Cuestionario Nido de ratones: Marta Higueras

 ¿Cuál era su libro favorito de niña?

El cantar de los Nibelungos, de Richard Wagner. Era un álbum muy antiguo de mi abuela. Recuerdo que estaba escrito en alemán y que esperaba a que mi abuela me lo leyera mientras me enseñaba sus fabulosas ilustraciones.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

La colección de libros de pequeño oso y pequeño tigre. Sapo y Sepo. También Elmer.

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 ¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

Había muchos libros en casa, yo los elegía. Mi abuela y mi madre me contaban muchos. En cuanto tenía algo de propina me compraba cómics.

¿Leía a escondidas?

Sí, todos los días! Bajo las sábanas, en el baño, andando por la calle, en el coche mareada….

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Tenía mis libros en casa. Leía también de la biblioteca de mis padres y de mis abuelos que vivían cerca y eran grandes lectores; se dedicaban al mundo del libro; eran traductores y autores de diccionarios y enciclopedias.

A la biblioteca no solía ir casi nunca y eso me da pena reconocerlo, pero creo que nunca lo necesité.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

Una vez que iba leyendo por la calle… me di un buen golpe contra una farola.

Otra anécdota… yo escribía y encuadernaba mis propios libros.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

El principito, La historia interminable, Peter Pan.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece bien. El caso es que los niños lean. Que no atraigan libros por su lenguaje, que tampoco llegan a ser clásicos pero que ya son un poco “antiguos”, creo que es una lástima.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que los niños deben leer en el colegio, pero muchos profes no son capaces de entusiasmar. Incluso a veces ni se leen ellos mismos los libros que recomiendan. Y además recomiendan a todos el mismo, lo que implica que ni conocen el gusto lector de sus alumnos. Debería existir la figura del bibliotecario escolar y que ellos fueran los que realizaran actividades lectoras.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Les leía todas las noches en la cama, lo que ellos querían y cuantas veces querían. Poniendo distintos finales, actuando con la voz, dejando que ellos inventaran también partes de la historia… haciéndoles partícipes de ese momento mágico. La lectura se mezclaba con la canción, con sus confidencias, con el rezo y el achuchón final del día. Creo que el recuerdo de la lectura no es algo independiente sino que forma parte del momento más cálido del día, más íntimo y maternal de tu infancia, como a mí misma me pasa.

Cuando fueron creciendo, su lectura era muy personal, nunca forzada, pero siempre orientada, porque yo había leído el libro y sabía qué le podía gustar.

En sus cuartos siempre hubo muchísimos libros que iban cambiando según crecían. Y ellos fueron comprando y eligiendo cosas que yo no hubiera elegido… pero es así.

Y ahora… ahora apenas leen. También es así.

Pero volverán. Y sobre todo, sé que leerán a sus hijos, con el mismo amor y entusiasmo con el que yo les leía.

Sobre Marta Higueras

Marta trabajó durante 21 años en el Grupo Santillana, 12 de ellos como la editora responsable de la línea de prescripción de Alfaguara Infantil y Juvenil. Está especializada en entornos digitales aplicados al mundo editorial y desde hace cinco años dirige una empresa de servicios editoriales, Enlaceditor. 

Además, es mi agente. Gracias a ella, Tinta encontró editor.

 

 

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Nido de ratones: Óscar Monsalvo

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo haber leído muchas veces los tomos de Tintín y los de Asterix, y recuerdo también los libros de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro. Pero seguramente sería uno de éstos: El libro de la selva, La historia interminable o La princesa prometida.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

La verdad es que no. Leía libros y cómics, y éstos -salvo los Tintín y los Asterix- empecé a leerlos bastante más tarde.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre. No creo que tuviera un plan concreto, pero durante mucho tiempo se encargó de elegir los libros que leía: Ende, Stevenson y Kipling, Drácula, Moby Dick o El señor de las moscas, Chesterton, Dostoyevsky, Orwell, Camus… Casi siempre acertaba, y de hecho todavía hoy me avisa cuando hay una novela que merece la pena. Cuando ya tenía más años me dijo que leyera a Ellroy, después las novelas de Kerr sobre Bernie Gunther… siempre ha sido una fuente inagotable de referencias.

¿Leía a escondidas?

Sí, en la cama, porque compartía la habitación con mi hermano. Cuando estaba leyendo algo muy interesante me tapaba y usaba una linterna pequeña. Aunque es verdad que era muy incómodo y no aguantaba demasiado tiempo.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

No me hizo falta, había más libros en casa de los que podía leer. Por eso cuando mandaban leer algo en el colegio siempre intentaba que me dejasen llevar un libro de casa.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Solía llevar un libro al colegio y me dedicaba a leer en los recreos. Años después me empezó a gustar el fútbol, pero cuando era más pequeño me sentaba en algún sitio y leía. Recuerdo que un día no oí el timbre y me quedé leyendo en el patio. Cuando me di cuenta subí a clase y la profesora estaba buscándome por los pasillos. No recuerdo en qué curso fue, pero sí que el libro era Jim Botón y Lucas el maquinista.

También recuerdo que un año el profesor de Lengua nos pidió que llevásemos un libro de casa para hacer una biblioteca en clase. Teníamos que leer libros de los que llevaban los demás alumnos. Yo llevé El guardián entre el centeno y lo destrozaron. Había varios alumnos jugando y uno de ellos le lanzó el libro a otro alumno, como quien lanza un estuche. El libro estaba ya bastante estropeado y se despegaron varias páginas. Mi padre compró otra edición y yo aprendí que no es recomendable prestar libros a cualquiera.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Creo que depende del niño. Y también que los recomendaría teniendo en cuenta los que me han gustado a mí. La isla del tesoro y El libro de la selva desde luego. Pero también Drácula, La historia interminable o incluso El señor de las moscas.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Que no merece la pena. Los libros son lo que son, manipularlos para que digan lo que no dicen es una falta de respeto hacia el libro y hacia el niño.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que no. Creo que se ha devaluado la lectura. He visto algunos de los libros que mandan leer y no veo qué sentido tiene, qué es lo que se busca. Son historias planas, muchas veces con una moralina facilona, producidos para los colegios. Aunque también es posible que sea sólo una continuación de algo que empezó mucho antes, y seguramente hay colegios en los que está bien planteado porque los profesores se lo toman en serio.

De todas maneras, no sé si el colegio es el mejor lugar para fomentar la lectura. Sospecho que eso tiene que empezar en casa.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Con demasiada antelación, me temo. Aún no tengo hijos, pero llevo años dándole vueltas.

Sobre Óscar Monsalvo

Óscar Monsalvo nació en Bilbao hace 35 años, y jamás imaginó que algún día hablaría de sí mismo en 3ª persona. Estudió Filosofía, da clase en Bachillerato cuando le llaman y, de vez en cuando, escribe en su blog.

Cuestionario Nido de ratones: Javier Alvira

¿Cuál era su libro favorito de niño?

De niño, creo que mis libros favoritos eran todos los relacionados con animales y naturaleza: guías, cuadernos de campo y enciclopedias de fauna que devoraba al volver del cole. Estaba especialmente orgulloso de una Guía del naturalista de Gerald Durrell que mis hijos han heredado con manchas de Nocilla de los años ochenta. El libro abría con una foto del autor a los diez años y con una lechuza en su brazo que me tenía impresionado. Al margen de ellos, y además de Asterix, Mortadelos y demás maravillas de Bruguera, recuerdo especialmente El maravilloso viaje de Nils Holgersson, que leímos en voz alta en clase durante meses, La historia interminable, que me hizo ver que podía leer trescientas páginas sin esfuerzo, y uno de un chaval que viajaba en el tiempo al puerto de Barcelona en 1714, que cogí de la estantería de mi hermano y que nunca he sabido de quién era ni cómo se titulaba, y quizá por eso lo recuerdo como algo especial.

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¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Eran más historietas que otra cosa, pero tengo especial cariño a las Joyas Literarias Juveniles, que hicieron que Julio Verne, Emilio Salgari, Karl May o Walter Scott fueran nombres tan familiares para nosotros como Ibáñez, Escobar o Uderzo. Con lo intensos que somos ahora, si viéramos a nuestros hijos intercambiar con sus amigos historias de Stevenson, Dickens o Defoe, creo que seríamos insoportables, pero la gracia de aquel momento es que lo hacíamos con toda naturalidad.

Como Libro ilustrado más digno de ese nombre, recuerdo Los Gnomos de Huygens, con esas ilustraciones de Rien Poortvliet tan realistas que hacían imposible pensar que no las hubiera copiado del natural.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Supongo que en casa, pero más que recomendar, los ponían a mí alcance en mi habitación, en las de mis hermanos o en una librería camino del baño, el mejor sitio sin duda para poner libros en una casa con niños. La verdad es que salvo casos contados de hermanos y amigos no recuerdo recomendaciones expresas, salvo las de un familiar, profesor con varios libros de pedagogía a sus espaldas, que con su mejor intención me regalaba unos libros que me parecían un tostón.

¿Leía a escondidas? 

Leía en casi todas partes y casi todo lo que caía en mis manos, incluyendo el bote de champú o entradas aleatorias de la enciclopedia Espasa, pero no recuerdo leer a escondidas más allá de seguir cuando todos estaban dormidos. Lo que sí me hace gracia es ver cómo las prohibiciones que antes afectaban a los libros, del tipo “no se lee en la mesa”, ahora las aplicamos a las pantallas y suspiramos porque ojalá fueran libros. Me cuesta mucho más de lo que le costaba a mis padres decir “anda, deja el libro y apaga la luz”.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Afortunadamente tenía libros en casa, tanto por afición paterna como por tener varios hermanos mayores, así que tenía donde elegir. Por suerte, además, la biblioteca de mi colegio era grande y estaba bien surtida. Allí descubrí al pequeño Nicolás, a Lucky Luke, a un duende llamado Pumuki que me encantaba y a unos cuantos más. Siempre en día de lluvia, que era cuando la frecuentábamos, y siempre sin otra recomendación salvo tenerlos a la vista. Antes que empezase a comprar, los primeros libros que recuerdo “elegir” eran los Asterix a los que tenía derecho cuando me ponía malo – un té y un Asterix nuevo era la receta comodín de mi madre-. Allí en la cama con mi té y decidiendo el próximo título en el menhir de Obelix me sentía el rey del mambo.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Pues recuerdo que mi lugar favorito para leer era el único sitio donde el hermano pequeño de una familia numerosa estaba a salvo, es decir, la única habitación con pestillo: vamos, el baño. A partir de ahí han salido bastantes historias. Alguna vez confundieron mis carcajadas con los Superhumor de Bruguera con gritos de auxilio y alguna que otra vez, según me han contado, mi indecisión ante la librería de paso resultó ser fatal.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Cualquiera que tuviera algo de fantasía, sobre todo cuando son más pequeños y se los lees tú. Uno de mis hijos dice que las leyendas son aquello que nadie puede decir qué es verdad y nadie qué no es verdad. Todo lo que esté en esa zona gris les atrapa enseguida y les abre mil puertas, y por eso cualquier buena edición de cuentos clásicos y populares me parece una excelente opción. La colección de Siruela de cuentos chinos, alemanes, británicos, de la India y de otros países es una maravilla. Entre ellos están los Cuentos Populares Españoles en edición de J.M. Guelbenzu o los Cuentos Españoles de Antaño de Felipe Alfau, uno de mis favoritos. Además es curioso ver – y que ellos vean- cómo muchos cuentos tiene raíces comunes y se repiten con pequeñas variantes en España, Alemania o la India, y los niños los detectan enseguida aunque cambie un lobo por un tigre.

Para cuando son un poco más mayores, cualquiera de Astrid Lindgren: Miguel el Travieso, Los Hermanos Corazón de León, Los niños de Bullerbyn o Pippi Calzaslargas son una gozada y les encantan.

Y en tercer lugar, alguno que les saque un poco de tanto libro correcto y educacional, como por ejemplo ¡Abajo el colejio! de Geoffrey Willans, un libro con mucha mala baba que además tiene unas ilustraciones divertidísimas. Cualquier niño disfrutará viendo faltas de ortografía, profesores con cepos de hierro y demás barbaridades.

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Y hablando de libro ilustrado añadiría la colección de clásicos ilustrados por Robert Ingpen en Blume: El Mago de Oz o Las Aventuras de Tom Sawyer son una delicia.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pues me parece una bobada y no creo que nadie reconozca que le parece bien, pero lo cierto es que mucho de lo que mostramos a nuestros hijos está dulcificado como poco, desde Walt Disney a las ediciones de los cuentos de Grimm o Andersen. Es todo muy ridículo, pero antes nos escandalizaba el sexo y ahora el sexismo. Yo mismo me he saltado párrafos o líneas al leer en voz alta a mis hijos, pero una cosa es la opción personal de los padres –el párrafo que hoy me salto lo puedo leer más adelante, cuando pueda acompañarlo de una explicación que el niño entienda, o ya lo leerá por sí solo- y otra meter la tijera a un autor. Si nos ponemos muy correctos no salvamos a casi nadie, mucho menos a los clásicos, y veo por ahí bastantes libros que de puro bienintencionados son muy cursis. Creo que retocar Los Cinco es un caso extremo de memez, pero también es verdad que algunos padres o incluso colegios pueden rechazar libros por esto o aquello, o guiarse por determinadas calificaciones, y le hacen un roto a la editorial. Supongo que por ahí van los tiros.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

En el caso de mis hijos, por lo que veo funcionan bien las bibliotecas de aula, donde todos llevan sus libros favoritos y están obligados a leer los de los demás. Si a eso se añaden las recomendaciones de los profesores, el resultado está bastante bien. No es un sistema perfecto y echo en falta algunas cosas, pero lo veo razonablemente bien. Antes de tener hijos creía que la cosa estaba mucho peor.

Más que el enfoque del colegio, me preocupa la fascinación que tienen los niños por las pantallas, que arrasa con todo, y la obsesión que tenemos todos por la sociabilidad, que nos hace ver rara la imagen de un niño solo con un libro. Creo que en esas dos cosas tenemos que pensar un poco más.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Lo asumimos como una parte fundamental de su educación. No sólo por lo que supone tener una buena comprensión lectora sino, y sobre todo, por todos los mundos que les puede descubrir. Lo cierto es que lo tomamos como una obligación más, así que entra en el reparto junto a otras tareas importantes y esta me ha tocado a mí. Sin mucho esfuerzo, porque lo disfruto tanto o más que ellos, les he leído desde muy pequeños, casi todas las noches, hasta convertirlo en un ritual muy esperado. El mayor quería aprender a leer “para leerse todos los libros del mundo”, así que nos sorprendió que el mediano, expuesto a exactamente lo mismo, dijera que odiaba leer y que no quería saber nada de los libros. La buena noticia es que seguía queriendo escuchar historias todas las noches, así que seguí contándole cuentos sin insistir en la lectura, hasta que un buen día dio con un libro que le interesó y dijo “¿Sabes qué? Ya me gusta leer”. No sé qué pasará con la pequeña, pero por lo visto hasta ahora, nuestra receta será leerla todas las noches y no insistir en que lea, sino que vea que de los libros salen muchas cosas fantásticas. Eso, y dejarle un cajón repleto de libros junto a su cama para que pique.

Sobre Javier Alvira

Javier Alvira ha dejado unos comentarios entretenidísimos en las entradas de Astrid Lindgren y se ha ganado el solito un lugar entre los entrevistados de Nido de ratones. Es de Madrid, tiene tres hijos y no ve el momento de llegar a casa y contarles un cuento.

*La foto de la cabecera es de los dos niños mayores de Javier en La Central de Callao y da muy buen rollo.

 

Cuestionario Nido de ratones: Pablo Cruz

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Iba cambiando a medida que crecía y descubría nuevos libros. Tengo especial recuerdo de Los tres amigos, Las aventuras de la mano negra, Charlie y la fábrica de chocolate, La historia interminable, Tristán encoge (años más tarde supe quién era Gorey…), incluso de aquellos libros de “Elige tu propia aventura”.

Los tres de Pablo Cruz

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Pues uno de los primeros que tuve, y que aún conservo. Se titulaba Conejín y Botijón. No es que fuera muy bueno, más bien malillo, pero bueno, lo guardo con cariño, y al parecer me lo sabía de memoria…

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mis padres, que me regalaban los libros, y otras veces los amigos.

¿Leía a escondidas?

A escondidas no, no era necesario. Leía en cualquier parte y a cualquier hora.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

La mayor parte me los regalaban, otros los sacaba de la biblioteca del barrio y otros muchos ya andaban por la estanterías de casa. Sobre todo cuando era un poco más mayor, en la adolescencia, y podía empezar a curiosear en la biblioteca familiar. Leí muchos libros de los que no tengo ningún recuerdo, pero que en su momento me parecieron importantes o llamativos.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Pues recuerdo que con 6 o 7 años, cuando en el cole nos mandaban a la biblioteca a leer un rato, me aburría muchísimo. Ahí fue donde aprendí a leer los libros en diagonal, pero literalmente, leyendo una palabra de cada línea. No sé en qué momento se me pasó esto y recuperé el gusto por la lectura de nuevo.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Ordenándolos por edad: Matilda, Alicia en el País de las Maravillas y La isla del tesoro (bueno, este para los menos niños…).

Las recomendaciones de Pablo Cruz

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

 No me parece la mejor opción. Quizá habría que dejarlos como están, y publicar otros nuevos. No obstante, si los editores caemos a veces en lo políticamente correcto no es porque nos sintamos a gusto con ello. No digo que estemos libres de culpa, pero vivimos en una sociedad cada vez más susceptible, y a veces es necesario ser precavido.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Depende del maestro que te toque. En Magisterio debería haber mejor formación sobre literatura infantil. Lo importante es que los niños conozcan todo tipo de libros. Alguno habrá que les guste, y consiga que les pique el gusanillo de la lectura. Recomendar el mismo libro a toda la clase, por ejemplo, no me parece la mejor opción. Preferiría una lista de opciones para que ellos pudieran elegir, e incluso proponer sus propios títulos. Que no vean la lectura como una imposición, sino como una elección.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Aún no tengo, pero el día de mañana supongo que intentaré que conozcan todo tipo de libros. Ellos ya irán eligiendo después, y si puedo les colaré algunos de mis favoritos. Pero bueno, hablar es fácil, ya veremos si soy capaz…

Sobre Pablo Cruz
Pablo Cruz nació en Bailén (Jaén) en 1976. Se licenció en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. A principios de los años 90 se incorporó como redactor a la revista de literatura infantil Babar, que dirige desde su paso a soporte digital, en el año 2000. Después de trabajar como librero, y colaborar como lector y redactor para varias editoriales, en 2001 se incorporó como editor de literatura infantil a la editorial Anaya.

 

Cuestionario Nido de ratones: David Gistau

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo los de Salgari, La isla del tesoro y La historia interminable, de Ende. También una edición de El libro de la selva que mi padre conservaba desde su propia infancia.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Este último de Kipling. Era una edición maravillosa. Entiendo que por libro ilustrado no te refieres al cómic, porque ahí sí que podría extenderme.

Los tres de David Gistau

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre, un profesor de Literatura y mis propias búsquedas, sobre todo después de la muerte de mi padre.

¿Leía a escondidas?

Sí. Una vez, al salir de excursión con la clase, creo que al museo del Prado, y hacer el desplazamiento en Metro, me quedé solo en el vagón después de bajarse los compañeros y los profesores porque iba enfrascado en algo de Salgari. También fui ese niño rarito que lee en el patio mientras los compañeros juegan. No siempre, pero sí en épocas.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Heredé los de mi padre. Además, compraba lo que podía, así como cómics. También robé algún que otro libro en Galerías Preciados. Mi primer Graham Greene fue robado.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Tengo varias… tal vez la del Metro que ya he contado. O haberme convertido, a los 13, en una autoridad en La Regenta que iba dando charlas por todas las aulas del colegio. Como un friqui de los que van a ¿Qué apostamos?

Otra vez, me dieron como regalo de cumpleaños mil pesetas, lo cual debía de ser un dineral, entonces. Me fui a un quiosco y me las gasté enteras en novelas del Oeste, tipo Zane Grey. Volví a casa con una bolsa llena de novelitas. Al verlas, mi padre se enfadó, y le dije que no entendía nada, que siempre me animaba a leer. Me dijo que no se trataba sólo de leer, sino, además, de leer cosas serias. Le respondí sin sarcasmo: “¿Como qué? ¿Agatha Christie? Porque eso es lo que tienes hoy en la mesilla de noche”.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Admito que no estoy muy actualizado en mis conocimientos de literatura infantil. La isla del tesoro es innegociable. Creo que recomendaría aquellos que me hicieron feliz a mí, por lo que mis consejos estarían anticuados.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?   

Abominable. Una gilipollez.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No lo sé.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Mis hijos son muy pequeños, voy iniciándolos en cosas que son verdaderamente para primeras edades. Lo que sí procuro es que me vean leer. A veces el pequeño agarra un libro y se tumba a mi lado cuando estoy leyendo y hace como si él también leyera.

David Gistau (Madrid, 1970) es periodista y escribe actualmente en ABC, aunque ha pasado también por La Razón y El Mundo. Antes de que entrase en la COPE se le podía disfrutar en Onda Cero.

Cuestionario Nido de ratones: Cristian Campos

¿Cuál era su libro favorito de niño?

La colección de Los tres investigadores de Alfred Hitchcock de la editorial Molino. Me aterrorizaba la portada de Misterio del espejo embrujado, me intrigaba la de Misterio de la casa que se encogía… ¿Cómo diablos podía encogerse una casa? ¡Había que estar loco para no querer leer ese libro y desentrañar el misterio! Entrabas en su atmósfera ya desde la misma portada. Además, su diseño es más respetuoso con el lector y está infinitamente más trabajado que el del 90% de los libros juveniles contemporáneos. La tipografía de Misterio de la araña de plata, por ejemplo, es una preciosidad.

Hitchcock

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Sí. Y tengo una teoría absurda sobre él así que muy probablemente sea cierta. Era un cuento de apenas ocho o diez páginas, de esos de papel de mala calidad, troquelados con formas raras y que se vendían en los quioscos por muy poco dinero. No recuerdo ni su nombre ni mucho menos su autor o su ilustrador; lo que sí recuerdo es que transcurría en el futuro, en una ciudad con rascacielos de color morado. Me fascinaba mirar una y otra vez esa ciudad abigarrada, con edificios imposibles y un cielo ominoso y claustrofóbico. Años después vi Blade Runner en el cine y pensé “Es esto: yo quiero vivir aquí”. Mi teoría es que ese cuento despertó mi interés posterior por la ciencia ficción y por los mundos futuristas de ilustradores como Syd Mead, por los paisajes urbanos y por las megalópolis tipo Tokyo, Bangkok y Los Angeles. Aún hoy, ver una simple fotografía nocturna de una ciudad iluminada por las luces de los rascacielos y los anuncios de neón de los restaurantes asiáticos me relaja más que cualquier paisaje natural. También recuerdo haber llorado de risa, literalmente, con algunos cómics de Mortadelo y Filemón, pero ahí yo ya era un poco mayor.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

No lo recuerdo. En mi familia siempre se ha leído mucho y las estanterías rebosaban (literalmente) libros de todo tipo, básicamente novelas por parte de mi madre y libros de historia y de economía por parte de mi padre, pero no recuerdo recomendaciones directas. Supongo que simplemente me los compraban. Lo cierto es que yo era un lector facilón porque me leía todo lo que caía en mis manos, así que no creo que tuvieran que insistir demasiado en el tema o guiarme en una u otra dirección. Cuentan mis padres que yo no quería comer de pequeño si no tenía algo para leer en la mesa. Y cuando se hartaban de mi lentitud y me quitaban el tebeo o lo que fuera que yo estuviera leyendo, me dedicaba a leer la etiqueta de la botella de agua o los ingredientes de la caja de cereales.

¿Leía a escondidas?

En medio de clase no, siempre le he tenido respeto a la autoridad. Como mucho en el recreo. Y en casa… no recuerdo que mis padres me dijeran nunca aquello de “suelta el libro y ponte a dormir”, aunque supongo que ocurrió, claro. Pero no me ponía a leer con linterna bajo las sábanas ni nada por el estilo. Eso solo pasa en las películas americanas, ¿no? Lo que sí hacía era leer cabeza abajo. Me estiraba en la cama, con la cabeza colgando y el libro en el suelo, y leía así durante horas. De hecho, también estudiaba así. Incluso cuando ya no tenía edad para rarezas de ese estilo. Estudié todo derecho y todo periodismo con este mismo sistema: cabeza abajo y con el Código Penal y el Libro de estilo de El País en el suelo. Mis padres me veían leer durante horas en esa posición y me abroncaban: “Te va a bajar toda la sangre a la cabeza y te vas a quedar gilipollas”. Supongo que tenían razón, pero ahora ya es tarde para remediarlo.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Jamás he tenido la costumbre de ir a bibliotecas. Yo los libros me los compraba, así que, ¿para qué buscarlos en la biblioteca? Son los privilegios de la clase media (y de tener unos padres bohemios a los que no les importaba gastarse el dinero en libros o en discos). Ni siquiera las he pisado por obligación, de hecho. Yo siempre digo, y no es una fantasmada, que la única vez que pisé la biblioteca de periodismo mientras estudiaba la carrera fue cuando me puse a perseguir a una rubia muy pija que me gustaba. Acabé ligándomela, así que le tengo cierto cariño a las bibliotecas aunque solo sea por la satisfacción colateral que me proporcionó esa en concreto. Esa biblioteca, no esa rubia. Bueno, la rubia también, pero en este caso me refería a la biblioteca. Yo ya me entiendo.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Descubrí cómo funcionaba el sexo con un libro ilustrado sobre el tema, una de esas guías para padres que no saben cómo explicarle el asunto a sus hijos. Yo no había mostrado todavía el más mínimo interés por el sexo, por lo que supongo que debía ser muy pequeño. Quizá seis o siete años. Si la cosa me hubiera intrigado y se lo hubiera preguntado a mis padres, ellos me lo habrían explicado sin problemas porque, como ya digo, eran unos modernos. Estaba en casa de una amiga llamada Betina. Era su fiesta de cumpleaños, yo estaba aburrido y no me apetecía jugar con los demás niños, así que me puse a leer el primer libro con dibujos que vi en la estantería. Y resultó que ahí se explicaba el tejemaneje. Creo recordar que no me impresionó demasiado. Supongo que lo vi como algo puramente mecánico. Como cepillarse los dientes o algo así. La gracia se la descubrí más tarde, claro. Debí de ser el primer niño de mi clase que averiguó cómo funcionaba el tema.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

La historia interminable, Las aventuras de Tom Sawyer y alguno de Julio Verne, quizás Viaje al centro de la tierra. A Maurice Sendak y Roald Dahl he llegado de adulto, por desgracia, pero deberían añadirse a la lista.

Libros recomendados por Cristian

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece lo que es: una gilipollez. Si bastara Tintín en el Congo para convertir a un niño en racista también debería bastar con Tintín en el Tibet para convertir a un niño en budista y es evidente que eso no ocurre. Estamos hablando de ficción infantil, por favor. Otra cosa sería un manual de 1820 que explicara cómo disciplinar a los esclavos de tu plantación de algodón. O una novela como Lolita, que entiendo que no es para niños de ocho años. Como tampoco lo es Retorno a Brideshead, por otro lado.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No sé cómo está planteado ahora. Sí sé que mi afición por la lectura no surge del colegio. Más bien de mi propio carácter y de lo que yo veía en mi casa. Pero es mi caso particular, dudo que sea una ley de la física aplicable a toda la humanidad. Tampoco recuerdo con especial cariño ninguno de los libros que me obligaron a leer en el colegio. Es más: les cogí manía. Yo ya leía por mi cuenta y mucho más que el resto de mis compañeros de clase. ¿Por qué narices tenía que leer lo mismo que les obligaban a leer a ellos? Creo, además, que el colegio tiene poco que hacer frente a la genética en este terreno. Si acaso, incentivar o desincentivar unas tendencias previas, pero de ningún modo crearlas desde cero. El niño que no quiere leer y cuyos padres no han leído nunca no va a leer en su vida por más que le obligues. Yo soy muy partidario de dejar atrás a aquellos niños que han demostrado reiteradamente que no tienen interés en aprender. La palabra clave es “reiteradamente”: tampoco soy tan cafre. A fin de cuentas, hoy en día gana más dinero un youtuber que un ingeniero y no digamos que un periodista, así que ¿cuál es el problema? La educación, en el siglo XXI, es innecesaria para la supervivencia. Se puede vivir, y muy bien por cierto, sin ella. No digamos ya sin la lectura.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

No tengo hijos y no sé cómo lo enfocaría. Supongo que intentaría en la medida de lo posible que aprendieran a apreciar las cosas bellas, entre ellas los libros, y a relativizar la importancia de las no tan bellas. Supongo también que intentaría educarlos en algo así como una “austeridad creativa”. En esto creo que sería un poco cabrón: si hay que torturarlos psicológicamente con pequeñas dosis de aburrimiento para que se decidan a coger un libro, pues se les aburre hasta que esos pequeños cabrones se rindan y metan la cabeza en el puto libro.

Cristian Campos nació en Barcelona a muy temprana edad. Es periodista y le dejan escribir en El Español y Jot Down. También hace libros de cosas bonitas. No debería tener acceso a internet, aún menos a Whatsapp y de Twitter ni hablamos. Pero lo tiene. Y de esos polvos, estos lodos.