El camaleón

Ayer se nos cruzó un camaleón por la carretera en Puerto Sherry; hacía cinco años que no veíamos uno. Caminaba con mucha determinación y unos movimientos que recordaban a los de los AT-AT de El retorno del Jedi. Iba en la dirección incorrecta (a no ser que pretendiese darse un baño o acabar con su vida). Simón lo cogió con mucho cuidado… y no le gustó nada. Intentó morderle y por un momento consiguió librarse y lanzarse de nuevo al asfalto, pero lo volvimos a trincar. Le hice una foto dándole repetidas instrucciones a Simón de que lo sujetase bien (como si el pobre camaleón se fuese a lanzar a mis brazos) y lo dejamos en una adelfa de flores rosas que había en el lado correcto de la carretera. (Creo que a estas alturas ya no hace falta que explique que el que lo volvió a trincar y lo dejó en la adelfa fue Simón, ¿no?)

 

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La gorriona

Hay una gorriona en mi balcón, picoteando la tierra de las macetas. Ha venido tres veces esta mañana. Simón vació media naranja, la rellenó con semillas y la colgó del toldo, pero la gorriona ni la mira. Va dando saltitos de los pensamientos a las adelfas, de las adelfas a la salvia, de la salvia a los lirios… Luego se posa en el suelo y mira hacia adentro con curiosidad.

*La imagen de la cabecera es del libro The Country Diary of an Edwardian Lady, que se publicó en 1977, 70 años después de que lo escribiese Edith Holden (1871–1920); fue todo un éxito. A mí me lo regaló Katarina, nuestra aupair sueca, pero entonces era demasiado pequeña (o burrancanita) para apreciarlo.