Cuestionario Nido de ratones: Vicente Fernández de Bobadilla

¿Cuál era su libro favorito de niño?

No leí muchos libros de niño, lo mío eran más los tebeos. Pero creo que cuando tenía ocho años o así, empecé con lo que era habitual entonces: Enid Blyton, con Los Siete Secretos y Los Cinco. También me gustaba mucho Kasperle, de Josephine Siebe. Y un poco más tarde, los de Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores. Pero no recuerdo haber tenido un “libro favorito” hasta un poco después, cuando descubrí a Jack London y Sherlock Holmes.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Y tanto, como que todavía lo tengo: This is Rome, del ilustrador checo Miroslav Sasek. Probablemente mi padre se lo compraría a mis hermanos, porque lo curioso es que estaba en casa cuando yo era niño, pero teníamos dos ejemplares. Yo entonces no hablaba inglés y no entendía nada del texto, pero aquellos dibujos tan coloridos, con un trazo casi infantil –que en realidad son complicadísimos– me hipnotizaron. Me quede con un ejemplar, no sé qué habrá pasado con el otro, y luego he ido comprando otros en viajes al extranjero, porque todavía se reeditan, y en librerías de viejo. En España los editó en los años 60 la editorial Toray. ¡Y encontré dos ejemplares de la colección, Esto es París y Esto es Grecia, en la librería Papel y Tinta de Jerez! Tan baratos, que me dio corte llevármelos. Pero me los llevé, claro.

ESTO ES SASEK

¿Leía a escondidas?

No tenía que esconderme para leer, afortunadamente. Quizá en clase; en EGB nos daban un libro con lecturas seleccionadas, llamado Senda (no recuerdo la editorial) y creo que era el único que abría de todos los libros del cole…

¿Se compraba libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Mi casa estaba llena de libros, pero no eran de niños. Los de Enid Blyton eran de mis hermanos, que son mayores que yo, y después de leerme algunos, busqué otros más. Los compraba con el dinero de la paga, o se los pedía a mi padre. Acabé con una biblioteca infantil que no estaba mal, un par de estanterías. No iba a bibliotecas; en el colegio donde estuve hasta los diez años había una que recuerdo como muy bien surtida, pero creo que sólo nos dejaron entrar a leer un par de veces en los cinco años que pasé allí.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No, que yo recuerde.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Estoy un poco desfasado con lo que se publica hoy en día, así que sólo voy a decir un clásico que ningún niño debería perderse: la saga de El Pequeño Nicolás, de Goscinny y Sempé.

EL PEQUEÑO NICOLÁS

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los Cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Mal. Lo de la corrección política se sabe dónde empieza, pero no dónde acaba. En Estados Unidos no se ha librado de un clásico de la literatura, como Huckleberry Finn, al que le han censurado la palabra nigger, borrándola del texto como si jamás hubiera formado parte del vocabulario del país. Sería más aconsejable que los padres y educadores situaran a los niños en que las cosas cambian, y que en otros tiempos se hacían y decían cosas que hoy ya no se hacen. Además, ¿quién pone los límites de la corrección política? A lo mejor dentro de veinte años se decide que las nuevas ediciones no estaban lo bastante depuradas y les meten otro repaso, y luego otro, desvirtuándolos cada vez más… Al final, resultará que Sherlock Holmes nunca había fumado, y que Los Cinco se quedan en Los Tres.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Lo estaba pensando el otro día, cuando leí esa noticia espeluznante de que quieren quitar la asignatura de literatura universal de la enseñanza media. Y recuerdo que en mi colegio, en los tiempos del BUP, leíamos bastante. No sólo los clásicos como La Celestina o El alcalde de Zalamea, sino poemas de Miguel Hernández, cuentos de Juan Rulfo, o La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza. Pero también recuerdo que muchos de mis compañeros de clase no tenían un especial interés por la lectura. Así que no sé si, después de todo, el colegio es el mejor lugar para fomentarla; creo que lo que te convierte en lector es nacer en una familia llena de lectores, ver libros a tu alrededor desde antes de que aprendas a hablar.

Sobre Vicente Fernández de Bobadilla

Vicente Fernández de Bobadilla es periodista freelance, ha sido redactor de la revista Muy Interesante, Redactor Jefe de Quo y Jefe de Sociedad de Tiempo, además de columnista en Hoy por Hoy de radio Jerez. Autor de los libros Cambiaron nuestra vida (2004) y Es cosa de hombres (2007), actualmente prepara su primer libro de cuentos, Hora de Cierre.

Además, es el hermano de mi padre y el hijo de mi abuelo.

La foto de la cabecera es de Fer Ribes.

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Cuestionario Nido de ratones: Yaiza Santos

¿Cuál era su libro favorito de niña?

Los hijos del vidriero, de Maria Gripe. Lo leí unas cuatro veces. En mi memoria es triste y profundo. Aún recuerdo el epígrafe: “Quien no conoce su destino puede vivir despreocupado”.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

El Quijote en seis tomos de Ediciones Naranco que vinieron a vender a mi guardería cuando yo tenía cuatro años (¿a quién se le ocurre, pienso, cuando apenas aprendíamos el abecedario?) Me lo compró mi abuelo y aún lo conservo.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

Las profesoras. Podíamos llevarnos a casa un libro —imagino que era así en todos los colegios— un día a la semana y devolverlo a la siguiente o a las dos semanas. Así descubrí a Michael Ende o a Roald Dahl, ya para siempre conmigo. Las lecturas de mi generación las nutrían las colecciones El Barco de Vapor y Alfaguara Juvenil. Los libros de aventuras clásicos los descubrí de veinteañera.

¿Leía a escondidas?

Nunca en clase, pero sí en la cama a escondidas. Así leí mi primer libro de un tirón, La princesa de los elfos, de Sally Scott. (Ya digo que El Barco de Vapor y Alfaguara Juvenil nutrían las lecturas de mi generación.)

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Mi padre fue socio por un tiempo del Círculo de Lectores sin ser especialmente lector, así que había en casa una bonita colección de clásicos y enciclopedias que decoraban un salón precioso, pero que nadie usaba. Tampoco mi madre era lectora; sin embargo, siempre se sintieron muy orgullosos de que mi hermana y yo sí lo fuéramos. Los libros fueron un regalo habitual en cuanto vieron que nos gustaba leer. Más que comprarlos, siempre fui una gran usuaria de bibliotecas (quizá por eso, a diferencia de mi marido, no soy fetichista de los libros; me encantaría deshacerme al menos de un tercio de los miles que tenemos).

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

Con cuatro o cinco años, cuando apenas empezaba a leer, mi abuelo me llevaba todas las semanas a comprar los coleccionables de El Libro Gordo de Petete. Él me daba la revista y se guardaba de inmediato otras hojas que a mí me parecían aburridísimas. Eran los cuadernillos que servían para integrar los verdaderos “libros gordos” después, con unas tapas de colores. Lo entendí cuando me los dio –llegó a juntar cinco: azul, verde, naranja, fucsia y amarillo–, a los nueve años, cuando me mudé con mis padres de Huelva a Aranjuez (rompiéndole un poco el corazón).

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Cualquiera de Isol, una maravilla que descubrí estando embarazada de mi primogénita y que mis hijos disfrutan como locos. Y La peor señora del mundo, de nuestro querido amigo Pancho Hinojosa, verdadero best-seller.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me enerva. El lo que llamo el síndrome de Dora la Exploradora: sacar de las historias para niños cualquier atisbo de conflicto. ¿Así se les prepara para la vida?

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

En el de mis hijos creo que sí, aunque no me preocupa mucho. El problema, al menos en México, no es tanto la lectura en los niños, que suelen ser grandes lectores, sino el “desenganche” del hábito cuando crecen.

 ¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

De una manera natural, creo yo. Desde bebés sintieron curiosidad por los libros y aprendieron a leer muy pronto. Nos ven leer, les leemos cuentos antes de dormir, les compramos libros. Es un artefacto familiar, en todos los sentidos, ja.

Sobre Yaiza Santos

Yaiza Santos (Huelva, 1978) es periodista y editora afincada en México. Ha publicado, entre otros medios, en Letras Libres, el diario ABC, Jot Down Magazine y El País Semanal.

Cuestionario Nido de ratones: Marta Higueras

 ¿Cuál era su libro favorito de niña?

El cantar de los Nibelungos, de Richard Wagner. Era un álbum muy antiguo de mi abuela. Recuerdo que estaba escrito en alemán y que esperaba a que mi abuela me lo leyera mientras me enseñaba sus fabulosas ilustraciones.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

La colección de libros de pequeño oso y pequeño tigre. Sapo y Sepo. También Elmer.

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 ¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

Había muchos libros en casa, yo los elegía. Mi abuela y mi madre me contaban muchos. En cuanto tenía algo de propina me compraba cómics.

¿Leía a escondidas?

Sí, todos los días! Bajo las sábanas, en el baño, andando por la calle, en el coche mareada….

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Tenía mis libros en casa. Leía también de la biblioteca de mis padres y de mis abuelos que vivían cerca y eran grandes lectores; se dedicaban al mundo del libro; eran traductores y autores de diccionarios y enciclopedias.

A la biblioteca no solía ir casi nunca y eso me da pena reconocerlo, pero creo que nunca lo necesité.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

Una vez que iba leyendo por la calle… me di un buen golpe contra una farola.

Otra anécdota… yo escribía y encuadernaba mis propios libros.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

El principito, La historia interminable, Peter Pan.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece bien. El caso es que los niños lean. Que no atraigan libros por su lenguaje, que tampoco llegan a ser clásicos pero que ya son un poco “antiguos”, creo que es una lástima.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que los niños deben leer en el colegio, pero muchos profes no son capaces de entusiasmar. Incluso a veces ni se leen ellos mismos los libros que recomiendan. Y además recomiendan a todos el mismo, lo que implica que ni conocen el gusto lector de sus alumnos. Debería existir la figura del bibliotecario escolar y que ellos fueran los que realizaran actividades lectoras.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Les leía todas las noches en la cama, lo que ellos querían y cuantas veces querían. Poniendo distintos finales, actuando con la voz, dejando que ellos inventaran también partes de la historia… haciéndoles partícipes de ese momento mágico. La lectura se mezclaba con la canción, con sus confidencias, con el rezo y el achuchón final del día. Creo que el recuerdo de la lectura no es algo independiente sino que forma parte del momento más cálido del día, más íntimo y maternal de tu infancia, como a mí misma me pasa.

Cuando fueron creciendo, su lectura era muy personal, nunca forzada, pero siempre orientada, porque yo había leído el libro y sabía qué le podía gustar.

En sus cuartos siempre hubo muchísimos libros que iban cambiando según crecían. Y ellos fueron comprando y eligiendo cosas que yo no hubiera elegido… pero es así.

Y ahora… ahora apenas leen. También es así.

Pero volverán. Y sobre todo, sé que leerán a sus hijos, con el mismo amor y entusiasmo con el que yo les leía.

Sobre Marta Higueras

Marta trabajó durante 21 años en el Grupo Santillana, 12 de ellos como la editora responsable de la línea de prescripción de Alfaguara Infantil y Juvenil. Está especializada en entornos digitales aplicados al mundo editorial y desde hace cinco años dirige una empresa de servicios editoriales, Enlaceditor. 

Además, es mi agente. Gracias a ella, Tinta encontró editor.

 

 

Cuestionario Nido de ratones: Gregorio Luri

¿Cuál era su libro favorito de niño?

La isla del tesoro y aún sigue siendo uno de mis libros favoritos.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Creo que podría recordar la mayoría de las ilustraciones de mi libro escolar, La enciclopedia Álvarez. ¡Cuánto tiempo dedicábamos los niños de mi generación –los años sesenta del siglo pasado- a contemplar las ilustraciones! Entonces las llamábamos “santos”. De hecho, para nosotros había dos clases de libros, los que tenían santos y los que no nos interesaban. Por eso nos fascinaban los tebeos.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Nadie.

¿Leía a escondidas? 

Sí, pero a partir de los doce o trece años, cuando mi familia me ingresó en un internado. Leía en la cama a escondidas, con una linterna, y en algunos escondites. Pero mi lugar preferido era la cumbrera del tejado. Muchos años después pasé por allí y descubrí que aquella era una actividad realmente peligrosa. Es la primera vez que cuento esto y espero que no lo lean mis nietos. ¿Pero el niño que no ha retado al peligro alguna vez a escondidas de los adultos, ha tenido infancia?

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

El primer libro me lo compré cuando tenía 14 años… no era precisamente un clásico… pero a finales de los 60, el adolescente que no había leído a Martín Vigil no era nadie.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

En casa éramos tan pobres que sólo había un libro y se guardaba como un objeto sagrado, en el armario de las sábanas nuevas. No hace mucho pagué una fortuna por un ejemplar en una librería de viejo de Barcelona. Ahora sé que es una joya pedagógica. Se trata de El libro de España, editado en 1928 siguiendo el modelo de Le Tour de la France par deux enfants, de la editorial marista FTD. Si autor era fray Justo Pérez de Urbel. El texto está repleto de “santos” ante los que me extasiaba mucho antes de saber leer.

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¿Qué tres libros para niños recomendaría?

No recomendaría ningún título en concreto, pero sí algunos criterios. Creo que un buen libro de literatura (y no meramente de entretenimiento) infantil no debe tener fobia ni a las subordinadas, ni a las descripciones, ni al vocabulario.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Es propio de la cursilería de nuestros tiempos, pero la corrección política y la literatura no tienen nada en común. La corrección política es a la literatura lo que el chiclé a la gastronomía. Es un instrumento de adoctrinamiento ideológico que no acepta ninguna realidad que pueda poner en cuestión determinados prejuicios. Recientemente tuve ocasión de leer un cuento en el que Blancanieves conoce a un chico que trabaja en una ONG, van juntos al bosque a recoger setas y avistar aves y comen bocadillos de tortilla.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Estoy convencido de que nos falta una didáctica seria de la literatura infantil y juvenil que se tome a la literatura, y no meramente a la lectura, en serio. Nuestros niños leen mucho, pero con un mero afán de entretenimiento y si se trata de entretenerse, no tardan en descubrir que hay otros entretenimientos más dinámicos. Por esto a los once años abandonan masivamente la lectura, especialmente los niños, lo cual nos lleva a otra cuestión políticamente incorrecta: ¿Les ofrecemos a nuestros adolescentes –insisto: a ellos- modelos literarios con los que puedan identificarse sin ruborizarse?

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Mis hijos están casados y tienen sus propios hijos. Yo intento contarles a mis nietos historias que me gusta inventarme. Les gustan mucho las que tienen que ver con mis viajes interestelares a mundos imposibles; las que vivo con mi amigo el Conde de Herzegovina; aquellas en las que me otorgo (seguro que Karl May no se opondría) el papel de Old Shatterhand, el amigo del apache mescalero Winnetou y las que tienen por protagonista a su abuela, pero estas han de quedar recluidas en el ámbito estrictamente familiar.

Sobre Gregorio Luri

Nacido en Azagra (Navarra) en 1955 y residente en El Masnou (Barcelona). Casado, padre de dos hijos y abuelo de dos nietos. Maestro, pedagogo, filósofo. 

Y yo (Paula) añado que tiene un blog, El café de Ocata, muy recomendable.

Cuestionario Nido de ratones: Rafa Latorre

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Es una pregunta difícil porque uno es niño durante varios años y los gustos van cambiando. Me encantaban las series de El Pequeño Nicolás y El Pequeño Vampiro. Recuerdo que me gustó mucho la primera de Fray Perico y no tanto las siguientes. Hay un libro del que sólo recuerdo el título y que me había entretenido muchísimo: El bandolero Hupsika.

Y el colegio me descubrió un libro entrañable en gallego: Memorias dun neno labrego. Su comienzo se me grabó para siempre: “Eu son Balbino. Un rapaz da aldea. Coma quen dis, un ninguén”. Yo creo ese comienzo es el “Call me Ishmael” de los gallegos.

 ¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Todavía tengo en casa una edición infantil de Moby Dick  ilustrada por Chiqui de la Fuente. Años después de haber abierto por primera vez esa historieta Moby Dick se convirtió en mi libro favorito y en una especie de obsesión.

Por supuesto disfrutaba como un loco con Mortadelo y Filemón. Tanto que me volví un talibán. No quería leer otro tebeo. Odiaba a Zipi y Zape, Rompetechos me parecía absurdo, el Botones Sacarino me aburría. Y lo que más odiaba eran aquellos sucedáneos de Mortadelo que no eran obra de Ibáñez y que Bruguera (ya Ediciones B en mi caso) te colocaba como relleno entre maravillas como El sulfato atómico y Chapeau el esmirriau.

De mi talibanismo comiquero sólo me curó el descubrimiento, ya adolescente, de Tintín.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre, sin duda. Nadie ha hecho más por convertirme en un lector. Su método es la insistencia. Cuando considera que un libro merece la pena se pone tan pesado que no tengo otro remedio que leerlo. Y casi siempre acierta. Tiene un gusto curioso pero muy fino. Es el tío más heterodoxo que conozco. Mucho más que yo, desde luego.

Él me recomendó Las siete columnas de Wenceslao Fernández Flórez, El vizconde demediado de Calvino, Un mundo feliz, 1984, Crónicas marcianas… Creo que los libros que más he disfrutado son los que me ha recomendado mi padre.

¿Leía a escondidas?

Me leí todo Crimen y Castigo mientras el padre Merayo dictaba apuntes de Filosofía. Utilicé otras asignaturas para leer lo que nos recomendaba la profesora de Literatura, a la que llamábamos ‘La Zamorano’ por su parecido, quizás sólo en nuestra malvada imaginación, con aquel delantero chileno del Real Madrid. Una gran persona y una excelente profesora. Fíjate hasta qué punto: en su clase nos portábamos fatal y un día, ya harta, nos quiso imponer un castigo. Nos dijo que durante ese curso ya no leeríamos a Shakespeare (creo que Romeo y Julieta) como las otras clases, que con ella no se juega y que nos íbamos a enterar. Esa ingenuidad tan maravillosa sólo puede venir de una buena persona y de una buena lectora.

En mi casa no era necesario esconderse para leer pero pasé algunas noches en vela y seguro que mis padres no lo habrían aprobado si lo hubieran sabido. Me ocurrió con 1984 de Orwell y con La máquina del tiempo de HG Wells. Tendría unos 14 o 15 años. No me he vuelto a enganchar así a la lectura.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Yo crecí rodeado de libros. Mis padres son grandes lectores y también mis abuelos lo fueron. Era muy raro que recomendaran algún libro en la escuela y no lo encontrara por ahí.

Con los años me hice comprador compulsivo de libros y ya he llegado a ese estado de adicto resignado que sabe que compra libros que jamás leerá.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Recuerdo que con 12 años empecé a escribir una novela picaresca claramente inspirada en el Lazarillo. Menos mal que se ha perdido porque yo la recuerdo buenísima y sería terrible que se confirmara mi creciente sospecha de que en realidad era horrenda.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Hay dos que recomendaría seguro. Pero no sé si son exactamente libros para niños porque tenemos una visión algo distorsionada de ellos. El primero es Alicia en el País de las Maravillas. Es una genialidad. No me atrevería a releer ninguno de los libros que me marcaron de niño, excepto éste y mi segunda recomendación: Peter Pan. Es una historia divertida sobre el valor y la amistad, que es al fin y al cabo de lo que tienen que hablar los libros para niños. Tiene uno de los finales más tristes, más aterradoramente melancólicos, de cuantos haya leído. Pero no todo lo que leen los niños ha de ser feliz. No debe.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No me gusta. Creo que esas lecturas deben acompañarse de notas y probablemente de la guía de un adulto pero no deben ser adulteradas. Uno de los valores de la literatura es el testimonio que ofrecen de un tiempo y de un lugar. Los niños también deben aprender que el mundo ha evolucionado, casi siempre para mejor.

Lo que quizás habría que revisar es el catálogo de libros de lectura obligatoria en las escuelas. Pero no porque La Celestina, pongamos por caso, sea políticamente incorrecta sino porque a determinadas edades puede resultar disuasoria.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que desviamos responsabilidades cuando achacamos al sistema educativo la falta de lectura de los jóvenes. El fomento de la lectura comienza en casa. Los libros ejercen sobre los niños una especie de condicionamiento pasivo. Basta con haya libros en casa y con que vean a sus padres manejarlos o hablar de ellos para que los niños los respeten. No sabría explicarlo mejor.

No sé cómo está planteado el fomento de la lectura en los colegios. Pero intuyo que para despertar la pasión por la lectura en los alumnos sobre todo hacen falta profesores apasionados por ella. El magisterio de un buen lector es el verdadero generador de lectores.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

No tengo hijos pero sí sobrinos y una ahijada a los que regaló muchos libros. Todos han salido grandes lectores. Seguro que no es por mi culpa pero me gusta pensar que algo he contribuido a ello.

Sobre Rafa Latorre

Rafael Latorre es de Pontevedra y sus opiniones son ambiguas. En una exhibición impúdica de galeguidade no se ha decantado por ningún medio y trabaja en la prensa, la radio y la televisión. Como aquí ha venido a hablar de libros, cree conveniente revelar un secreto: le habría gustado formar parte de la tripulación del Pequod, aun conociendo su fatal destino, pero se conforma con lo presente.

 

Nido de ratones: Óscar Monsalvo

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo haber leído muchas veces los tomos de Tintín y los de Asterix, y recuerdo también los libros de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro. Pero seguramente sería uno de éstos: El libro de la selva, La historia interminable o La princesa prometida.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

La verdad es que no. Leía libros y cómics, y éstos -salvo los Tintín y los Asterix- empecé a leerlos bastante más tarde.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre. No creo que tuviera un plan concreto, pero durante mucho tiempo se encargó de elegir los libros que leía: Ende, Stevenson y Kipling, Drácula, Moby Dick o El señor de las moscas, Chesterton, Dostoyevsky, Orwell, Camus… Casi siempre acertaba, y de hecho todavía hoy me avisa cuando hay una novela que merece la pena. Cuando ya tenía más años me dijo que leyera a Ellroy, después las novelas de Kerr sobre Bernie Gunther… siempre ha sido una fuente inagotable de referencias.

¿Leía a escondidas?

Sí, en la cama, porque compartía la habitación con mi hermano. Cuando estaba leyendo algo muy interesante me tapaba y usaba una linterna pequeña. Aunque es verdad que era muy incómodo y no aguantaba demasiado tiempo.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

No me hizo falta, había más libros en casa de los que podía leer. Por eso cuando mandaban leer algo en el colegio siempre intentaba que me dejasen llevar un libro de casa.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Solía llevar un libro al colegio y me dedicaba a leer en los recreos. Años después me empezó a gustar el fútbol, pero cuando era más pequeño me sentaba en algún sitio y leía. Recuerdo que un día no oí el timbre y me quedé leyendo en el patio. Cuando me di cuenta subí a clase y la profesora estaba buscándome por los pasillos. No recuerdo en qué curso fue, pero sí que el libro era Jim Botón y Lucas el maquinista.

También recuerdo que un año el profesor de Lengua nos pidió que llevásemos un libro de casa para hacer una biblioteca en clase. Teníamos que leer libros de los que llevaban los demás alumnos. Yo llevé El guardián entre el centeno y lo destrozaron. Había varios alumnos jugando y uno de ellos le lanzó el libro a otro alumno, como quien lanza un estuche. El libro estaba ya bastante estropeado y se despegaron varias páginas. Mi padre compró otra edición y yo aprendí que no es recomendable prestar libros a cualquiera.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Creo que depende del niño. Y también que los recomendaría teniendo en cuenta los que me han gustado a mí. La isla del tesoro y El libro de la selva desde luego. Pero también Drácula, La historia interminable o incluso El señor de las moscas.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Que no merece la pena. Los libros son lo que son, manipularlos para que digan lo que no dicen es una falta de respeto hacia el libro y hacia el niño.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que no. Creo que se ha devaluado la lectura. He visto algunos de los libros que mandan leer y no veo qué sentido tiene, qué es lo que se busca. Son historias planas, muchas veces con una moralina facilona, producidos para los colegios. Aunque también es posible que sea sólo una continuación de algo que empezó mucho antes, y seguramente hay colegios en los que está bien planteado porque los profesores se lo toman en serio.

De todas maneras, no sé si el colegio es el mejor lugar para fomentar la lectura. Sospecho que eso tiene que empezar en casa.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Con demasiada antelación, me temo. Aún no tengo hijos, pero llevo años dándole vueltas.

Sobre Óscar Monsalvo

Óscar Monsalvo nació en Bilbao hace 35 años, y jamás imaginó que algún día hablaría de sí mismo en 3ª persona. Estudió Filosofía, da clase en Bachillerato cuando le llaman y, de vez en cuando, escribe en su blog.

Cuestionario Nido de ratones: Juan Claudio de Ramón

¿Cuál era su libro favorito de niño?

No hay duda posible. Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie. Es mucho lo que debo a Christie. Sus novelas fueron el opio de mi infancia. No sólo me aficionaron para siempre a la lectura. Me gusta pensar también que me encaminaron al estudio de la filosofía. Como decía Umberto Eco, la novela policiaca y la filosofía se ocupan al cabo del mismo asunto: descubrir al culpable.

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El ejemplar de la foto es el original de Juan Claudio de Ramón.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Nada en concreto, de modo que tomo en préstamo un recuerdo de mi mujer: Sol Solet. Una maravillosa edición, puramente onírica, conmemorativa de un espectáculo de Els Comediants. El libro es una especie de objeto de culto entre catalanes que fueron niños en los años ochenta. Mi mujer pensaba haberlo perdido y dio saltos de alegría cuando apareció en una vieja caja.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

 El “toma y lee” de San Agustín es el gran momento de la amistad y un acto civilizatorio capital. En mi caso, fue mi madre quien me puso en las manos las novelitas de Enid Blyton. Mi padre lo hizo con las de Salgari, pero tuvo menos éxito.

¿Leía a escondidas? 

 En casa no. En clase, sí. Pero sobre todo en la universidad, si la clase era aburrida.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

 Fui muy afortunado. Mis padres son lectores insaciables. Siempre los veía leyendo. En mi casa las paredes estaban forradas de libros. Recuerdo que uno de los momentos de íntima felicidad durante mi infancia y adolescencia era pasearme por la biblioteca familiar, inspeccionado los anaqueles, en busca de estímulos. El arte de hojear libros es secundario respecto del de leerlos, pero también rinde su placer y beneficio.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

 Recuerdo el chasco de descubrir que ir siempre con un libro por la vida no era cosa que necesariamente fuera a impresionar a las chicas.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Mi hija mayor tiene todavía tres años. Supongo que a su momento me gustaría darle a probar algunas de las cosas que leí yo. El mundo cambia, pero no creo que Agatha Christie o Tintín hayan envejecido. Un chaval todavía puede leerlos con agrado. Lo último que leí de literatura juvenil siendo ya adulto fue la saga de Harry Potter, que me gustó mucho. Pero ella tendrá sus referentes que yo desconozca. Luego hay libros que no recomendaría, como El Principito, libro ponzoñoso que induce a la melancolía.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No tengo un criterio fijo y creo que debemos sopesar caso a caso. Por ejemplo, es obvio que muchos cuentos clásicos están impregnados de valores que hoy repelen. El otro día me hija me pidió leer La Bella Durmiente, y, mientras lo hacía, sentí grima ante la idea de un príncipe que salva a las mujeres con un beso. ¿Qué hacemos? ¿Abandonamos el repertorio tradicional? Me parecería mejor que enmendar los textos, porque corremos el riesgo de que sea la moda ideológica y no el buen sentido el que dicte la enmienda. Pero la opción buena es la de ampliar el repertorio: que los niños vean a hombres y mujeres de todo tipo y condición en roles diversos. Hay dibujos animados que lo hacen, como la Doctora Juguetes, que ha recibido premios por mostrar a una protagonista negra que por primera vez no es ni artista ni deportista, sino médico.

Luego están los casos que afectan a elementos centrales del canon, en los que soy muy reacio al cambio. Sospecho que Mark Twain, un autor antirracista, difícilmente toleraría que la palabra “nigger” fuera expurgada de sus novelas. Pero es que son novelas de iniciación, y parte de esa iniciación consiste en conocer la parte amarga de la existencia. Eso no lo vas a lograr si acolchas cada lugar áspero del canon para que nadie se haga daño. Porque tenemos que hacernos daño. Los niños se merecen recibir el canon auténtico, y no uno penitente y enervado; por ese camino terminamos arrojando al purgatorio a Homero, porque su mundo y sus héroes son muy violentos. Pero para contextualizar la lectura ya están las ediciones anotadas y los maestros.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

 A la vista de los índices de lectura de los españoles, es obvio que está mal planteado. Mi amigo Daniel Capó dice que podría haber clases dedicadas enteramente a leer en voz alta novelas, lo que me parece una idea excelente. En todo caso, hay un trabajo de estímulo que nos toca a los padres en casa.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Leer cada noche con mi hija es una dulce rutina. Ambos lo disfrutamos y lo exigimos. Además, me ha permitido descubrir el maravilloso mundo del libro infantil ilustrado, donde se hacen cosas de una belleza notable.

Supongo que el problema con ella y con su hermano será pronto el mismo que con nosotros, los adultos: cómo lograr que la socialización en Internet no cancele el tiempo y la aptitud para la lectura, que es una disciplina solitaria. Y que incluye, por cierto, un componente de tedio en el que también hay que adiestrarse. No es cierto que cualquier rato de lectura equivalga a un rato de placer: hay páginas en las que no pasa nada, pero es importante seguir leyéndolas, porque la mente sigue ejercitándose. Al cabo, esas páginas son, como decía Borges de algunas páginas de Proust, reflejo de la vida, donde también hay días en los que no pasa nada y hemos de seguir cumpliendo con nuestros deberes.

Sobre Juan Claudio de Ramón

Juan Claudio de Ramón es diplomático español, licenciado en derecho y filosofía. Escribe habitualmente columnas de opinión en medios como El País, Jotdown, Letras Libres o The Objective. Es padre de dos y actualmente vive en Roma.

*La foto de la cabecera es de Gaia@ranocchieprincipese.com.

Cuestionario Nido de ratones: Jose María Albert de Paco

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Misterio en la casa deshabitadade Enid Blyton.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Tom Sawyer detective, de Historias Selección de Bruguera.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mis padres.

¿Leía a escondidas? (En clase, en la cama cuando ya habían apagado la luz…)

A escondidas, lo que se dice a escondidas, sólo he leído periódicos. Resulta que a los 9-10 años ya leía el As (los martes, As Color), y mi padre lo consideraba un vicio demasiado adulto para mi edad.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Iba a la biblioteca, tenía libros en casa y pedía que me los compraran.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Un día descubrí que abrigaban.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

La ola, de Suzy Lee; Una sopa de piedrade Anais Vaugelade, y Princesas olvidadas o desconocidasde Philipp Lechermeier y Rébecca Dautremer. (No es que sea un experto, no, es que tuve una novia que era editora de libros infantiles y algo se me pegó.)

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pueril.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Si me atengo a mi hija pequeña, de 12, diría que bien; si a la mayor, de 15, que mal. Y las dos van al mismo colegio. Sí recuerdo, en mi caso, que el tiempo que dedicábamos a la lectura (ya fuera en clase o en la biblioteca) solía ser una recompensa, nunca un castigo.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Cuando me comunico con ellas por whatsapp, trato de escribir con corrección, limpieza y gusto.

Sobre Jose María Albert de Paco

Periodista. Una vez me hice el rosco del pasapalabra, pero no tengo más testigo que mi gata.

Cuestionario Nido de ratones: Javier Alvira

¿Cuál era su libro favorito de niño?

De niño, creo que mis libros favoritos eran todos los relacionados con animales y naturaleza: guías, cuadernos de campo y enciclopedias de fauna que devoraba al volver del cole. Estaba especialmente orgulloso de una Guía del naturalista de Gerald Durrell que mis hijos han heredado con manchas de Nocilla de los años ochenta. El libro abría con una foto del autor a los diez años y con una lechuza en su brazo que me tenía impresionado. Al margen de ellos, y además de Asterix, Mortadelos y demás maravillas de Bruguera, recuerdo especialmente El maravilloso viaje de Nils Holgersson, que leímos en voz alta en clase durante meses, La historia interminable, que me hizo ver que podía leer trescientas páginas sin esfuerzo, y uno de un chaval que viajaba en el tiempo al puerto de Barcelona en 1714, que cogí de la estantería de mi hermano y que nunca he sabido de quién era ni cómo se titulaba, y quizá por eso lo recuerdo como algo especial.

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¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Eran más historietas que otra cosa, pero tengo especial cariño a las Joyas Literarias Juveniles, que hicieron que Julio Verne, Emilio Salgari, Karl May o Walter Scott fueran nombres tan familiares para nosotros como Ibáñez, Escobar o Uderzo. Con lo intensos que somos ahora, si viéramos a nuestros hijos intercambiar con sus amigos historias de Stevenson, Dickens o Defoe, creo que seríamos insoportables, pero la gracia de aquel momento es que lo hacíamos con toda naturalidad.

Como Libro ilustrado más digno de ese nombre, recuerdo Los Gnomos de Huygens, con esas ilustraciones de Rien Poortvliet tan realistas que hacían imposible pensar que no las hubiera copiado del natural.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Supongo que en casa, pero más que recomendar, los ponían a mí alcance en mi habitación, en las de mis hermanos o en una librería camino del baño, el mejor sitio sin duda para poner libros en una casa con niños. La verdad es que salvo casos contados de hermanos y amigos no recuerdo recomendaciones expresas, salvo las de un familiar, profesor con varios libros de pedagogía a sus espaldas, que con su mejor intención me regalaba unos libros que me parecían un tostón.

¿Leía a escondidas? 

Leía en casi todas partes y casi todo lo que caía en mis manos, incluyendo el bote de champú o entradas aleatorias de la enciclopedia Espasa, pero no recuerdo leer a escondidas más allá de seguir cuando todos estaban dormidos. Lo que sí me hace gracia es ver cómo las prohibiciones que antes afectaban a los libros, del tipo “no se lee en la mesa”, ahora las aplicamos a las pantallas y suspiramos porque ojalá fueran libros. Me cuesta mucho más de lo que le costaba a mis padres decir “anda, deja el libro y apaga la luz”.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Afortunadamente tenía libros en casa, tanto por afición paterna como por tener varios hermanos mayores, así que tenía donde elegir. Por suerte, además, la biblioteca de mi colegio era grande y estaba bien surtida. Allí descubrí al pequeño Nicolás, a Lucky Luke, a un duende llamado Pumuki que me encantaba y a unos cuantos más. Siempre en día de lluvia, que era cuando la frecuentábamos, y siempre sin otra recomendación salvo tenerlos a la vista. Antes que empezase a comprar, los primeros libros que recuerdo “elegir” eran los Asterix a los que tenía derecho cuando me ponía malo – un té y un Asterix nuevo era la receta comodín de mi madre-. Allí en la cama con mi té y decidiendo el próximo título en el menhir de Obelix me sentía el rey del mambo.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Pues recuerdo que mi lugar favorito para leer era el único sitio donde el hermano pequeño de una familia numerosa estaba a salvo, es decir, la única habitación con pestillo: vamos, el baño. A partir de ahí han salido bastantes historias. Alguna vez confundieron mis carcajadas con los Superhumor de Bruguera con gritos de auxilio y alguna que otra vez, según me han contado, mi indecisión ante la librería de paso resultó ser fatal.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Cualquiera que tuviera algo de fantasía, sobre todo cuando son más pequeños y se los lees tú. Uno de mis hijos dice que las leyendas son aquello que nadie puede decir qué es verdad y nadie qué no es verdad. Todo lo que esté en esa zona gris les atrapa enseguida y les abre mil puertas, y por eso cualquier buena edición de cuentos clásicos y populares me parece una excelente opción. La colección de Siruela de cuentos chinos, alemanes, británicos, de la India y de otros países es una maravilla. Entre ellos están los Cuentos Populares Españoles en edición de J.M. Guelbenzu o los Cuentos Españoles de Antaño de Felipe Alfau, uno de mis favoritos. Además es curioso ver – y que ellos vean- cómo muchos cuentos tiene raíces comunes y se repiten con pequeñas variantes en España, Alemania o la India, y los niños los detectan enseguida aunque cambie un lobo por un tigre.

Para cuando son un poco más mayores, cualquiera de Astrid Lindgren: Miguel el Travieso, Los Hermanos Corazón de León, Los niños de Bullerbyn o Pippi Calzaslargas son una gozada y les encantan.

Y en tercer lugar, alguno que les saque un poco de tanto libro correcto y educacional, como por ejemplo ¡Abajo el colejio! de Geoffrey Willans, un libro con mucha mala baba que además tiene unas ilustraciones divertidísimas. Cualquier niño disfrutará viendo faltas de ortografía, profesores con cepos de hierro y demás barbaridades.

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Y hablando de libro ilustrado añadiría la colección de clásicos ilustrados por Robert Ingpen en Blume: El Mago de Oz o Las Aventuras de Tom Sawyer son una delicia.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pues me parece una bobada y no creo que nadie reconozca que le parece bien, pero lo cierto es que mucho de lo que mostramos a nuestros hijos está dulcificado como poco, desde Walt Disney a las ediciones de los cuentos de Grimm o Andersen. Es todo muy ridículo, pero antes nos escandalizaba el sexo y ahora el sexismo. Yo mismo me he saltado párrafos o líneas al leer en voz alta a mis hijos, pero una cosa es la opción personal de los padres –el párrafo que hoy me salto lo puedo leer más adelante, cuando pueda acompañarlo de una explicación que el niño entienda, o ya lo leerá por sí solo- y otra meter la tijera a un autor. Si nos ponemos muy correctos no salvamos a casi nadie, mucho menos a los clásicos, y veo por ahí bastantes libros que de puro bienintencionados son muy cursis. Creo que retocar Los Cinco es un caso extremo de memez, pero también es verdad que algunos padres o incluso colegios pueden rechazar libros por esto o aquello, o guiarse por determinadas calificaciones, y le hacen un roto a la editorial. Supongo que por ahí van los tiros.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

En el caso de mis hijos, por lo que veo funcionan bien las bibliotecas de aula, donde todos llevan sus libros favoritos y están obligados a leer los de los demás. Si a eso se añaden las recomendaciones de los profesores, el resultado está bastante bien. No es un sistema perfecto y echo en falta algunas cosas, pero lo veo razonablemente bien. Antes de tener hijos creía que la cosa estaba mucho peor.

Más que el enfoque del colegio, me preocupa la fascinación que tienen los niños por las pantallas, que arrasa con todo, y la obsesión que tenemos todos por la sociabilidad, que nos hace ver rara la imagen de un niño solo con un libro. Creo que en esas dos cosas tenemos que pensar un poco más.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Lo asumimos como una parte fundamental de su educación. No sólo por lo que supone tener una buena comprensión lectora sino, y sobre todo, por todos los mundos que les puede descubrir. Lo cierto es que lo tomamos como una obligación más, así que entra en el reparto junto a otras tareas importantes y esta me ha tocado a mí. Sin mucho esfuerzo, porque lo disfruto tanto o más que ellos, les he leído desde muy pequeños, casi todas las noches, hasta convertirlo en un ritual muy esperado. El mayor quería aprender a leer “para leerse todos los libros del mundo”, así que nos sorprendió que el mediano, expuesto a exactamente lo mismo, dijera que odiaba leer y que no quería saber nada de los libros. La buena noticia es que seguía queriendo escuchar historias todas las noches, así que seguí contándole cuentos sin insistir en la lectura, hasta que un buen día dio con un libro que le interesó y dijo “¿Sabes qué? Ya me gusta leer”. No sé qué pasará con la pequeña, pero por lo visto hasta ahora, nuestra receta será leerla todas las noches y no insistir en que lea, sino que vea que de los libros salen muchas cosas fantásticas. Eso, y dejarle un cajón repleto de libros junto a su cama para que pique.

Sobre Javier Alvira

Javier Alvira ha dejado unos comentarios entretenidísimos en las entradas de Astrid Lindgren y se ha ganado el solito un lugar entre los entrevistados de Nido de ratones. Es de Madrid, tiene tres hijos y no ve el momento de llegar a casa y contarles un cuento.

*La foto de la cabecera es de los dos niños mayores de Javier en La Central de Callao y da muy buen rollo.

 

Cuestionario Nido de ratones: Montse Ganges

¿Cuál era su libro favorito de niño?

La serie de Los cinco, de Enid Blyton.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Los de una colección de Editorial Brughera dedicada a grandes clásicos, que intercalaban páginas de puro texto con páginas de cómic. Había de todo: de Mujercitas a Moby Dick, pasando por Jules Verne, Sissí Emperatriz o Kipling. En casa llegamos a reunir bastantes títulos. 

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre era un gran lector. Con sus escasos medios dedicó mucho tiempo y esfuerzo a hacerse con una buena biblioteca. Era su tesoro y era algo vivo: la retocaba constantemente y ampliaba en lo que podía. Más que recomendar, a veces comentaba entusiasmado lo que tenía entre manos. Era como un momento de expansión incontrolada; si lo pillabas, bien. Y si él te pillaba leyendo cualquiera de sus libros, fuera el que fuese, se llevaba una gran alegría. Inmediatamente te volvías más interesante a sus ojos. 

¿Leía a escondidas?

No; en mi casa leer era quizá la única actividad que te podía dispensar de cumplir órdenes o normas.  

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Comprábamos libros de primera y segunda mano. Algunos se revendían o cambiaban. Había mucho “tráfico”.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Mi padre murió cuando yo tenía once años. Me propuse leer toda su biblioteca; cosa que, por supuesto, no cumplí. Pero sí que me tragué varios estantes de tochos que seguramente no entendí, pero que me sentaron muy bien y me hicieron mucha compañía.  

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Alicia en el País de las Maravillas, Alicia en el país de las Maravillas y Alicia en el País de las Maravillas. Y todo Roald Dahl.

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 Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Una tontería.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que nuestro sistema educativo necesita, desde hace ya tiempo, un buen cambio. Como hace muchos años que me dedico a la didáctica de la lectura, y es un tema que me apasiona, para no escribir aquí más que en todo el resto del cuestionario junto, remito a los interesados a este blog: https://metodomiramira.wordpress.com/

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Igual que, por ejemplo, el cine, pasear, el Lego, la comida o cualquier otra cosa que nos guste. Está por ahí todo el rato. Simplemente lo disfrutamos, juntos o por separado.

Sobre Montse Ganges

Montse Ganges es escritora de LIJ y especialista en Didáctica de la lectura. Su último libro, Lo que cuentan las estatuas del mundo,  fue seleccionado para el prestigioso catálogo internacional White Ravens, con los mejores libros de 2015.