Cuestionario Nido de ratones: Arturo Pérez-Reverte

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Varios. Los leía una y otra vez. Tenía los clásicos (Dickens, Defoe, Twain, Stevenson, Verne, Melville, London, Walter Scott…) de las colecciones Historias y Cadete Juvenil y Las aventuras de Guillermo, de Editorial Molino. Por encima de todo, Los tres mosqueteros. Y Tintín, naturalmente.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

El libro de las cosas que comemos, Cuentos de hadas escandinavos y las ilustraciones de Los tres Mosqueteros en una edición que había pertenecido a mi bisabuela.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

El día de mi primera comunión, mi madre pidió a todos que sólo me regalaran libros. Así me encontré a los 8 años con mi primera biblioteca propia, de unos 30 o 40 volúmenes. Los primeros libros me los recomendaba ella o los cogía yo de la biblioteca de mi abuelo.

¿Leía a escondidas?

Leía en clase, a escondidas, en el recreo, en la cama. Leía a todas horas. Yo no conocí la televisión hasta los 12 años.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Compraba libros con mi paga semanal y tenía a mi disposición la biblioteca de mis padres y la de mis abuelos.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Innumerables.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

No me creo capaz de recomendar libros para niños de 2016. Yo nací en 1951.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece? 

Me parece una soberana estupidez. Un método infalible para fabricar idiotas. Pero cada tiempo y quienes lo habitan tiene los libros y los lectores que merece tener.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No es que lo crea. Es que tengo la certeza de que no. Al menos, en buena parte de los colegios que conozco.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

A mi hija la rodeé de libros en su habitación desde que nació. Libros adecuados a cada momento de su infancia y su juventud. Y sobre todo, vio leer a sus padres. El resto vino solo. Ahora es historiadora y arqueóloga, e imagino que algo tuvo que ver aquello.

*La foto de la cabecera es de hace 10 años ya. Pérez-Reverte vino a presentar El pintor de batallas a González Byass, en Jerez, con sus amigos Juan Eslava Galán y Rafael de Cózar (Fito). Era la segunda vez; unos años antes presentó, en la misma compañía, uno de sus Alatristes. Echamos un día muy bueno. Es una foto que me trae muy buenos recuerdos. Fito murió hace casi dos años ya; su casa salió ardiendo y él intentó rescatar los libros de su biblioteca. Era un hombre simpatiquísimo, con un gran sentido del humor, cariñoso y amable. Ya no podrán repetirse esas presentaciones de los tres amigos charlando con unas copas de vino de Jerez por delante, sin mirar el reloj. Qué suerte haber asistido a dos de ellas. 

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Cuestionario Nido de ratones: Javier Alvira

¿Cuál era su libro favorito de niño?

De niño, creo que mis libros favoritos eran todos los relacionados con animales y naturaleza: guías, cuadernos de campo y enciclopedias de fauna que devoraba al volver del cole. Estaba especialmente orgulloso de una Guía del naturalista de Gerald Durrell que mis hijos han heredado con manchas de Nocilla de los años ochenta. El libro abría con una foto del autor a los diez años y con una lechuza en su brazo que me tenía impresionado. Al margen de ellos, y además de Asterix, Mortadelos y demás maravillas de Bruguera, recuerdo especialmente El maravilloso viaje de Nils Holgersson, que leímos en voz alta en clase durante meses, La historia interminable, que me hizo ver que podía leer trescientas páginas sin esfuerzo, y uno de un chaval que viajaba en el tiempo al puerto de Barcelona en 1714, que cogí de la estantería de mi hermano y que nunca he sabido de quién era ni cómo se titulaba, y quizá por eso lo recuerdo como algo especial.

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¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Eran más historietas que otra cosa, pero tengo especial cariño a las Joyas Literarias Juveniles, que hicieron que Julio Verne, Emilio Salgari, Karl May o Walter Scott fueran nombres tan familiares para nosotros como Ibáñez, Escobar o Uderzo. Con lo intensos que somos ahora, si viéramos a nuestros hijos intercambiar con sus amigos historias de Stevenson, Dickens o Defoe, creo que seríamos insoportables, pero la gracia de aquel momento es que lo hacíamos con toda naturalidad.

Como Libro ilustrado más digno de ese nombre, recuerdo Los Gnomos de Huygens, con esas ilustraciones de Rien Poortvliet tan realistas que hacían imposible pensar que no las hubiera copiado del natural.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Supongo que en casa, pero más que recomendar, los ponían a mí alcance en mi habitación, en las de mis hermanos o en una librería camino del baño, el mejor sitio sin duda para poner libros en una casa con niños. La verdad es que salvo casos contados de hermanos y amigos no recuerdo recomendaciones expresas, salvo las de un familiar, profesor con varios libros de pedagogía a sus espaldas, que con su mejor intención me regalaba unos libros que me parecían un tostón.

¿Leía a escondidas? 

Leía en casi todas partes y casi todo lo que caía en mis manos, incluyendo el bote de champú o entradas aleatorias de la enciclopedia Espasa, pero no recuerdo leer a escondidas más allá de seguir cuando todos estaban dormidos. Lo que sí me hace gracia es ver cómo las prohibiciones que antes afectaban a los libros, del tipo “no se lee en la mesa”, ahora las aplicamos a las pantallas y suspiramos porque ojalá fueran libros. Me cuesta mucho más de lo que le costaba a mis padres decir “anda, deja el libro y apaga la luz”.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Afortunadamente tenía libros en casa, tanto por afición paterna como por tener varios hermanos mayores, así que tenía donde elegir. Por suerte, además, la biblioteca de mi colegio era grande y estaba bien surtida. Allí descubrí al pequeño Nicolás, a Lucky Luke, a un duende llamado Pumuki que me encantaba y a unos cuantos más. Siempre en día de lluvia, que era cuando la frecuentábamos, y siempre sin otra recomendación salvo tenerlos a la vista. Antes que empezase a comprar, los primeros libros que recuerdo “elegir” eran los Asterix a los que tenía derecho cuando me ponía malo – un té y un Asterix nuevo era la receta comodín de mi madre-. Allí en la cama con mi té y decidiendo el próximo título en el menhir de Obelix me sentía el rey del mambo.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Pues recuerdo que mi lugar favorito para leer era el único sitio donde el hermano pequeño de una familia numerosa estaba a salvo, es decir, la única habitación con pestillo: vamos, el baño. A partir de ahí han salido bastantes historias. Alguna vez confundieron mis carcajadas con los Superhumor de Bruguera con gritos de auxilio y alguna que otra vez, según me han contado, mi indecisión ante la librería de paso resultó ser fatal.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Cualquiera que tuviera algo de fantasía, sobre todo cuando son más pequeños y se los lees tú. Uno de mis hijos dice que las leyendas son aquello que nadie puede decir qué es verdad y nadie qué no es verdad. Todo lo que esté en esa zona gris les atrapa enseguida y les abre mil puertas, y por eso cualquier buena edición de cuentos clásicos y populares me parece una excelente opción. La colección de Siruela de cuentos chinos, alemanes, británicos, de la India y de otros países es una maravilla. Entre ellos están los Cuentos Populares Españoles en edición de J.M. Guelbenzu o los Cuentos Españoles de Antaño de Felipe Alfau, uno de mis favoritos. Además es curioso ver – y que ellos vean- cómo muchos cuentos tiene raíces comunes y se repiten con pequeñas variantes en España, Alemania o la India, y los niños los detectan enseguida aunque cambie un lobo por un tigre.

Para cuando son un poco más mayores, cualquiera de Astrid Lindgren: Miguel el Travieso, Los Hermanos Corazón de León, Los niños de Bullerbyn o Pippi Calzaslargas son una gozada y les encantan.

Y en tercer lugar, alguno que les saque un poco de tanto libro correcto y educacional, como por ejemplo ¡Abajo el colejio! de Geoffrey Willans, un libro con mucha mala baba que además tiene unas ilustraciones divertidísimas. Cualquier niño disfrutará viendo faltas de ortografía, profesores con cepos de hierro y demás barbaridades.

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Y hablando de libro ilustrado añadiría la colección de clásicos ilustrados por Robert Ingpen en Blume: El Mago de Oz o Las Aventuras de Tom Sawyer son una delicia.

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pues me parece una bobada y no creo que nadie reconozca que le parece bien, pero lo cierto es que mucho de lo que mostramos a nuestros hijos está dulcificado como poco, desde Walt Disney a las ediciones de los cuentos de Grimm o Andersen. Es todo muy ridículo, pero antes nos escandalizaba el sexo y ahora el sexismo. Yo mismo me he saltado párrafos o líneas al leer en voz alta a mis hijos, pero una cosa es la opción personal de los padres –el párrafo que hoy me salto lo puedo leer más adelante, cuando pueda acompañarlo de una explicación que el niño entienda, o ya lo leerá por sí solo- y otra meter la tijera a un autor. Si nos ponemos muy correctos no salvamos a casi nadie, mucho menos a los clásicos, y veo por ahí bastantes libros que de puro bienintencionados son muy cursis. Creo que retocar Los Cinco es un caso extremo de memez, pero también es verdad que algunos padres o incluso colegios pueden rechazar libros por esto o aquello, o guiarse por determinadas calificaciones, y le hacen un roto a la editorial. Supongo que por ahí van los tiros.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

En el caso de mis hijos, por lo que veo funcionan bien las bibliotecas de aula, donde todos llevan sus libros favoritos y están obligados a leer los de los demás. Si a eso se añaden las recomendaciones de los profesores, el resultado está bastante bien. No es un sistema perfecto y echo en falta algunas cosas, pero lo veo razonablemente bien. Antes de tener hijos creía que la cosa estaba mucho peor.

Más que el enfoque del colegio, me preocupa la fascinación que tienen los niños por las pantallas, que arrasa con todo, y la obsesión que tenemos todos por la sociabilidad, que nos hace ver rara la imagen de un niño solo con un libro. Creo que en esas dos cosas tenemos que pensar un poco más.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Lo asumimos como una parte fundamental de su educación. No sólo por lo que supone tener una buena comprensión lectora sino, y sobre todo, por todos los mundos que les puede descubrir. Lo cierto es que lo tomamos como una obligación más, así que entra en el reparto junto a otras tareas importantes y esta me ha tocado a mí. Sin mucho esfuerzo, porque lo disfruto tanto o más que ellos, les he leído desde muy pequeños, casi todas las noches, hasta convertirlo en un ritual muy esperado. El mayor quería aprender a leer “para leerse todos los libros del mundo”, así que nos sorprendió que el mediano, expuesto a exactamente lo mismo, dijera que odiaba leer y que no quería saber nada de los libros. La buena noticia es que seguía queriendo escuchar historias todas las noches, así que seguí contándole cuentos sin insistir en la lectura, hasta que un buen día dio con un libro que le interesó y dijo “¿Sabes qué? Ya me gusta leer”. No sé qué pasará con la pequeña, pero por lo visto hasta ahora, nuestra receta será leerla todas las noches y no insistir en que lea, sino que vea que de los libros salen muchas cosas fantásticas. Eso, y dejarle un cajón repleto de libros junto a su cama para que pique.

Sobre Javier Alvira

Javier Alvira ha dejado unos comentarios entretenidísimos en las entradas de Astrid Lindgren y se ha ganado el solito un lugar entre los entrevistados de Nido de ratones. Es de Madrid, tiene tres hijos y no ve el momento de llegar a casa y contarles un cuento.

*La foto de la cabecera es de los dos niños mayores de Javier en La Central de Callao y da muy buen rollo.

 

Cuestionario nido de ratones: Iban Barrenetxea

¿Cuál era su libro favorito de niño?
Creo que la cosa estaría entre La isla del tesoro de R. L. Stevenson y Las aventuras del Barón Munchausen de Raspe.
¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?
Me encantaban las ilustraciones de una enciclopedia de naturaleza que había en casa, me parecían alucinantes. No recuerdo libros ilustrados tal como los que tenemos hoy en día, pero recuerdo los cómics de Astérix y Obelix, Tintín, y aquella colección de “Joyas Literarias Juveniles” de la editorial Bruguera.
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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?
¡Nadie! Para bien o para mal como lector me tuve que criar salvaje, como Mowgli, pero mi selva era la biblioteca de mi pueblo. Creo que las películas de aventuras (¡adoraba las de Errol Flynn!) tuvieron la culpa de que me lanzase a buscar libros de piratas, de espadachines y de fantasía. Así descubrí a Dumas, a Stevenson, a Julio Verne… Más tarde conocí a Ende y a Tolkien y años después llegaron otros grandes clásicos con los que no dejo de disfrutar. Ha sido un estupendo viaje de descubrimiento que aún no ha terminado.
¿Leía a escondidas?
No era un niño travieso así que me dejaban tranquilo para que pasara el rato como me diese la gana.
¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?
Mis padres no eran grandes lectores, así que excepto por un par de enciclopedias en casa no había gran cosa. Iba mucho a la biblioteca y a veces pedía “la paga” adelantada para comprarme algún libro (lo cual suponía que me quedaba sin dinero para comprar chucherías el fin de semana).
¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?
No recuerdo ninguna anécdota en especial. Lo que recuerdo es cómo me atrapó el diablo de la lectura, cómo me absorbían las historias. Los personajes se hacían tan reales para mí que sentía la necesidad de dibujarlos para que de alguna forma continuasen viviendo al cerrar el libro. Dibujar era una forma de contarme historias a mí mismo.
¿Qué tres libros para niños recomendaría?
Pienso que la lectura es una experiencia muy personal, así que no me gusta recomendar libros sin conocer al lector. Pero voy a hacer trampa, ya que por suerte está Roald Dahl que es una apuesta segura, así que van tres: Charlie y la fábrica de chocolate, El Superzorro y Matilda.
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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?
Y los cuentos tradicionales y los clásicos con los textos descafeinados porque los originales son “difíciles”… Me parece grotesco.  Ojalá las personas que deciden ese tipo de cosas recuerden sinceramente cómo se hicieron lectores, cómo esas lecturas influyeron en que llegasen a ser las personas que son, y que actúen en consecuencia. ¿Es esto lo que quieren hacer autores y editores ahora que están en la posición de devolver algo de lo que han recibido de los libros?
¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?
Ser maestra o maestro es una de las profesiones más importantes del mundo y por suerte los hay maravillosos. Uniéndolo a mi respuesta anterior, pienso que la mejor forma de fomentar la lectura es recordando cómo nos hicimos lectores. No conozco a nadie que se haya convertido en un gran lector por medio de libros prefabricados por el mercado editorial para “educar en valores”. Un buen libro te hace pensar por ti mismo, te da palabras, te da ideas, te ayuda a aprender ese valor tan importante que es la empatía y te da ganas, al terminarlo, de ir a por otro libro porque encima lo has pasado bien. Con esos “valores” el resto llegan solos.
¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?
No tengo hijos, pero no se me ocurriría una forma mejor que la de leer con ellos, compartir lecturas, darles libros que les gusten y darles ejemplo.
Sobre Iban Barrenetxea
Iban Barrenetxea (Elgoibar, 1973) es ilustrador. Pueden ver sus libros aquí.

Cuestionario Nido de ratones: Ignacio Peyró


¿Cuál era su libro favorito de niño?

Supongo que La guerra de los botones, entre otras cosas por ser uno de esos libros infantiles que nos hacían sentir pequeños adultos.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Unas biografías de Dante, Miguel Ángel y Carlos V que me dejaron muy honda impresión, en especial –por las ilustraciones- la de Dante. Parece que nunca somos demasiado pequeños para apreciar la grandeza.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Por lo que recuerdo, casi todo era más bien buscar a tientas en la biblioteca lo que me pudiera gustar. Si no había nada, siempre había algunas enciclopedias fabulosas para dejar volar la imaginación.

¿Leía a escondidas?

De noche me reñían porque aprovechaba la luz del pasillo para leer cuando ya tocaba dormir. “¡No tienes luz!”, me decía mi padre o mi madre. Ahora, muchos años después, cuando veo a alguien que está leyendo con poca luz, yo le digo exactamente lo mismo,  “¡no tienes luz!”, haciendo méritos para que me distinga alguna Sociedad Oftalmológica.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

En mi casa había muchos libros. Dentro de ellos, estaban los libros de mis hermanas, de los cuales tendía a hacer poco caso (cosas del ir haciéndose un alma). En todo caso, parecía una política pedagógica clara por parte de mis pades el que el gasto en libros fuera, de alguna manera, menos gasto.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Tiene algo que ver con la infancia. Hace muy poco tiempo, era el cumpleaños de mi madre y –como siempre- dudaba qué regalo hacerle. Al final, y habida cuenta de que siempre me pide algo que leer, le regalé cinco novelas. Después de dárselas, tuve un curioso sentimiento: esa justicia poética o esa coherencia vital de que ella me regalara libros de niño y yo se los regale de mayor.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

La isla del tesoro, Corazón, Mi familia y otros animales. De propina, una Biblia ilustrada como la de Piet Worm.

LAS RECOMENDACIONES DE IGNACIO PEYRÓ

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Supongo que es un error de gentes hiperideologizadas que –por suerte- afectará en poco a los padres y niños del común, a quienes les interesa más leer que el que otros les zarandeen con sus obsesiones.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Siempre he considerado con horror los libros que me mandaron leer en el colegio. Hacían muy complicado alentar una vocación lectora. Dicho esto, no estoy muy de acuerdo con los planteamientos que quieren endulzar la lectura hasta quitarle toda dificultad –lo importante es saber que es algo que merece la pena aunque sea difícil. Y también habrá que decir que en el colegio descubrí, por ejemplo, la poesía –sin necesidad de mirar más allá de los libros de texto.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Mis hijos están todavía –digámoslo así- en la mente de Dios.

 

Ignacio Peyró es periodista y escritor. Ha publicado Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa (Fórcola). 

 

 

Cuestionario Nido de ratones: Pablo Cruz

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Iba cambiando a medida que crecía y descubría nuevos libros. Tengo especial recuerdo de Los tres amigos, Las aventuras de la mano negra, Charlie y la fábrica de chocolate, La historia interminable, Tristán encoge (años más tarde supe quién era Gorey…), incluso de aquellos libros de “Elige tu propia aventura”.

Los tres de Pablo Cruz

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Pues uno de los primeros que tuve, y que aún conservo. Se titulaba Conejín y Botijón. No es que fuera muy bueno, más bien malillo, pero bueno, lo guardo con cariño, y al parecer me lo sabía de memoria…

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mis padres, que me regalaban los libros, y otras veces los amigos.

¿Leía a escondidas?

A escondidas no, no era necesario. Leía en cualquier parte y a cualquier hora.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

La mayor parte me los regalaban, otros los sacaba de la biblioteca del barrio y otros muchos ya andaban por la estanterías de casa. Sobre todo cuando era un poco más mayor, en la adolescencia, y podía empezar a curiosear en la biblioteca familiar. Leí muchos libros de los que no tengo ningún recuerdo, pero que en su momento me parecieron importantes o llamativos.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Pues recuerdo que con 6 o 7 años, cuando en el cole nos mandaban a la biblioteca a leer un rato, me aburría muchísimo. Ahí fue donde aprendí a leer los libros en diagonal, pero literalmente, leyendo una palabra de cada línea. No sé en qué momento se me pasó esto y recuperé el gusto por la lectura de nuevo.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Ordenándolos por edad: Matilda, Alicia en el País de las Maravillas y La isla del tesoro (bueno, este para los menos niños…).

Las recomendaciones de Pablo Cruz

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

 No me parece la mejor opción. Quizá habría que dejarlos como están, y publicar otros nuevos. No obstante, si los editores caemos a veces en lo políticamente correcto no es porque nos sintamos a gusto con ello. No digo que estemos libres de culpa, pero vivimos en una sociedad cada vez más susceptible, y a veces es necesario ser precavido.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Depende del maestro que te toque. En Magisterio debería haber mejor formación sobre literatura infantil. Lo importante es que los niños conozcan todo tipo de libros. Alguno habrá que les guste, y consiga que les pique el gusanillo de la lectura. Recomendar el mismo libro a toda la clase, por ejemplo, no me parece la mejor opción. Preferiría una lista de opciones para que ellos pudieran elegir, e incluso proponer sus propios títulos. Que no vean la lectura como una imposición, sino como una elección.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Aún no tengo, pero el día de mañana supongo que intentaré que conozcan todo tipo de libros. Ellos ya irán eligiendo después, y si puedo les colaré algunos de mis favoritos. Pero bueno, hablar es fácil, ya veremos si soy capaz…

Sobre Pablo Cruz
Pablo Cruz nació en Bailén (Jaén) en 1976. Se licenció en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. A principios de los años 90 se incorporó como redactor a la revista de literatura infantil Babar, que dirige desde su paso a soporte digital, en el año 2000. Después de trabajar como librero, y colaborar como lector y redactor para varias editoriales, en 2001 se incorporó como editor de literatura infantil a la editorial Anaya.

 

Cuestionario Nido de ratones: Jorge Bustos

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Uno de ellos recuerdo que era El ponche de los deseos, de Michael Ende. Que contenía la famosa fórmula y la palabra más larga que aprendí de niño: “genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso”. También los de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro, junto con los de Fray Perico y el Pirata Garrapata.

LOS TRES DE JORGE BUSTOS

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Me gustaban los álbumes de tapas duras con historias medio góticas, recuerdo uno de dinosaurios que desgasté. Una Biblia juvenil ilustrada que pintaba unas caras de odio egipcio o cainita impresionantes. Y Mortadelo: de Mortadelo acumulamos mis hermanos y yo una colección de metro y pico puestos de canto, y me los memorizaba.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Yo era un niño estajanovista de la lectura. Cogía la colección de Barco de Vapor, serie blanca, naranja, azul y roja, y todos en fila, para adentro. O la de El roble centenario. O Gran Angular. O Alfaguara. Los cinco, algunas de Guillermo, los tres investigadores de Alfred Hitchcock. Pasaba horas y horas en la biblioteca de mi pueblo y en la del colegio. Una cosa bastante repelente, supongo.

¿Leía a escondidas? 

Leía en mi cuarto, en el recreo, en la piscina. Básicamente comía y leía. Luego aprendí a jugar al fútbol y equilibré algo mi carrerón de sociópata pedantuelo. En el cole empezaba a ser una leyenda.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Leí todo lo que andaba por casa de literatura infantil. Cuando lo acabé, y a la vez que cumplía con las lecturas obligadas del cole, me hice socio de la biblioteca pública de Torrelodones, donde vivía: iba allí en bici y con mi mochila, sacaba dos libros cada semana. Así durante años.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Es probable que tenga alguna NO relacionada con ellos. Recuerdo a mi madre frustrada porque me castigaba sin salir de mi cuarto pero debía primero vaciar la habitación de libros para que el castigo no se convirtiera en una recompensa: una tranquila tarde de encierro lector.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

La isla del tesoro, que fue un descubrimiento brutal, junto con Robinson Crusoe. Drácula y Frankenstein los leí demasiado pronto, como a los 12: me alteraron, me fascinaron. Los de Roald Dahl me volvían loco, aunque algunos ofrecían pasajes muy tristes, como Charlie y la fábrica de chocolate o Matilda. Marcelino pan y vino tenía una prosa pulquérrima para ser literatura infantil, si lo es. Con la serie del pequeño Nicolás me tiraba por el suelo de risa: los leía despacio para que no se acabaran. Ahí se enseña la ironía, la hipérbole, el absurdo, muchos tonos del humor al joven lector. Cuando llegaba una nueva aventura a la biblioteca y me lo llevaba en la mochila de vuelta a casa… pura excitación.

LAS RECOMENDACIONES DE JORGE BUSTOS

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece un peldaño más en la escala de la traición estupefaciente a nuestras crías. Una cosa es poner legible Moby Dick o el Quijote o la Biblia. Otra cosa es ser tonto con balcones a la calle.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

La lectura la mamé en casa, me crié viendo a mi padre leer. A mi hermano. El vicio estaba cogido de forma natural antes de toparte con ese o esos profesores esenciales que prenden una vocación lectora, y que conmigo no tuvieron que hacer esfuerzos. Recuerdo la clase de lectura con el Senda, disfrutaba cuando me tocaba seguir a mí en voz alta.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Cuando los tenga me preocuparé de seleccionarles títulos seductores. Y les racionaré las putas pantallitas, por supuesto. Conmigo lo hicieron y ahora tengo un buen trabajo.

Sobre Jorge Bustos

Jorge Bustos es periodista y escritor. Podemos encontrarlo en El Mundo y en la Cope. Próximamente publicará el libro de ensayo El hígado de Prometeo, editorial Nobel.

 

Cuestionario de Nido de ratones: Manuel Jabois

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Elvis Karlsson.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

No recuerdo el nombre, pero había un libro infantil de Cela muy cruel, de unos niños lecheros que hacían bullying a otro.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Nadie. Los buscaba en la revista de Círculo de Lectores. O me los prestaban.

¿Leía a escondidas?

Sí, en cama cuando ya debía estar durmiendo.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Libros en casa y después iba a la biblioteca.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Era recepcionista de un hotel familiar con doce años y esos veranos me leía muchísimos libros infantiles y de aventuras.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Las brujas, La isla del tesoro, Canciones para una armónica.

Los tres de Manuel Jabois

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No lo sé, no tengo una idea clara. Tampoco lo he visto ni sé en qué consisten.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Desconozco cómo se encuentra ahora

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Es prioritario.

Manuel Jabois es periodista y escritor; le podemos encontrar en El País. Acaba de publicar Nos vemos en esta vida o en la otra (Planeta).

Cuestionario Nido de ratones: Enrique García-Máiquez

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo a mi padre leyéndome poemas de Marinero en tierra antes de dormirme. Le pedía obsesivamente la “Nana de la tortuga”. Comenzaba así —lentamente— mi camino de poeta. Y renunciaba a la carrera de novelista, pues los cuentos no me interesaban. Mi padre, con gran paciencia, imagino, me leía la nana una y otra vez. Se me quedó grabada para siempre la música del verso en una voz varonil.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Recuerdo un cuarto ilustrado, no sé si vale. Mi madre recortó con cartulinas unos gatos y los empinados tejados de una ciudad con torres lejanas y grandes relojes, y los enmarcó, y los colgó en mi dormitorio. No sé si esos gatos habían salido de algún cuento, aunque maúllan en mi memoria con un inconfundible acento londinense, un tanto dickensiano, con deshollinadores, niebla, humo, sigilo y misterio, en el que me quedaba dormido.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Desde muy pequeño, creo recordar, apliqué el método de las cerezas, esto es, que un libro que me ha gustado se traiga enganchado del rabito, como las picotas, otro libro o del mismo autor o de la misma colección o del mismo grupo literario. Sigue siendo mi método.

¿Leía a escondidas?

Sí, sí, sí. Pero esa fase de clandestinidad y aventura me parece posterior, de la adolescencia. Sí me recuerdo muy pequeño buscando un rincón en el patio del colegio para leer. Todavía es para mí un arcano cómo no fui un niño maltratado por mis compañeros, teniendo, como tenía, todas las papeletas. Qué buenos eran.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

A la biblioteca, no. Y lo lamento, porque podría haberme aprendido el caminito y habría ahorrado mucho en el futuro. En casa había libros, aunque no de niños. Los compraba con una temprana conciencia de ir formando mi biblioteca. Pronto empecé a ir al ortodoncista, a Cádiz, al Dr. Velázquez, y éste nos hacía esperar literalmente horas y horas en salón grandilocuente y cómodo. Cada visita, me compraba, justo antes de entrar, un libro nuevo, que leía allí. Aquellas mañanas de sábado fueron una delicia para mí y para mi creciente biblioteca. Además, como todo era tan lento, me daba tiempo a aprender muy bien la lección fundamental: que lo interesante es releer. No fue tan placentero para mi madre, que en un ataque de desesperación, decidió que no volveríamos jamás, dejándome la boca a medias. Por suerte, ya había terminado mi colección de Astérix y la de Tintín. Y pude sonreír por eso, si no por lo otro.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Hace dos o tres años, en una incursión de saqueo en la biblioteca paterna, di con la poesía completa de Alberti en la preciosa edición de Aguilar. La abrí y me encontré con que la cinta marcadora roja estaba aún en el viejo poema de la tortuga. Había dejado en esos cuarenta años una marca sobre el papel y desteñido un poco. Fue un golpe de emoción y memoria como de magdalena de Proust. Devolví el libro a su sitio, porque lo mejor me lo había llevado hacía muchos años.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Marinero en tierra, de Rafael Alberti.

A Child’s Garden of Verses, de R. L. Stevenson

Y las historias del Génesis.

Enrique García-Máiquez

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Detecto una falta increíble de fe progresista en esta costumbre de volverse continuamente sobre (contra) el pasado. Un progresista comme il faut debería tener más confianza en los libros actuales y en los del esplendente futuro que nos espera y dejar los de anteayer hundidos en su pozo de ignorancia, cerrazón y fanatismo, etc.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Está mal planteado, pero es el mejor planteamiento. En el colegio se trata de poner los cimientos para una vida de lector futura y, por eso, insisten en el dominio de unos instrumentos de lectura y, en los manuales, en la historia de la literatura. El lector verdadero tiene una relación mucho más caótica y placentera con los libros, con los que convive. Pero hay que reconocer que sin unos cimientos sólidos no se puede construir, en el segundo piso, una buena biblioteca.

Me dan bastante miedo, por tanto, esos intentos de hacer muy amable la lectura en la escuela. Diría que, en vez de cimientos de hormigón, se propone una tienda de campaña para una acampada o una excursión.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Están aprendiendo a leer, así que todavía no hemos enfocado. Su madre les cuenta cuentos sin parar. Cuando me toca acostarlos a mí, me voy a su cuarto con el libro que estoy leyendo en ese momento y leo en voz alta. Les gusta casi igual. Y yo excuso mi egoísmo pensando que la pasión de su padre y la lluvia incesante de la gran literatura no van a dejar de calarles en el alma.

Enrique sobre Enrique:

Nací en una familia bastante bien, pero no tanto como para no sentir unas décimas de emocionante y austiniana angustia social. Mi madre estuvo malísima y se curó. La carrera no me gustaba y me acabó gustando. No me pensaba capaz de escribir poesía y la escribí. Las oposiciones se presentaban negras, pero las saqué. Mi novia me dejaba cada dos por tres hasta que se casó conmigo. No teníamos hijos y los tuvimos. Últimamente no escribo poesía, aunque…

*La ilustración de la portada es de Carmen, la hija de Enrique. Le pidieron en el colegio que dibujase a su padre haciendo lo que más le gustaba y la niña, que lo conoce bien, lo dibujó yendo a misa (con ella).