La desconexión del conejo

Mi hermana se llevó el conejo del colegio de mis sobrinos a su casa, a echar el fin de semana. El conejo se llama Olaf. El viernes por la noche, cuando volvió de cenar, entró en el cuarto de los niños. Todo en orden: Bosco en su cama, Bruno en su cuna, Olaf en su jaula. A media noche oyó a Bruno llorando y fue a ver qué pasaba. Bruno estaba fuera de la cuna y Olaf fuera de la jaula. No sabemos si ambas cosas están relacionadas. Bosco seguía durmiendo plácidamente.

El sábado lo sacaron al jardín. Saltó un poco en la cama elástica, se paseó por el césped, se cayó a la piscina. Pablo se lanzó a por él y Bibi se lo llevó arriba para secarlo con el secador de pelo. No se quejó. Por la tarde royó los cables del wifi. Qué habilidad. El técnico de Teléfonica no parecía muy sorprendido: “No sé qué tienen los cables del wifi que a los conejos les encantan”.

El domingo lo pasó en la jaula.

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