Cuestionario Nido de ratones: Yaiza Santos

¿Cuál era su libro favorito de niña?

Los hijos del vidriero, de Maria Gripe. Lo leí unas cuatro veces. En mi memoria es triste y profundo. Aún recuerdo el epígrafe: “Quien no conoce su destino puede vivir despreocupado”.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

El Quijote en seis tomos de Ediciones Naranco que vinieron a vender a mi guardería cuando yo tenía cuatro años (¿a quién se le ocurre, pienso, cuando apenas aprendíamos el abecedario?) Me lo compró mi abuelo y aún lo conservo.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

Las profesoras. Podíamos llevarnos a casa un libro —imagino que era así en todos los colegios— un día a la semana y devolverlo a la siguiente o a las dos semanas. Así descubrí a Michael Ende o a Roald Dahl, ya para siempre conmigo. Las lecturas de mi generación las nutrían las colecciones El Barco de Vapor y Alfaguara Juvenil. Los libros de aventuras clásicos los descubrí de veinteañera.

¿Leía a escondidas?

Nunca en clase, pero sí en la cama a escondidas. Así leí mi primer libro de un tirón, La princesa de los elfos, de Sally Scott. (Ya digo que El Barco de Vapor y Alfaguara Juvenil nutrían las lecturas de mi generación.)

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Mi padre fue socio por un tiempo del Círculo de Lectores sin ser especialmente lector, así que había en casa una bonita colección de clásicos y enciclopedias que decoraban un salón precioso, pero que nadie usaba. Tampoco mi madre era lectora; sin embargo, siempre se sintieron muy orgullosos de que mi hermana y yo sí lo fuéramos. Los libros fueron un regalo habitual en cuanto vieron que nos gustaba leer. Más que comprarlos, siempre fui una gran usuaria de bibliotecas (quizá por eso, a diferencia de mi marido, no soy fetichista de los libros; me encantaría deshacerme al menos de un tercio de los miles que tenemos).

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

Con cuatro o cinco años, cuando apenas empezaba a leer, mi abuelo me llevaba todas las semanas a comprar los coleccionables de El Libro Gordo de Petete. Él me daba la revista y se guardaba de inmediato otras hojas que a mí me parecían aburridísimas. Eran los cuadernillos que servían para integrar los verdaderos “libros gordos” después, con unas tapas de colores. Lo entendí cuando me los dio –llegó a juntar cinco: azul, verde, naranja, fucsia y amarillo–, a los nueve años, cuando me mudé con mis padres de Huelva a Aranjuez (rompiéndole un poco el corazón).

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Cualquiera de Isol, una maravilla que descubrí estando embarazada de mi primogénita y que mis hijos disfrutan como locos. Y La peor señora del mundo, de nuestro querido amigo Pancho Hinojosa, verdadero best-seller.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me enerva. El lo que llamo el síndrome de Dora la Exploradora: sacar de las historias para niños cualquier atisbo de conflicto. ¿Así se les prepara para la vida?

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

En el de mis hijos creo que sí, aunque no me preocupa mucho. El problema, al menos en México, no es tanto la lectura en los niños, que suelen ser grandes lectores, sino el “desenganche” del hábito cuando crecen.

 ¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

De una manera natural, creo yo. Desde bebés sintieron curiosidad por los libros y aprendieron a leer muy pronto. Nos ven leer, les leemos cuentos antes de dormir, les compramos libros. Es un artefacto familiar, en todos los sentidos, ja.

Sobre Yaiza Santos

Yaiza Santos (Huelva, 1978) es periodista y editora afincada en México. Ha publicado, entre otros medios, en Letras Libres, el diario ABC, Jot Down Magazine y El País Semanal.
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Cuestionario Nido de ratones: Montse Ganges

¿Cuál era su libro favorito de niño?

La serie de Los cinco, de Enid Blyton.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Los de una colección de Editorial Brughera dedicada a grandes clásicos, que intercalaban páginas de puro texto con páginas de cómic. Había de todo: de Mujercitas a Moby Dick, pasando por Jules Verne, Sissí Emperatriz o Kipling. En casa llegamos a reunir bastantes títulos. 

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre era un gran lector. Con sus escasos medios dedicó mucho tiempo y esfuerzo a hacerse con una buena biblioteca. Era su tesoro y era algo vivo: la retocaba constantemente y ampliaba en lo que podía. Más que recomendar, a veces comentaba entusiasmado lo que tenía entre manos. Era como un momento de expansión incontrolada; si lo pillabas, bien. Y si él te pillaba leyendo cualquiera de sus libros, fuera el que fuese, se llevaba una gran alegría. Inmediatamente te volvías más interesante a sus ojos. 

¿Leía a escondidas?

No; en mi casa leer era quizá la única actividad que te podía dispensar de cumplir órdenes o normas.  

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Comprábamos libros de primera y segunda mano. Algunos se revendían o cambiaban. Había mucho “tráfico”.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Mi padre murió cuando yo tenía once años. Me propuse leer toda su biblioteca; cosa que, por supuesto, no cumplí. Pero sí que me tragué varios estantes de tochos que seguramente no entendí, pero que me sentaron muy bien y me hicieron mucha compañía.  

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Alicia en el País de las Maravillas, Alicia en el país de las Maravillas y Alicia en el País de las Maravillas. Y todo Roald Dahl.

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 Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Una tontería.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que nuestro sistema educativo necesita, desde hace ya tiempo, un buen cambio. Como hace muchos años que me dedico a la didáctica de la lectura, y es un tema que me apasiona, para no escribir aquí más que en todo el resto del cuestionario junto, remito a los interesados a este blog: https://metodomiramira.wordpress.com/

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Igual que, por ejemplo, el cine, pasear, el Lego, la comida o cualquier otra cosa que nos guste. Está por ahí todo el rato. Simplemente lo disfrutamos, juntos o por separado.

Sobre Montse Ganges

Montse Ganges es escritora de LIJ y especialista en Didáctica de la lectura. Su último libro, Lo que cuentan las estatuas del mundo,  fue seleccionado para el prestigioso catálogo internacional White Ravens, con los mejores libros de 2015. 

 

Roald Dahl

Hace tiempo que quiero escribir una entrada sobre Roald Dahl, pero he ido dejando pasar los meses y cada vez se ha ido haciendo más difícil. Y para escribir hay que tener la información fresca.

Esto lo sé porque durante una época divertida pero poco lucrativa de mi vida (como la de ahora, más o menos) escribía informes de lectura para Círculo de Lectores. No sé por qué, las editoras de Círculo pensaron que me iría bien el thriller femenino (que es igual que el masculino pero sospecho que más truculento, para que no se diga). Y como yo no tengo manías, devoraba las novelas a gran velocidad: para cumplir con las fechas de entrega y para intentar que me resultaran rentables. Esto último es imposible si te lees los libros de verdad, como bien saben los que han hecho informes alguna vez, pero yo lo intentaba de todos modos.

Luego, para escribir el informe en el menor tiempo posible, tenía que cumplir dos requisitos: uno, enviar a Simón a trabajar en estado de shock después de haberle relatado el libro lo más detalladamente posible durante el desayuno; dos, sentarme a escribir inmediatamente después. Si dejaba pasar un día o dos antes de empezar, redactarlo se convertía en una pesadilla.

Y esto es lo que me ha pasado con Roald Dahl. Hace unos meses me leí su biografía. Me apetecía saber un poco más de cómo escribía sus libros, a ver si se me pegaba algo o, por lo menos, me daba para una entrada del blog. Pero cometí el error de dejarme llevar por la lectura y no apuntar nada de nada… Así que aquí estamos, en el 100 aniversario de su nacimiento y con la casa sin barrer.

Por suerte hay una periodista de El Mundo, Virginia Hernández, que veo que se ha leído la misma biografía autorizada que yo, ha tomado apuntes y luego ha escrito un estupendo reportaje que les recomiendo vivamente. Hasta la han mandado a Great Misseden y Cardiff para escribirlo. Me muero de envidia.

En él cuenta cosas como que le pusieron Roald por el explorador polar noruego, Roald Amundsen (sus padres eran noruegos); que tuvo un accidente de aviación en la segunda guerra mundial que le dejó como secuelas unos dolores de cabeza y de espalda horrorosos toda su vida; que debido a esto, “siempre se sentaba en el mismo orejero, que había preparado con un agujero posterior para sus dolores de espalda, con una tabla cubierta de tapete verde como escritorio” y que usaba siempre los mismos lápices para escribir, los Dixon Ticonderoga del 2, que creo que le solía mandar su agente desde EEUU.

Afortunadamente, sí que subrayé alguna cosa que, además, no sale en el reportaje de Hernández…

A mí se me ha olvidado cómo era ser una niña. Me cuesta muchísimo ponerme en el lugar de mis hijos y la primera palabra que me viene a la cabeza cada vez que me piden algo (da igual qué) es “No”. La que lo hereda no lo hurta. Es un reflejo que tengo que corregir todos los días. Dahl, sin embargo, siempre conservó la capacidad de meterse en la piel de un niño. Donald Sturrock lo cuenta muy bien en su biografía:

“Tenía mucha facilidad para recordar cómo ve un niño el mundo, lo solo que puede sentirse incluso en el seno de la familia, lo rápido que debe adaptarse a nuevas experiencias y lo raro que puede parecer el mundo de los adultos visto a través de unos ojos más jóvenes.”

Esta sensibilidad, que comparte con otros autores infantiles (aunque en él es quizá más fresca), se puede encontrar en todos sus libros.

Por suerte para todos, a Dahl no le tocó una madre como yo. Sofie Magdalene se quedó viuda cuando Roald tenía tres años, unas semanas después de que muriera su hija mayor, de siete. Con una piara de niños a su cargo (los cuatro suyos y dos más de un matrimonio anterior de su marido), se liba a Noruega cuando llegaba el verano. Allí pasaban los días al aire libre, pescando, nadando, tomando el sol, de picnic por los fiordos noruegos (no sé si el síndrome de Bullerbyn puede aplicarse también a Noruega, pero debería).

La imagen que más me gusta de aquellas vacaciones es la de Sofie Magdalene, que no sabía nadar, manejando una barca con siete niños dentro y ningún salvavidas, negociando las olas (que Dahl recuerda gigantescas) camino de alguna isla en la que pasar el día. A veces se cruzaban con barcos pesqueros y les pasaban cubos vacíos que les devolvían llenos de camarones

Al anochecer, de vuelta en casa, Sofie Magdalene les contaba historias. Algunas las sacaba de libros ingleses, pero otras eran más oscuras y escandinavas: cuentos de hadas inventados o adaptados de las colecciones del siglo XIX de Peter Christian Asbjørnsen (1812-1885) y Jørgen Moe (1813-1882), que son para Noruega lo que los hermanos Grimm para Alemania, solo que no eran hermanos (ni alemanes).

Los cuentos estaban ilustrados por Theodor Kittelsen (1857-1914), que era un favorito de la familia Dahl. Las hermanas de Dahl vieron pronto la conexión entre las ilustraciones del noruego y la literatura de su hermano. Como Dahl, Kittelsen era observador y compartía con el escritor una misma fascinación por lo grotesco y un sentido del humor vulgar y duro.

Kittelsen es muy conocido por sus ilustraciones de trolls, cuentos de hadas y paisajes naturales.

Roald Dahl se murió hace 26 años, en 1990. Yo estaba entonces en el internado, en Inglaterra. Allí fue donde encontré sus libros por primera vez y donde leí dos de mis favoritos, Matilda y Las Brujas. Esta mañana lo hemos recordado en casa leyendo la versión de Cenicienta que viene en sus Cuentos en verso para niños perversos antes de desayunar.

La ilustración de la cabecera es de Theodor Kittelsen.

Cuestionario Nido de ratones: Javier Aznar

¿Cuál era su libro favorito de niño?

El Detective Warton, de la editorial El Barco de Vapor. Es la historia de un sapo detective que intenta recuperar el reloj de su abuelo, robado por un malvado cuervo. Siempre me ha extrañado que no hicieran una miniserie de HBO con estos mimbres.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Tenía uno ilustrado sobre mitología griega que me encantaba. Me fascinaba poder leer sobre sangrientas historias de batallas, matanzas, monstruos, venganzas y dioses iracundos, y que nadie pudiera decirme nada al respecto porque era considerado “cultura clásica”. También tenía especial cariño a dos libros de Agatha Christie en formato cómic: Muerte en el Nilo y Asesinato en el Orient Express. Y me volvía loco una colección de libros amarillos sobre dos chicos detectives, Resuelve el misterio, en los que tenías que cerrar un caso a partir de un dibujo. Recuerdo que la solución se leía frente a un espejo.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Tuve la suerte de tener amigos muy lectores. Siempre nos estábamos prestando libros y cómics entre nosotros (Manuel, si estás leyendo esto, devuélveme Mortadelo y Filemón en Alemania. Último aviso). También me solía meter en la habitación de mi primo mayor, Íñigo, que me sacaba diez años, y era como atravesar una puerta a otro universo. Tenía máscaras africanas, caracolas, discos, una barra para hacer dominadas y, por supuesto, un montón de libros. Ahí fue donde conocí mucha literatura de misterio, mi gran debilidad, y todos los Elige tu propia aventura.

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¿Leía a escondidas? 

Casi nunca.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Mi padre tenía una cuenta en la librería “Estudio”, a lado de mi casa en Santander, y yo podía apuntar ahí mis libros. Me encantaba pasearme por esa librería. Husmear entre libros. Podía pasarme horas ahí hasta escoger uno. La verdad es que solo pisé la biblioteca de mi colegio dos veces. Y fue para coger dos libros que, por cierto, nunca devolví. Como mi madre era profesora, me creía con algún tipo de inmunidad diplomática. Lo peor es que jamás he tenido el más mínimo cargo de conciencia al respecto. Espero que nunca me manden un detective de biblioteca como en Seinfeld.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Hubo una fase de mi vida, con diez años o así, en la que me empeñaba en leer libros que no eran para mí. Supongo que por un afán de sentirme mayor. Y como tampoco tenía el criterio muy desarrollado, lo mismo me compraba La Tapadera, que algún tecno-thriller de Michael Crichton, que el guión de Independence Day (sí, el guión). Todo esto a mi padre no le hacía demasiada gracia y me reñía por no leer libros acordes a mi edad. Una vez, de vacaciones en La Granja de San Ildefonso, me compré un libro llamado Las leyes de Santa Fe, una historia llena de crímenes, tacos, sexo y abogados. Fíjate qué poco me enteraría de las cosas que la portada era el primer plano del cañón humeante de una escopeta y yo pensaba que eran unos prismáticos. En cuanto lo terminé, se lo di a mi primo Gabriel para que me lo escondiera en su cuarto, como si fuera una Playboy. Y en casa de mis tíos sigue.

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¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Todo Asterix y Obelix. Cualquier cosa de Roald Dahl. Y, a partir de los 12 años, toda la saga de Flanagan, detective adolescente creado con muchísima inteligencia por Andreu Martín y Jaume Rivera. También hay algunos cuentos de Edgar Allan Poe, como El Escarabajo de Oro, que son bastante disfrutables para un niño. Y los libros de los hermanos Casariego.

La verdad es que siempre tuve muchísima manía a todos esos libros tipo Los Hollister, Los Cinco, PAKTO Secreto, et al. Me parecían historias de pandillas de niños repelentes y perfectitos, con aventuras aburridas en medio de la campiña inglesa, y siempre acompañados por algún perro con nombre ridículo que les salvaba de más apuros que Rex, el perro policía. Me molestaban porque me resultaban artificiales y notaba una moralina detrás que me chirriaba bastante.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Creo que solemos subestimar la inteligencia de los niños. En Estados Unidos se ha vivido un debate interesante en torno a la idea de suprimir la palabra nigger de Huckelberry Finn. Ta-Nahesi Coates, autor negro de moda tras su premiadísimo Between the world and me, escribía esto tan sensato y demoledor al respecto:

ta-nahesi-coates¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Desconozco cómo está enfocado este asunto en los colegios de hoy en día. Iba a escribir que los niños de ahora tienen muchas distracciones pero de golpe he envejecido 30 años, me ha salido un bigotito fino y han aparecido unos Werther’s Original en el bolsillo de mi chaqueta.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

La verdad es que es un tema que me planteo a menudo porque me encanta agobiarme con problemas inexistentes. A veces me quedo despierto por las noches dando vueltas a cómo educar a esos hijos que no tengo. Siempre pienso que me van acabar saliendo conflictivos, drogadictos o del Barça. Lo cierto es que me encantaría que les gustaran los libros tanto como a mí. Pero al mismo tiempo me angustia convertirme en ese padre pesado que consigue justo el efecto contrario. ¿Lo ves? Ya me estoy agobiando. Necesito soplar en una bolsa de papel.

Sobre Javier Aznar

Javier Aznar nació en Santander. Escribe habitualmente para GQ, ELLE, Líbero, Jot Down y Cambio16. En mayo de 2017 publicó ¿Dónde vamos a bailar esta noche? en Círculo de tiza. 

 

Cuestionario nido de ratones: Patricia Castillo

¿Cuál era su libro favorito de niña?

Me acuerdo de estar enferma en casa y que mis padres me trajeran Charlie y la fábrica de chocolate, de uno de los escritores preferidos de mis hijos, Roald Dahl. Mientras lo leía me sentí la niña más afortunada del mundo, no me podía creer que estuviese siendo partícipe de esa aventura maravillosa. Recuerdo perfectamente la emoción al leerlo, como si estuviese en una montaña rusa.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Tenía una enciclopedia infantil ilustrada que era mi gran tesoro. Lo que la hacía tan especial eran unas láminas transparentes que podías ir quitanto o añadiendo para completar la información sobre determinados temas. ¡Era lo más high tech que había en casa!

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

Cuando vivía en Almería, los libros me los compraban mis padres, normalmente me los traían cuando venían de viaje. No recuerdo haber ido nunca a una librería a elegirlos. En el cole no se daba ninguna importancia a la lectura, no había biblioteca como tal, y lo poco que leíamos era lo que pidiese el temario. Cuando con 12 años me fui interna a Inglaterra descubrí lo que era una biblioteca de verdad. Del tipo de la de Hogwarts en Harry Potter, con suelos de madera de los que crujen al pisar, las estanterías labradas, los ventanales hasta el techo que daban al jardín… Me encantaba ir allí por las tardes a la hora de estudio, a buscar información o simplemente a leer. Era una especie de santuario.

¿Leía a escondidas?

En el internado en Inglaterra dormíamos en “cubículos”. Los dormitorios eran  inmensos y estaban divididos por paneles que no llegaban al techo, tampoco teníamos puerta, sólo una cortina. Me acuerdo que empecé a leerme Los tres mosqueteros, y claro, no podía dejar el libro. Así que cuando nos apagaban la luz, me subía a una especie de repisa, daba unos golpecitos en el panel y aparecía mi amiga Theola con su linterna. Así me terminé a los mosqueteros, leyendo debajo del edredón con la linterna, muerta de miedo por si me pillaba la prefect en una de sus rondas.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

Con los libros en especial no, yo no era una niña muy lectora. Sin embargo, como a cualquier niño, me encantaban los cuentos. A mi madre la traía loca porque siempre le pedía que me contase el mismo, El enano saltarín. Y luego tuve la suerte de tener a un abuelo al que le encantaba contar cuentos. Cuando venía a verme se sentaba en un sillón al lado de la ventana, entonces yo corría a sentarme con él. Echábamos la cortina por encima, haciendo como una tienda de campaña que nos aislaba… y me contaba los cuentos más emocionantes y divertidos del mundo, que se inventaba sobre la marcha.

PATRICIA CASTILLO TRES

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

¡No puedo elegir sólo tres! De todas formas, los mejores “recomendadores” de libros para los niños son los propios niños. Ellos saben qué les gusta y porqué. A veces, como adultos recomendamos libros que a nosotros nos gustaron de pequeños pero con los que los niños actuales no se identifican. Es mejor escucharles a ellos opinar. Por eso empecé la web Rock and Read con mis hijos, porque cada vez que alguien me preguntaba sobre libros, yo les daba los nombres de lo que estuviesen leyendo ellos, ¡y era acierto seguro! Las recomendaciones de nuestros pequeños blogueros (mis hijos y otros niños que colaboran), por edades, las podéis encontrar ahí.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Creo que la obsesión por lo políticamente correcto es un equivocación, y que a la larga, es más peligroso que el mal que quiere remediar. Intentar dar una imagen irreal del mundo a los niños, una imagen manipulada por los adultos, me parece un error fatal. Tenemos que educar a los niños en valores, nosotros los padres, y luego dejar que ellos sean críticos con el mundo imperfecto en la que van a vivir. Deberán decidir qué es lo que a ellos les parece mal o bien. Tendrán que convertirse en individuos con personalidad propia, forjada por su educación, pero también por su criterio y experiencia vital. Mejor que censurar es animar a que los niños lean variado, a diferentes autores, diferentes estilos, que conozcan, a través de los libros, diferentes formas que de ver la vida. Cuando son pequeños, lo fundamental es leer con ellos y comentar las situaciones, reacciones de los personajes etc. que van surgiendo de cada libro. Preguntarles: y a ti, ¿te parece esto bien?, ¿tú harías lo mismo? y dejar que piensen por ellos mismos y tengan su opinión razonada.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que la pregunta fundamental sería ¿está bien planteada la lectura en casa? Y la respuesta es un descorazonador NO. A amar la lectura se aprende en familia, en el sofá, en los brazos de papá o mamá. Hay que leerles a los niños, todos los días. Hay que poner voces al leer, y dejar que ellos comenten, y escucharles. Y cuando aprenden a leer, entonces hay que seguir leyéndoles. Y sobre todo, no hay que tener prisa en que lean ellos solos, porque un niño al que le gusten las historias que están dentro de los libros va a aprender a leer. Sin embargo, si a un niño al que le cueste le obligamos a leer solo, y le ponemos unas metas y tiempos, se le hará tan cuesta arriba que verá el libro como una tarea, un trabajo arduo y un aburrimiento supino.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

A mis hijos trillizos les he leído todos los días desde que eran bebés. En casa he llevado siempre los horarios de los niños y sus rutinas a rajatabla. En lo referente a la lectura, antes de dormir, después del baño, echaba a abuelos, tíos, visitas… Se cerraba la puerta del dormitorio y empezaba el momento mágico de la lectura. Ya se me podía caer la casa encima que yo no abría la puerta. Y así hemos seguido hasta que tenían 12 años, con independencia de que ellos también leyesen por su cuenta en otros momentos; siempre les leía antes de dormir. Cuando eran más mayorcitos aprovechaba para leerles libros un poco más complicados. Por supuesto, el ser tan disciplinado con los horarios y rutinas es hacer algunas renuncias, pero a la larga ha sido la mejor inversión de mi vida. Ahora tienen 14 años y en mi casa nunca tengo que decirles que vayan a estudiar, lo hacen ellos solos, no tengo que decirles que se vayan a dormir, lo hacen ellos solos (a las 9:30 para leer un rato en la cama)… La lectura no es solo un placer, es también la base del estudio, la comprensión lectora es esencial para aprender cualquier asignatura (matemáticas incluidas), así que un niño que lee rápido y comprende bien lo que lee tiene ganado ya mucho en el colegio. Como digo siempre, transmitir el amor a la lectura es la mayor inversión que se puede hacer en la educación de un hijo, y sólo cuesta 20 minutos al día.

Sobre Patricia Castillo

Patricia es economista, licenciada por CUNEF y Máster en Economía Europea por la ULB. Ha trabajado en el mundo financiero (era Directora General de una SGIIC en Madrid) hasta que se fue a Londres a vivir con sus trillizos de 4 años y su marido. Cuando ellos tenían 11 años empezaron el blog Rock and Read, en el que sus hijos recomiendan los libros que se están leyendo.

 

Cuestionario Nido de ratones: Pablo Cruz

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Iba cambiando a medida que crecía y descubría nuevos libros. Tengo especial recuerdo de Los tres amigos, Las aventuras de la mano negra, Charlie y la fábrica de chocolate, La historia interminable, Tristán encoge (años más tarde supe quién era Gorey…), incluso de aquellos libros de “Elige tu propia aventura”.

Los tres de Pablo Cruz

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Pues uno de los primeros que tuve, y que aún conservo. Se titulaba Conejín y Botijón. No es que fuera muy bueno, más bien malillo, pero bueno, lo guardo con cariño, y al parecer me lo sabía de memoria…

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mis padres, que me regalaban los libros, y otras veces los amigos.

¿Leía a escondidas?

A escondidas no, no era necesario. Leía en cualquier parte y a cualquier hora.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

La mayor parte me los regalaban, otros los sacaba de la biblioteca del barrio y otros muchos ya andaban por la estanterías de casa. Sobre todo cuando era un poco más mayor, en la adolescencia, y podía empezar a curiosear en la biblioteca familiar. Leí muchos libros de los que no tengo ningún recuerdo, pero que en su momento me parecieron importantes o llamativos.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Pues recuerdo que con 6 o 7 años, cuando en el cole nos mandaban a la biblioteca a leer un rato, me aburría muchísimo. Ahí fue donde aprendí a leer los libros en diagonal, pero literalmente, leyendo una palabra de cada línea. No sé en qué momento se me pasó esto y recuperé el gusto por la lectura de nuevo.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Ordenándolos por edad: Matilda, Alicia en el País de las Maravillas y La isla del tesoro (bueno, este para los menos niños…).

Las recomendaciones de Pablo Cruz

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

 No me parece la mejor opción. Quizá habría que dejarlos como están, y publicar otros nuevos. No obstante, si los editores caemos a veces en lo políticamente correcto no es porque nos sintamos a gusto con ello. No digo que estemos libres de culpa, pero vivimos en una sociedad cada vez más susceptible, y a veces es necesario ser precavido.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Depende del maestro que te toque. En Magisterio debería haber mejor formación sobre literatura infantil. Lo importante es que los niños conozcan todo tipo de libros. Alguno habrá que les guste, y consiga que les pique el gusanillo de la lectura. Recomendar el mismo libro a toda la clase, por ejemplo, no me parece la mejor opción. Preferiría una lista de opciones para que ellos pudieran elegir, e incluso proponer sus propios títulos. Que no vean la lectura como una imposición, sino como una elección.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Aún no tengo, pero el día de mañana supongo que intentaré que conozcan todo tipo de libros. Ellos ya irán eligiendo después, y si puedo les colaré algunos de mis favoritos. Pero bueno, hablar es fácil, ya veremos si soy capaz…

Sobre Pablo Cruz
Pablo Cruz nació en Bailén (Jaén) en 1976. Se licenció en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. A principios de los años 90 se incorporó como redactor a la revista de literatura infantil Babar, que dirige desde su paso a soporte digital, en el año 2000. Después de trabajar como librero, y colaborar como lector y redactor para varias editoriales, en 2001 se incorporó como editor de literatura infantil a la editorial Anaya.

 

Cuestionario Nido de ratones: Jorge Bustos

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Uno de ellos recuerdo que era El ponche de los deseos, de Michael Ende. Que contenía la famosa fórmula y la palabra más larga que aprendí de niño: “genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso”. También los de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro, junto con los de Fray Perico y el Pirata Garrapata.

LOS TRES DE JORGE BUSTOS

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Me gustaban los álbumes de tapas duras con historias medio góticas, recuerdo uno de dinosaurios que desgasté. Una Biblia juvenil ilustrada que pintaba unas caras de odio egipcio o cainita impresionantes. Y Mortadelo: de Mortadelo acumulamos mis hermanos y yo una colección de metro y pico puestos de canto, y me los memorizaba.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Yo era un niño estajanovista de la lectura. Cogía la colección de Barco de Vapor, serie blanca, naranja, azul y roja, y todos en fila, para adentro. O la de El roble centenario. O Gran Angular. O Alfaguara. Los cinco, algunas de Guillermo, los tres investigadores de Alfred Hitchcock. Pasaba horas y horas en la biblioteca de mi pueblo y en la del colegio. Una cosa bastante repelente, supongo.

¿Leía a escondidas? 

Leía en mi cuarto, en el recreo, en la piscina. Básicamente comía y leía. Luego aprendí a jugar al fútbol y equilibré algo mi carrerón de sociópata pedantuelo. En el cole empezaba a ser una leyenda.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Leí todo lo que andaba por casa de literatura infantil. Cuando lo acabé, y a la vez que cumplía con las lecturas obligadas del cole, me hice socio de la biblioteca pública de Torrelodones, donde vivía: iba allí en bici y con mi mochila, sacaba dos libros cada semana. Así durante años.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Es probable que tenga alguna NO relacionada con ellos. Recuerdo a mi madre frustrada porque me castigaba sin salir de mi cuarto pero debía primero vaciar la habitación de libros para que el castigo no se convirtiera en una recompensa: una tranquila tarde de encierro lector.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

La isla del tesoro, que fue un descubrimiento brutal, junto con Robinson Crusoe. Drácula y Frankenstein los leí demasiado pronto, como a los 12: me alteraron, me fascinaron. Los de Roald Dahl me volvían loco, aunque algunos ofrecían pasajes muy tristes, como Charlie y la fábrica de chocolate o Matilda. Marcelino pan y vino tenía una prosa pulquérrima para ser literatura infantil, si lo es. Con la serie del pequeño Nicolás me tiraba por el suelo de risa: los leía despacio para que no se acabaran. Ahí se enseña la ironía, la hipérbole, el absurdo, muchos tonos del humor al joven lector. Cuando llegaba una nueva aventura a la biblioteca y me lo llevaba en la mochila de vuelta a casa… pura excitación.

LAS RECOMENDACIONES DE JORGE BUSTOS

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece un peldaño más en la escala de la traición estupefaciente a nuestras crías. Una cosa es poner legible Moby Dick o el Quijote o la Biblia. Otra cosa es ser tonto con balcones a la calle.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

La lectura la mamé en casa, me crié viendo a mi padre leer. A mi hermano. El vicio estaba cogido de forma natural antes de toparte con ese o esos profesores esenciales que prenden una vocación lectora, y que conmigo no tuvieron que hacer esfuerzos. Recuerdo la clase de lectura con el Senda, disfrutaba cuando me tocaba seguir a mí en voz alta.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Cuando los tenga me preocuparé de seleccionarles títulos seductores. Y les racionaré las putas pantallitas, por supuesto. Conmigo lo hicieron y ahora tengo un buen trabajo.

Sobre Jorge Bustos

Jorge Bustos es periodista y escritor. Podemos encontrarlo en El Mundo y en la Cope. Próximamente publicará el libro de ensayo El hígado de Prometeo, editorial Nobel.

 

Cuestionario de Nido de ratones: Manuel Jabois

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Elvis Karlsson.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

No recuerdo el nombre, pero había un libro infantil de Cela muy cruel, de unos niños lecheros que hacían bullying a otro.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Nadie. Los buscaba en la revista de Círculo de Lectores. O me los prestaban.

¿Leía a escondidas?

Sí, en cama cuando ya debía estar durmiendo.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Libros en casa y después iba a la biblioteca.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Era recepcionista de un hotel familiar con doce años y esos veranos me leía muchísimos libros infantiles y de aventuras.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Las brujas, La isla del tesoro, Canciones para una armónica.

Los tres de Manuel Jabois

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No lo sé, no tengo una idea clara. Tampoco lo he visto ni sé en qué consisten.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Desconozco cómo se encuentra ahora

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Es prioritario.

Manuel Jabois es periodista y escritor; le podemos encontrar en El País. Acaba de publicar Nos vemos en esta vida o en la otra (Planeta).

Cuestionario Nido de ratones: Pilar Álvarez

¿Cuál era su libro favorito de niña?

Mujercitas.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Cuando yo era pequeña creo que no tenía libros ilustrados, al menos no recuerdo grandes álbumes como los de ahora. Pero sí había libros con dibujos, algunos muy bonitos, como los de la biblioteca Gran Auriga, de Rialp, que ahora me doy cuenta de que estaban gravemente mutilados, pero eran preciosos. Y los troquelados que ahora se han reeditado como cosa “vintage”, con las ilustraciones de María Pascual. Y más adelante, los tebeos de Esther, de Purita Campos, que me siguen gustando mucho.

Los favoritos de Pilar Álvarez

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

Los profesores, desde luego, no: fui a un colegio muy poco animoso para la lectura, y creo que nos transmitían la idea de que leer, lo justo. Pero en casa había libros, grandes colecciones de clásicos y libros “por metros” como se estilaba entonces, con las obras completas de premios Nobel, los Episodios Nacionales completos, o colecciones de clásicos universales donde yo leí esos libros que ahora salen en editoriales “boutique” como grandes rescates, etc. Y nadie me prohibió nunca leer nada, que yo recuerde, así que me los leí todos.

¿Leía a escondidas?

No, pero tampoco recuerdo que me hicieran falta más horas para leer: por suerte, fui niña de los 70, cuando las tardes eran eternas.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Nos compraban muchos en casa, creo que todos los que pedíamos, y también nos prestábamos mucho en el colegio. Si alguien recomendaba un libro, lo acababa leyendo toda la clase.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

Recuerdo el shock que me produjeron dos libros en particular, Cascanueces y el rey de los ratones, de Hoffmann, que tenía en una recopilación de relatos de miedo; y Los viajes de Gulliver, que entonces era uno más de la lista de clásicos juveniles y se leía como si tal cosa. Yo notaba perfectamente que esos dos libros pertenecían a otro mundo, en especial la parte final de Gulliver, la de los yahoos, y me asombraba que estuvieran ahí mezclados con los demás. Recuerdo pensar “yo creo que esto no lo debería estar leyendo”, cosa que no he pensado muchas más veces en mi vida.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

¡Ingleses! Y no tres libros, sino tres autores: Roald Dahl, Tolkien y J. K. Rowling.

Tres de Pilar Álvarez

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Creo que ahora nos gusta escandalizarnos de eso, y que es un poco tontería: estoy segura de que siempre se leyó en ediciones resumidas para niños, mal traducidas, expurgadas o incompletas. Es como escandalizarse de que Pérez-Reverte haga un Quijote infantil o Trapiello lo traduzca al español del siglo XXI: ganas de hacerse el íntegro y de despreciar la forma de leer de los demás. Enid Blyton siempre fue mala y estuvo siempre muy muy muy mal traducida, y mira que yo leí mucho, por supuesto, todos los Torres de Mallory, mellizas en Santa Clara, los cinco, los siete y demás. Pero creo que si los revisan un poco y actualizan la traducción será más bien para mejorarla, porque empeorarla no es nada fácil.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No creo en la existencia de “el colegio”: creo que solo existen los profesores. Con suerte, tendrás como siempre uno o dos, en toda tu vida de alumno, apasionados por la lectura y capaces de empujarte a leer cosas que no leerías de no ser por ellos, y benditos sean. El colegio, como tal, no puede hacer nada; ese poder será siempre de una persona, y ojalá sea una profesora o un profesor.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Solo tengo uno, de once años ahora, y lee en modo atracón: todo Harry Potter, que son como 5.000 páginas, en tres meses, y luego semanas enteras sin abrir un libro. Yo no insisto mucho, pero ahí le dejo libros y más libros en su habitación, y le apago todos los cacharritos una hora antes de dormir, porque ese es el rato de leer. Creo que insistir más sería contraproducente.

Pilar Álvarez Sierra nació en Gijón en 1967 pero vive en Madrid desde muy joven. Es editora de no ficción (ensayo, divulgación, biografía, historia, música) en la editorial Turner. Antes trabajó como redactora, traductora de inglés y colaboradora editorial en general.

 

El cuñado de Roald Dahl

Roald Dahl estaba convencido de que los dientes no eran más que una fuente de problemas, así que cuando tenía 21 años se los quitó y se puso unos falsos. Luego se dedicó a perseguir a su madre para que hiciera lo mismo y, cuando lo logró, siguió dándole la vara a sus hermanas, que se resistieron. El único que le hizo caso (aparte de su madre, claro) fue su cuñado, Leslie Hansen. Hansen siguió el ejemplo de Dahl con una pequeña variación: se extrajo los dientes pero se negó a ponerse unos nuevos. La hermana de Dahl debía de estar loca de contenta.

Cuando escribió Los Gremlins en 1942, Dahl donó todo el dinero a la RAF… menos 380 dólares que se gastó en una fantástica dentadura postiza de la que estaba muy orgulloso.