Me iba a Sicilia ahora mismo (bueno, el 1 de mayo)

José Luis de la Cuesta tiene un poema en el que habla de la cantidad de chorradas que se ahorra porque no tiene dinero para hacerlas. Es un enfoque que me encanta: consuela y asiento vigorosamente cuando lo leo, porque me permite ser virtuosa sin hacer ningún esfuerzo.

Pero aunque me guste mucho el poema, también me gustaría hacer un montón de cosas para las que no tengo dinero. Y hay una, concretamente, que a lo mejor hasta a José Luis le parecería una buena idea, y se deprimiría un poco conmigo por tener que quedarse en tierra. Porque lo que yo más querría ahora mismo es que me tocase un poco la lotería para irme a Sicilia a echar unos días en la escuela de cocina de Anna Tasca Lanza, que ahora lleva su hija Fabrizia.

Mi amiga Ximena ha estado dos veces: una invitada como bloguera de pro (su blog de cocina ilustrado es una joyita) y otra el año pasado, cuando estuvo por allí Maira Kalman. Porque Fabrizia lleva de vez en cuando a alguien interesante y puntero en lo suyo, y así el curso de cocina se entremezcla con otros de fotografía, escritura, dibujo… Este año le toca a Ximena, que va por tercera vez la muy suertuda, encargada del curso “The pleasures of sketching”.

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Cinco días de excursiones, paseos, picnics y ratos de dolce far niente en Casa Vecchie, una finca ideal en las viñas de Regaleali. Cinco días para salir al huerto con Fabrizia a coger hinojo o limones para las ensaladas, dibujar un poco debajo de un árbol, aprender a cocinar platos tradicionales sicilianos, echarse unas siestas al solecito, pasearse por las viñas, ir a ver cómo el pastor hace una ricotta tan buena que se te saltan las lágrimas, echar otro rato de dibujo y de charla, aprender con Fabrizia sobre la alta cocina de los palacios palermitanos, ya perdida…

Eso haría yo ahora si tuviera pasta. Como no tengo, se lo cuento a ustedes, por si acaso alguno sí que la tiene y le apetece pasarse unos días en Sicilia cocinando y dibujando de la mano de dos cracks de lo suyo, Fabrizia y Ximena.

 

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Cuestionario Nido de ratones: Gregorio Luri

¿Cuál era su libro favorito de niño?

La isla del tesoro y aún sigue siendo uno de mis libros favoritos.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Creo que podría recordar la mayoría de las ilustraciones de mi libro escolar, La enciclopedia Álvarez. ¡Cuánto tiempo dedicábamos los niños de mi generación –los años sesenta del siglo pasado- a contemplar las ilustraciones! Entonces las llamábamos “santos”. De hecho, para nosotros había dos clases de libros, los que tenían santos y los que no nos interesaban. Por eso nos fascinaban los tebeos.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Nadie.

¿Leía a escondidas? 

Sí, pero a partir de los doce o trece años, cuando mi familia me ingresó en un internado. Leía en la cama a escondidas, con una linterna, y en algunos escondites. Pero mi lugar preferido era la cumbrera del tejado. Muchos años después pasé por allí y descubrí que aquella era una actividad realmente peligrosa. Es la primera vez que cuento esto y espero que no lo lean mis nietos. ¿Pero el niño que no ha retado al peligro alguna vez a escondidas de los adultos, ha tenido infancia?

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

El primer libro me lo compré cuando tenía 14 años… no era precisamente un clásico… pero a finales de los 60, el adolescente que no había leído a Martín Vigil no era nadie.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

En casa éramos tan pobres que sólo había un libro y se guardaba como un objeto sagrado, en el armario de las sábanas nuevas. No hace mucho pagué una fortuna por un ejemplar en una librería de viejo de Barcelona. Ahora sé que es una joya pedagógica. Se trata de El libro de España, editado en 1928 siguiendo el modelo de Le Tour de la France par deux enfants, de la editorial marista FTD. Si autor era fray Justo Pérez de Urbel. El texto está repleto de “santos” ante los que me extasiaba mucho antes de saber leer.

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¿Qué tres libros para niños recomendaría?

No recomendaría ningún título en concreto, pero sí algunos criterios. Creo que un buen libro de literatura (y no meramente de entretenimiento) infantil no debe tener fobia ni a las subordinadas, ni a las descripciones, ni al vocabulario.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Es propio de la cursilería de nuestros tiempos, pero la corrección política y la literatura no tienen nada en común. La corrección política es a la literatura lo que el chiclé a la gastronomía. Es un instrumento de adoctrinamiento ideológico que no acepta ninguna realidad que pueda poner en cuestión determinados prejuicios. Recientemente tuve ocasión de leer un cuento en el que Blancanieves conoce a un chico que trabaja en una ONG, van juntos al bosque a recoger setas y avistar aves y comen bocadillos de tortilla.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Estoy convencido de que nos falta una didáctica seria de la literatura infantil y juvenil que se tome a la literatura, y no meramente a la lectura, en serio. Nuestros niños leen mucho, pero con un mero afán de entretenimiento y si se trata de entretenerse, no tardan en descubrir que hay otros entretenimientos más dinámicos. Por esto a los once años abandonan masivamente la lectura, especialmente los niños, lo cual nos lleva a otra cuestión políticamente incorrecta: ¿Les ofrecemos a nuestros adolescentes –insisto: a ellos- modelos literarios con los que puedan identificarse sin ruborizarse?

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Mis hijos están casados y tienen sus propios hijos. Yo intento contarles a mis nietos historias que me gusta inventarme. Les gustan mucho las que tienen que ver con mis viajes interestelares a mundos imposibles; las que vivo con mi amigo el Conde de Herzegovina; aquellas en las que me otorgo (seguro que Karl May no se opondría) el papel de Old Shatterhand, el amigo del apache mescalero Winnetou y las que tienen por protagonista a su abuela, pero estas han de quedar recluidas en el ámbito estrictamente familiar.

Sobre Gregorio Luri

Nacido en Azagra (Navarra) en 1955 y residente en El Masnou (Barcelona). Casado, padre de dos hijos y abuelo de dos nietos. Maestro, pedagogo, filósofo. 

Y yo (Paula) añado que tiene un blog, El café de Ocata, muy recomendable.

De vuelta

Mi urraca tiene gusanos. Simón me regaló una urraca disecada en Navidad. Anoche le vi unos bichitos blancos, pequeños, recorriéndole la cabeza. Simón le quitó 30 gusanos en media hora con una liendrera. Qué asco. Pobre urraca. Mi padre me dice que eso nos pasa por comprar cosas por internet. Y por no disecar nosotros mismos la urraca. En fin.

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Ya he visto al martín pescador posado dos veces. Es un pájaro pequeño, cabezón. Siempre me sorprende el pico: lo tiene más corto de lo que yo me creo. En cuanto se descuide, le hago una foto.

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Ahora me pongo las botas de goretex para darle la vuelta al lago. La hierba está mojada y como me salgo de la calzada para buscar pájaros, se me mojan los pies. Parecía una buena opción, lo de las botas de goretex. Resulta que las botas están mal y los pies se me mojan de todos modos. Antes eran feas, pero útiles. Vaya.

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Ya tenemos billetes de ida para Suecia.

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Simón se ha buscado un Panda Planner y ya no hay quien lo pare. Se mete en la cama por las noches con su agenda tamaño A4 llena de buenas intenciones y de tarea. Me dijo que yo debía hacerme con una y le amenacé con el divorcio si me la regalaba. Ahora me da envidia y quiero una pero ya no me la quiere regalar. He entrado en un bucle y no me hago listas en papeles normales porque quiero mi agenda.

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He trincado al buitrón. Qué pajarillo tan lindo. Se estuvo muy quieto y yo le iba haciendo fotos y acercándome, haciendo fotos y acercándome hasta que llegó un mosquitero y lo echó de su ramita.

Lo de la foto de cabecera es un buitrón. Me recuerda muchísimo a mi suegra.