El nido

Es tarde y entra poca luz en el bosque. Simón deja la bici junto a un lentisco y corre sobre el suelo acolchado de pinocha. Acaba de salir del colegio y tiene hambre, pero si para a merendar en su casa, se irá el sol y no verá nada. Así que hoy no hay bocadillo, ni vaso de leche. Trepa un poco por unos riscos y se sienta a observar. Arriba, en la copa de un pino carrasco, lo ve: el nido de cuervo. Lo descubrió hace unas semanas, y desde entonces viene cada vez que tiene un rato. Los viernes por la tarde es lo primero que hace cuando sale del colegio: se cuelga la mochila y pedalea por el carril hasta la linde del bosque. Ha pensado todas las maneras posibles de llegar hasta el nido, pero aún no ha dado con una que le convenza.

El sol se pone y Simón siente algo de frío allí sentado, quieto. Se levanta sin mucha prisa y vuelve a su casa despacio. Las luces están encendidas y huele a chimenea. Oye a Pincho ladrando y a su madre mandándolo callar. “Sí, sí, Pincho, es Simón, calla ya… Qué perro más pesado…” Simón sonríe.

* La ilustración de la cabecera pertenece al libro Un árbol es hermoso, de Janice May Udry. Es de Marc Simont. El texto es el principio de un cuento.

 

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