Lecturas suecas (I): El libro del verano

Mi primera lectura sueca ha sido finlandesa: El libro del verano, de Tove Jansson. Bueno, quizá no tan finlandesa, porque la madre de la autora era sueca, los Jansson pertenecían a la minoría suecoparlante de Finlandia y el libro se escribió en sueco. Pero todo esto no lo sabía cuando lo empecé.

THE SUMMER BOOK - TOVE JANSSON
La portada inglesa me gusta bastante…

De dónde sale

Este fue el primer libro para adultos de Jansson, que hasta ese momento había sido conocida exclusivamente por sus historias de los Mumin. Se publicó por primera vez en 1972, un par de años después de que muriese su madre, Signe Hammarsten. Para escribirlo, Jansson tiró de todo aquello que le era más querido, entretejiendo sus recuerdos con la imaginación en un ejercicio para superar la muerte de su madre.

El libro del verano narra la relación entre una abuela (basada en la madre de Jansson) y su nieta de seis años, Sophia (basada en su sobrina del mismo nombre), a lo largo de un verano (que en realidad son varios) en una isla del golfo de Finlandia.

La isla la descubrieron Jansson y su hermano Lars en 1947. Es diminuta. Tanto, que cuando Esther Freud (que firma el prólogo a la edición inglesa que publicó Sort of Books en 2003) estuvo allí, descubrió que tardaba cuatro minutos y medio en darle la vuelta completa. La casita la construyeron entre los dos y allí ha veraneado la familia desde entonces. Aunque en 1964, cuando las visitas de familiares y amigos empezaron a hacerse demasiado frecuentes, Jansson se fue a una isla algo más remota con Tuulikki Pietila, su pareja. Y ahí continuaron pasando los veranos escandinavos hasta que en 1991 una tormenta hundió su barco y se retiraron permanentemente a Helsinki. La autora tenía entonces 77 años.

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EL LIBRO DEL VERANO - TOVE JANSSON - SIRUELA
…pero creo que me gusta más la portada española (esto sí que es algo nuevo).

El libro

Sophia y su abuela se pasan el día por la isla recogiendo piedras o los trozos de madera suave que el mar va arrastrando a la playa. Hablan, discuten, pasean, confabulan. Tienen una relación muy independiente, áspera pero cálida a la vez, con un punto nórdico un poco marciano que todo el rato me producía la sensación de que la desgracia acechaba a la vuelta de la esquina. Cuando me relajé, empecé a disfrutar de verdad con el libro, que va pasando sin esfuerzo de la reflexión a la descripción, sin que suceda nada muy señalado.

El tiempo pasa despacio, salado… La hierba se mece con la brisa del mar, las charcas de las rocas se calientan con el sol, hay siestas bajo los arbustos y se oye el rumor de las olas en las noches sin viento. El sol pega sobre la pintura gastada de la madera de la casa, la ropa está tiesa de salitre, en la buhardilla se acumulan los trastos un año tras otro…

La tienda de campaña

Me quedo con este capítulo. Sophia decide dormir en una tienda de campaña por primera vez. A media noche se levanta y va a ver a su abuela, que está despierta, triste, enfadada, tratando de recordar sin éxito cosas que significaron algo para ella alguna vez. Sophia le pregunta qué es lo que no recuerda.

“¡Lo que se siente cuando duermes en una tienda de campaña!” gritó su abuela. Apagó el cigarrillo, se tumbó y se quedó mirando el techo. “En mi país, en Suecia, a las niñas nunca se les había permitido dormir en tienda de campaña,” dijo despacio. “Yo fui la que consiguió que pudiesen hacerlo, y no fue fácil. Lo pasamos muy bien, y ahora no puedo ni contarte cómo era.”

Los pájaros comenzaron a gritar de nuevo; una bandada grande pasó volando, gritando repetidamente. El farol de la ventana hacía que la oscuridad de fuera pareciese más intensa de lo que era.

“Bueno, yo te contaré cómo es,” dijo Sophia. “Puedes oírlo todo mucho mejor, y la tienda es muy pequeña.” Pensó un momento y continuó. “Te hace sentir muy segura. Y está bien que puedas oírlo todo.”

Me quedo con él por la descripción de lo que se siente cuando duermes en una tienda de campaña, que es exactamente eso. Cuando Sophia sale de la tienda, además, se da cuenta por primera vez de la sensación del suelo bajo los dedos y las plantas de los pies. 

También por la frustración y la impotencia de su abuela, y por cómo todo se va calmando sin aspavientos ni sentimentalismos.

Y porque es verdad, la madre de Jansson fundó las Girl Guides (scouts) en Suecia. ¿No es fantástico?

Tove-Jansson-on-Bredskär-in-1950-small
Tove Jansson delante de Vinrosen (La rosa de los vientos), la casita que construyó con su hermano Lars en la isla de Bredskär (1950).

Cosas que he aprendido

Que el musgo no se vuelve a levantar si lo pisas dos veces. Y se muere si lo pisas una tercera.

Que los eider son como el musgo y no vuelven al nido cuando los molestas por tercera vez.

Que las golondrinas solo honran con sus nidos las casa felices.

Que cuando vivías en una isla en el golfo de Finlandia en los años 50, tenías que saber cómo hundir bien tu basura en el mar para que no acabase en la isla de tu vecino.

Que es de muy mala educación dejar tu casa cerrada con llave si vives en una isla del golfo de Finlandia. Nunca sabes cuándo alguien podría necesitar refugiarse en ella.

Que si te haces una casa nueva en una isla y pones un cartel en el que diga muy claro que está prohibido entrar allí, lo más probable es que una abuela y su nieta atraquen en el poste de ese mismo cartel y se cuelen en tu casa cuando no estés. Cosa que nunca se les habría ocurrido hacer si no hubieses puesto un cartel tan antipático.

Klovharu - Tove Jansson
Klovharu, la isla en la que Tove Jansson pasó los veranos de 1964 a 1991.

Y una sorpresa

¡Vino de Jerez en un libro finlandés! (Aunque al final resultase que no les gustaba; no era Alfonso seguro.)

“Es Verner,” dijo su abuela. “Ha vuelto con otra botella de jerez.”

Esta es la primera entrada de las lecturas suecas. Iré publicando más de aquí al verano, que nos vamos de viaje a… Suecia, claro. Si alguien tiene sugerencias de libros sobre el tema, estaré encantada de recibirlas.

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6 thoughts on “Lecturas suecas (I): El libro del verano

  1. llévate provisión de Alfonso, regala botellas y …la hija de Violeta ( o Lucas, mismamente) podrá leer en un futuro libro de una autora Sueca:-“Es tu padre” dijo ella, ” No le dejes entrar en la casita si no trae el esperado y ansiado vino Alfonso de Jerez”.
    Si no al loro. Besos a todos, querida cuñada.

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  2. Como a Livia, me ha encantado esta historia nórdica que nos has regalado. Si de aquí a verano me toca la lotería, no dudes que iré a espiarte desde la cabaña de al lado y en en cuanto saques el Alfonso…zas! Aparezco haciéndome la sueca… Muchos besos!

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