Lecturas suecas (II): A World Gone Mad. The Diaries of Astrid Lindgren 1939-1945

Este libro está deliciosamente escrito, como todo lo de Astrid Lindgren. Escribe recto, sencillo, bien. Mientras leía iba subrayando cosas (como siempre). Subrayo porque tengo muy mala memoria y me da coraje que se me olviden las cosas que me gustan o me llaman la atención, y también subrayo lo que no entiendo para buscarlo más tarde. A veces no hago más que subrayar…

Aquí algunas de las cosas con las que me quedo de este libro.

Quisling. La primera vez que me encontré con esta palabra fue hace unos meses, leyendo a Orwell, y la tuve que subrayar (porque no sabía lo que significaba). Quiere decir traidor y no se me olvida porque es una palabra curiosa y porque Orwell la usa con frecuencia. Lo que no sabía es de dónde venía, pero ahora ya lo sé: viene de Vidkun Quisling, el ministro presidente noruego que colaboró con Hitler durante la II Guerra Mundial. Leyendo un poco sobre él me he encontrado con que unos años antes trabajó estrechamente con el explorador Fridtjof Nansen durante la hambruna rusa de 1921, y después en varios proyectos más. Tampoco sabía que Nansen, además de guapo y explorador, recibió el Premio Nobel de la Paz por su labor humanitaria. Astrid Lindgren, George Orwell, Vidkun Quisling y Fridtjof Nansen todos en un mismo párrafo; me encantan estas cosas.

ESTUDIO DE ALBERT ENGSTROM2
El estudio de Albert Engström. Foto del blog seventeendoors.

Albert Engström. A este señor tampoco lo conocía. Murió en noviembre de 1940. En la entrada del día 17 de ese mes, Lindgren escribió: “Albert Engström murió anoche. El tercero de nuestros tres grandes: primero Selma Lagerlöf, luego Heidenstam y ahora Albert, todos en un año. Era hijo del primo de abuela, si es que se puede presumir de algo así, como dijo Mrs V.”.

Resulta que Engström fue un artista y escritor sueco alumno de Carl Larsson. Además, nació en Lönneberga, que es de donde era Miguel el travieso. En su página de Wikipedia dice que se movía “as softly and quietly as a bear” (es decir, tan suave y silenciosamente como un oso, más o menos). Además de su conexión con Carl Larsson y con Selma Lagerlöf, lo que más me ha gustado de descubrir a este hombre es su estudio en el archipiélago de Estocolmo. Estas cosas me dan mucha envidia.

El rey Boris III de Bulgaria. Este señor se ha convertido en mi personaje histórico protagonista de muerte misteriosa favorito. Murió en circunstancias extrañas el 28 de agosto de 1943, a la vuelta de una reunión con Hitler. Oficialmente, de una angina de pecho, pero extraoficialmente… ¡no se sabe! La curiosidad me corroe.

Setas. En Suecia se pueden coger setas en verano.

El jerez. Esta señora, además de escribir muy bien, tenía buen gusto y sabía cómo celebrar bien cualquier acontecimiento: con jerez. Aquí las menciones sobre el vino que aparecen en su libro, siempre asociadas a cosas buenas; cómo le habría gustado esto a mi abuelo Mauricio.

“La cena en casa de los Viridéns por el cumpleaños de Alli. Jerez con la sopa y con el postre.” (17 de febrero de 1944)

“Ayer tomé un jerez muy elegante porque estábamos celebrando nuestro aniversario de boda.” (16 abril 1944)

“¡Es el día de la victoria en Europa! ¡La guerra ha terminado! ¡La guerra ha terminado! ¡LA GUERRA HA TERMINADO! (…) Sture no viene a cenar hoy pero nos ha mandado una botella de jerez para que celebremos la paz. Está sonando The Star-Spangled Banner en la radio. He estado bebiendo jerez con Linnéa y Lars y estoy un poco mareada. Es primavera y el sol brilla en este bendito día y la guerra ha terminado. (…) Me tomé una copa de jerez con Esse también.” (7 mayo 1945)

ASTRID LINDGREN TREPANDO POR UN ÁRBOL
Esta foto la pongo aquí porque me encanta. Eso mismo quiero estar haciendo yo cuando llegue a esa edad.

*La foto de la cabecera es del fotógrafo sueco K.W. Gullers

*Este libro me lo regaló mi amiga Ximena en Navidad. El de Tove Jansson fue una recomendación suya. Y hace tres semanas estuvimos en su casa de Évora para conocer a unos suecos encantadores que estaban trabajando allí con José, su marido.

 

 

 

 

 

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Cuestionario Nido de ratones: Rafa Latorre

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Es una pregunta difícil porque uno es niño durante varios años y los gustos van cambiando. Me encantaban las series de El Pequeño Nicolás y El Pequeño Vampiro. Recuerdo que me gustó mucho la primera de Fray Perico y no tanto las siguientes. Hay un libro del que sólo recuerdo el título y que me había entretenido muchísimo: El bandolero Hupsika.

Y el colegio me descubrió un libro entrañable en gallego: Memorias dun neno labrego. Su comienzo se me grabó para siempre: “Eu son Balbino. Un rapaz da aldea. Coma quen dis, un ninguén”. Yo creo ese comienzo es el “Call me Ishmael” de los gallegos.

 ¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Todavía tengo en casa una edición infantil de Moby Dick  ilustrada por Chiqui de la Fuente. Años después de haber abierto por primera vez esa historieta Moby Dick se convirtió en mi libro favorito y en una especie de obsesión.

Por supuesto disfrutaba como un loco con Mortadelo y Filemón. Tanto que me volví un talibán. No quería leer otro tebeo. Odiaba a Zipi y Zape, Rompetechos me parecía absurdo, el Botones Sacarino me aburría. Y lo que más odiaba eran aquellos sucedáneos de Mortadelo que no eran obra de Ibáñez y que Bruguera (ya Ediciones B en mi caso) te colocaba como relleno entre maravillas como El sulfato atómico y Chapeau el esmirriau.

De mi talibanismo comiquero sólo me curó el descubrimiento, ya adolescente, de Tintín.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre, sin duda. Nadie ha hecho más por convertirme en un lector. Su método es la insistencia. Cuando considera que un libro merece la pena se pone tan pesado que no tengo otro remedio que leerlo. Y casi siempre acierta. Tiene un gusto curioso pero muy fino. Es el tío más heterodoxo que conozco. Mucho más que yo, desde luego.

Él me recomendó Las siete columnas de Wenceslao Fernández Flórez, El vizconde demediado de Calvino, Un mundo feliz, 1984, Crónicas marcianas… Creo que los libros que más he disfrutado son los que me ha recomendado mi padre.

¿Leía a escondidas?

Me leí todo Crimen y Castigo mientras el padre Merayo dictaba apuntes de Filosofía. Utilicé otras asignaturas para leer lo que nos recomendaba la profesora de Literatura, a la que llamábamos ‘La Zamorano’ por su parecido, quizás sólo en nuestra malvada imaginación, con aquel delantero chileno del Real Madrid. Una gran persona y una excelente profesora. Fíjate hasta qué punto: en su clase nos portábamos fatal y un día, ya harta, nos quiso imponer un castigo. Nos dijo que durante ese curso ya no leeríamos a Shakespeare (creo que Romeo y Julieta) como las otras clases, que con ella no se juega y que nos íbamos a enterar. Esa ingenuidad tan maravillosa sólo puede venir de una buena persona y de una buena lectora.

En mi casa no era necesario esconderse para leer pero pasé algunas noches en vela y seguro que mis padres no lo habrían aprobado si lo hubieran sabido. Me ocurrió con 1984 de Orwell y con La máquina del tiempo de HG Wells. Tendría unos 14 o 15 años. No me he vuelto a enganchar así a la lectura.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Yo crecí rodeado de libros. Mis padres son grandes lectores y también mis abuelos lo fueron. Era muy raro que recomendaran algún libro en la escuela y no lo encontrara por ahí.

Con los años me hice comprador compulsivo de libros y ya he llegado a ese estado de adicto resignado que sabe que compra libros que jamás leerá.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Recuerdo que con 12 años empecé a escribir una novela picaresca claramente inspirada en el Lazarillo. Menos mal que se ha perdido porque yo la recuerdo buenísima y sería terrible que se confirmara mi creciente sospecha de que en realidad era horrenda.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Hay dos que recomendaría seguro. Pero no sé si son exactamente libros para niños porque tenemos una visión algo distorsionada de ellos. El primero es Alicia en el País de las Maravillas. Es una genialidad. No me atrevería a releer ninguno de los libros que me marcaron de niño, excepto éste y mi segunda recomendación: Peter Pan. Es una historia divertida sobre el valor y la amistad, que es al fin y al cabo de lo que tienen que hablar los libros para niños. Tiene uno de los finales más tristes, más aterradoramente melancólicos, de cuantos haya leído. Pero no todo lo que leen los niños ha de ser feliz. No debe.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No me gusta. Creo que esas lecturas deben acompañarse de notas y probablemente de la guía de un adulto pero no deben ser adulteradas. Uno de los valores de la literatura es el testimonio que ofrecen de un tiempo y de un lugar. Los niños también deben aprender que el mundo ha evolucionado, casi siempre para mejor.

Lo que quizás habría que revisar es el catálogo de libros de lectura obligatoria en las escuelas. Pero no porque La Celestina, pongamos por caso, sea políticamente incorrecta sino porque a determinadas edades puede resultar disuasoria.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que desviamos responsabilidades cuando achacamos al sistema educativo la falta de lectura de los jóvenes. El fomento de la lectura comienza en casa. Los libros ejercen sobre los niños una especie de condicionamiento pasivo. Basta con haya libros en casa y con que vean a sus padres manejarlos o hablar de ellos para que los niños los respeten. No sabría explicarlo mejor.

No sé cómo está planteado el fomento de la lectura en los colegios. Pero intuyo que para despertar la pasión por la lectura en los alumnos sobre todo hacen falta profesores apasionados por ella. El magisterio de un buen lector es el verdadero generador de lectores.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

No tengo hijos pero sí sobrinos y una ahijada a los que regaló muchos libros. Todos han salido grandes lectores. Seguro que no es por mi culpa pero me gusta pensar que algo he contribuido a ello.

Sobre Rafa Latorre

Rafael Latorre es de Pontevedra y sus opiniones son ambiguas. En una exhibición impúdica de galeguidade no se ha decantado por ningún medio y trabaja en la prensa, la radio y la televisión. Como aquí ha venido a hablar de libros, cree conveniente revelar un secreto: le habría gustado formar parte de la tripulación del Pequod, aun conociendo su fatal destino, pero se conforma con lo presente.

 

Nido de ratones: Óscar Monsalvo

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo haber leído muchas veces los tomos de Tintín y los de Asterix, y recuerdo también los libros de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro. Pero seguramente sería uno de éstos: El libro de la selva, La historia interminable o La princesa prometida.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

La verdad es que no. Leía libros y cómics, y éstos -salvo los Tintín y los Asterix- empecé a leerlos bastante más tarde.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre. No creo que tuviera un plan concreto, pero durante mucho tiempo se encargó de elegir los libros que leía: Ende, Stevenson y Kipling, Drácula, Moby Dick o El señor de las moscas, Chesterton, Dostoyevsky, Orwell, Camus… Casi siempre acertaba, y de hecho todavía hoy me avisa cuando hay una novela que merece la pena. Cuando ya tenía más años me dijo que leyera a Ellroy, después las novelas de Kerr sobre Bernie Gunther… siempre ha sido una fuente inagotable de referencias.

¿Leía a escondidas?

Sí, en la cama, porque compartía la habitación con mi hermano. Cuando estaba leyendo algo muy interesante me tapaba y usaba una linterna pequeña. Aunque es verdad que era muy incómodo y no aguantaba demasiado tiempo.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

No me hizo falta, había más libros en casa de los que podía leer. Por eso cuando mandaban leer algo en el colegio siempre intentaba que me dejasen llevar un libro de casa.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Solía llevar un libro al colegio y me dedicaba a leer en los recreos. Años después me empezó a gustar el fútbol, pero cuando era más pequeño me sentaba en algún sitio y leía. Recuerdo que un día no oí el timbre y me quedé leyendo en el patio. Cuando me di cuenta subí a clase y la profesora estaba buscándome por los pasillos. No recuerdo en qué curso fue, pero sí que el libro era Jim Botón y Lucas el maquinista.

También recuerdo que un año el profesor de Lengua nos pidió que llevásemos un libro de casa para hacer una biblioteca en clase. Teníamos que leer libros de los que llevaban los demás alumnos. Yo llevé El guardián entre el centeno y lo destrozaron. Había varios alumnos jugando y uno de ellos le lanzó el libro a otro alumno, como quien lanza un estuche. El libro estaba ya bastante estropeado y se despegaron varias páginas. Mi padre compró otra edición y yo aprendí que no es recomendable prestar libros a cualquiera.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Creo que depende del niño. Y también que los recomendaría teniendo en cuenta los que me han gustado a mí. La isla del tesoro y El libro de la selva desde luego. Pero también Drácula, La historia interminable o incluso El señor de las moscas.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Que no merece la pena. Los libros son lo que son, manipularlos para que digan lo que no dicen es una falta de respeto hacia el libro y hacia el niño.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que no. Creo que se ha devaluado la lectura. He visto algunos de los libros que mandan leer y no veo qué sentido tiene, qué es lo que se busca. Son historias planas, muchas veces con una moralina facilona, producidos para los colegios. Aunque también es posible que sea sólo una continuación de algo que empezó mucho antes, y seguramente hay colegios en los que está bien planteado porque los profesores se lo toman en serio.

De todas maneras, no sé si el colegio es el mejor lugar para fomentar la lectura. Sospecho que eso tiene que empezar en casa.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Con demasiada antelación, me temo. Aún no tengo hijos, pero llevo años dándole vueltas.

Sobre Óscar Monsalvo

Óscar Monsalvo nació en Bilbao hace 35 años, y jamás imaginó que algún día hablaría de sí mismo en 3ª persona. Estudió Filosofía, da clase en Bachillerato cuando le llaman y, de vez en cuando, escribe en su blog.