Madita

No me he leído todo lo de Astrid Lindgren ni de lejos, pero prefiero 100 veces Madita a Pippi Calzaslargas, que siempre me ha cargado un poco (también me gusta, pero mucho menos). De hecho, prefiero Madita a cualquier libro, así que es una comparación algo tramposa.

De pequeños tuvimos una aupair sueca, Katarina, que además de ser cariñosa, guapa y simpática, nos descubrió los libros de Lindgren y las acuarelas de Carl Larsson (1853-1919). Mi hermana Bibi la recuerda leyéndonos Madita, cosa que yo he olvidado, inexplicablemente. Pero bueno, gracias a ella sé que pasó, y con eso basta.

Terminamos de leerlo hace algunos días, y Lucas y Violeta han decidido que les gusta más que Miguel el travieso; de hecho, estamos con la segunda parte, Madita y Lisabet, pegándonos un buen atracón de leer todas las noches.

De dónde sale Madita

Madita (Madicken, en sueco) era el apodo de Anne-Marie Fries (Ingerström de soltera), una amiga de Lindgren. Fries vivía cerca de casa de la escritora cuando eran pequeñas. Un día, pasó por delante de Lindgren empujando un aro de metal y ésta le preguntó que adónde iba. Entonces se fueron a casa de Fries y desde ese día se hicieron mejores amigas.

 

A Lindgren y a Fries les gustaba trepar a los árboles y subirse a los tejados, y los juegos que aparecen en Madita son los mismos a los que solían jugar ellas de chicas. Fueron amigas toda la vida, e incluso trabajaron en la misma editorial. Cuando Fries ingresó en el hospital en el que pasó los dos últimos años de su vida, Lindgren iba a visitarla todas las semanas. Según ella, solo se pelearon una vez, cuando tenían 9 años, y se les pasó pronto.

Bicheando he descubierto que la hija de Fries, Lena Fries-Gedin, es la traductora de Harry Potter al sueco, entre otros muchos libros (muchísimos, tiene 84 años, así que le ha dado para un montón).

La hermana pequeña de Madita, Lisabet, que es de mis personajes favoritos (graciosísima) tiene mucho en común con Stina, la hermana pequeña de Lindgren.

 

Madita tiene siete años y vive con su hermana Lisabet, de cinco, en Birkenlund, que es una casa como me gustaría a mí que fuera la mía, con su desván y sus estufas de leña, su perro y su gato. Además, si sales al jardín y te subes al tejado del cobertizo, puedes ver lo que pasa en la cocina de los Nilsson, donde seguramente esté Abbe (que tiene quince años y es muy rubio y muy guapo) haciendo las rosquillas que su madre vende en el mercado. Si es verano, te puedes sentar en el embarcadero y meter los pies en el río que pasa por detrás del jardín mientras comes ciruelas amarillas y vuelves tarumba a Linus-Ida, que viene a hacer la colada una vez a la semana. Y si es invierno, puedes patinar hasta la granja de Apelkullen, que está más lejos de lo que parece, y si tienes suerte puede que te inviten a desayunar allí y luego te devuelvan a casa envuelta en una pesada manta de piel, acomodada en un trineo tirado por cuatro caballos. Posiblemente se te haya olvidado pedir permiso para semejante plan (¿a quién no se le olvidaría?) y a tus padres no les haga mucha gracia, pero habrá merecido la pena.

Las ilustraciones

La ilustradora de Madita es Ilon Wikland (1930-). Wikland nació en Estonia y llegó a Suecia como refugiada en 1944. En 1953 quiso entrar de ilustradora en Rabén & Sjögren. Allí la recibió Lindgren, que acababa de terminar Mío, mi pequeño Mío y se lo dio para que hiciera una prueba de ilustración. La prueba debió de ir bien, porque Wikland acabó ilustrando más libros de Lindgren que nadie, y trabajando de ilustradora en Rabén & Sjögren, que era lo que ella quería.

Picnic en el tejado

La edición que tenemos en casa es la primera española, de 1983 (el original sueco salió en 1960), de Editorial Juventud. Las ilustraciones son las de Wikland, pero la portada es (surprise, surprise) de un fotograma de la serie de Madita (1979). La traducción es de Herminia Dauer (1924-2015) y me parece muy fluida; tiene alguna cosa que me llama la atención (sopa de avena para desayunar), pero en general me gusta mucho. Busco a Dauer y veo que murió a los 91 años, en noviembre del año pasado. No suele haber mucha información sobre los traductores. Sería bonito que las editoriales los celebraran algo más.

Madita y Lisabet en la cama

Madita está descatalogado y no tienen pensado volver a publicarlo de momento.

 

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