El agateador de Wilson

Tengo gorriones en el balcón. Hemos ordenado las macetas y Simón ha esparcido algunas semillas por aquí y por allá, y ha colocado una bañerita blanca de esmalte con su borde azul para que puedan beber y bañarse si quieren. De momento no han tocado el agua, pero hay un trajín de gorriones todas las mañanas que me hace muy feliz. Pían, chasquean y hacen ese ruido como de aspersor antiguo cuando cambia de dirección rápido, rápido al final de su recorrido.

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Hace una semana que oigo grajillas desde el salón. No sé qué ha pasado, pero cuatro o cinco muy animosas han tomado los pinos carrascos que hay en la entrada del aparcamiento, y ahora las oigo por encima del jaleo de estorninos y vencejos cada tarde. No callan. Ayer vi a una pasearse por una de las ramas sin dejar de darle a la machiri, como decía mi abuelo Vicente.

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El sábado, trepando por el tronco del árbol del amor que hay detrás del estanque del jardín de mis padres… ¡un agateador! Qué oportuno. Justo la semana pasada ha aparecido, en el refugio antártico de la segunda expedición de Scott, una acuarela original del Doctor Wilson dentro de “unos papelajos asquerosos incrustados de guano y hielo y barro y un de todo” (traducción espontánea de mi amiga Ximena, loquita de la exploración polar, que a duras penas podía contener la emoción). Es de un agateador que yace muerto, boca arriba, con las patitas encogidas y las plumas ordenaditas, pardas y suaves. Es preciosa, muy delicada.

*La acuarela del agateador de Wilson es la que ilustra la cabecera de la entrada de hoy.

El elefante del museo

Esta es la historia de Luis Benedito, taxidermista del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, y su odisea para disecar el elefante que sigue siendo la pieza estrella de la colección casi 100 años después.

En 1913, el duque de Alba caza un elefante en Sudán y lo dona al recién estrenado museo, del que es patrono.El director del museo considera que es una tarea imposible y manda almacenar la piel; pero el nuevo taxidermista tiene otros planes.

Benedito ha estudiado taxidermia en Alemania durante años con los mejores especialistas, y no quiere dejar pasar la oportunidad de disecar el animal terrestre más grande del planeta. El museo no tiene dinero ni espacio, y Benedito no ha visto un elefante en su vida… aunque eso no son más que simples inconvenientes para nuestro hombre.

Aquí va el segundo proyecto propio de Nido de ratones (la web casi está ya). El elefante del museo se publicará (Dios mediante) en invierno del año que viene. La idea, el texto y las ilustraciones son de Ximena Maier

Es duro ser curruca

Hace unos días me acerqué al nido de las currucas capirotadas, a ver qué tal iba todo. Era su segundo nido, de la primera puesta de tres pollos solo sobrevivió un macho, los otros dos se ahogaron en el estanque de mi madre. Pues esto es lo que me encontré. No sé qué ha podido pasar. ¿Una bicha? ¿Un gato? La opción del gato parece más probable porque sospecho que la bicha no habría dejado ni rastro. En fin. Es duro ser curruca.

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