo un cómic de Flash Gordon.

Yo: “Violeta, haz la cama.”

Ella: “Es que Flash Gordon mola un montón, mamá.”

Anoche me hizo leerle las cinco primeras páginas y luego ya ha seguido ella. Sospecho que no se lee nada, pero comprendo la fascinación. Esos dibujos, esos colores, ¡los peinados de las chicas!

Ahora está malita en la cama, tapada con su edredón de cuadros verdes y blancos, viendo una película. Hemos llevado a su hermano al colegio con el libro del Profesor Astrocat para enseñarlo en Sociales, porque están terminando el tema del sistema solar. Me ha ido leyendo cosas de los planetas por el camino.

Esos raros momentos en los que eres feliz y lo sabes; destellos de lo que sería nuestra vida si estos niños hiciesen las cosas a la primera y no se nos fuera el tiempo repitiendo lo mismo una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra…