Historias suecas 2

Simón lanza y recoge el sedal y yo remo. Ya le he cogido el tranquillo y puedo llevar la barca paralela a la orilla y (más o menos) cerca. Pero no lo suficiente. Simón me pide que me acerque más, lanza por enésima vez… y el señuelo del pececito tornasolado se engancha en las ramas de un abedul. “Creo que voy a tener que trepar,” dice con cara de circunstancia, aunque sospecho que le gusta bastante la idea. Amarramos la barca al árbol, un abedul viejo con la corteza muy rugosa y ligeramente inclinado. Empieza a trepar abrazado al tronco como un koala. Está bastante alto y, durante unos momentos, me preocupo un poco. Los niños charlan animadamente en la barca mientras les caen trocitos de corteza desde arriba, ajenos a la tensión. No les impresiona nada.

Simón rescata el señuelo y vuelve al suelo sin caerse (y sin romperse la camisa). Cinco minutos más tarde, lo pierde enganchado en el fondo del lago.

***

Descubrimos un islote como salido de un cuento, una especie de magdalena que sobresale del agua con unos árboles que le quedan demasiado grandes. Me recuerdan al primer mástil que le pone Leslie al Bootle BumTrinket de Gerry en Mi familia y otros animales, o a las setas de La estrella misteriosa. Ha

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El bautismo del Bootle BumTrinket.

y al menos un aliso, un abedul, dos o tres pinos silvestres y un par de abetos de Douglas. Lo sobrevuelan unas gaviotas muy chillonas y está bordeado de unas piedras enormes de granito ideales para solearse o pescar, y de una hierba alta y frondosa que no sé cómo se llama. De ella salen nadando con bastante parsimonia, a pesar de las voces que les están dando sus padres, tres pollos de gaviota. Ahora ya sabemos por qué están tan pesadas.

Entre los árboles el suelo es de un musgo mullido y gustoso, perfecto para andar descalzos. Así me imagino el suelo del escondite de El club del pino solitario, aunque creo que era de hierba. En el centro alguien ha construido un sitio para hacer fuego con unas rocas que parecen ladrillos grandes e irregulares, de un rojo oscuro tiznado por el carbón. Bajo el abedul hay un montoncito de leña entre los hierbajos.

Simón enciende una hoguera y coloca encima la parrilla que hemos cogido prestada del bosquecillo de pinos silvestres que hay en la orilla de enfrente. Asa los peces, los limpia con mucho cuidado y nos los comemos en unos sándwiches con mantequilla. Qué bueno está todo cuando te lo comes al aire libre (y tienes más hambre que el perro de un ciego).

***

Lucas me pregunta si me baño con él. El agua del lago es negra y refleja los árboles de las orillas y las nubes del cielo. Le digo que sí. Me tiro al agua desde la barca y allí me deja el muy bribón, que no se atreve a meterse. “Solo si me dejas ir sobre tu espalda un poquito”, me dice. Este niño se cree que su madre es un delfín.

***

Encontramos una pequeña playa de arena naranja en un recodo. Está a la sombra y el sol se cuela entre las hojas reflejando lunares de luz brillante. En la orilla, un abedul se inclina rozando la superficie del agua con las ramas y le da a la escena un aire casi tropical. Los niños se bajan y se pasean con el agua por las rodillas cogiendo mejillones y metiéndolos en el cubo amarillo que nos dejó Per. No sabemos si se comen o no, pero qué más da. De vuelta en la barca, Lucas deja que le pillen los dedos una y otra vez; le parece el colmo de la diversión. Luego nos enteramos de que son comestibles (no te mueres) pero bastante chiclosos, así que Simón vuelve al embarcadero y los devuelve al lago.

***

Escribo sentada sobre una piel de reno.

 

 

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Lecturas suecas (I): El libro del verano

Mi primera lectura sueca ha sido finlandesa: El libro del verano, de Tove Jansson. Bueno, quizá no tan finlandesa, porque la madre de la autora era sueca, los Jansson pertenecían a la minoría suecoparlante de Finlandia y el libro se escribió en sueco. Pero todo esto no lo sabía cuando lo empecé.

THE SUMMER BOOK - TOVE JANSSON
La portada inglesa me gusta bastante…

De dónde sale

Este fue el primer libro para adultos de Jansson, que hasta ese momento había sido conocida exclusivamente por sus historias de los Mumin. Se publicó por primera vez en 1972, un par de años después de que muriese su madre, Signe Hammarsten. Para escribirlo, Jansson tiró de todo aquello que le era más querido, entretejiendo sus recuerdos con la imaginación en un ejercicio para superar la muerte de su madre.

El libro del verano narra la relación entre una abuela (basada en la madre de Jansson) y su nieta de seis años, Sophia (basada en su sobrina del mismo nombre), a lo largo de un verano (que en realidad son varios) en una isla del golfo de Finlandia.

La isla la descubrieron Jansson y su hermano Lars en 1947. Es diminuta. Tanto, que cuando Esther Freud (que firma el prólogo a la edición inglesa que publicó Sort of Books en 2003) estuvo allí, descubrió que tardaba cuatro minutos y medio en darle la vuelta completa. La casita la construyeron entre los dos y allí ha veraneado la familia desde entonces. Aunque en 1964, cuando las visitas de familiares y amigos empezaron a hacerse demasiado frecuentes, Jansson se fue a una isla algo más remota con Tuulikki Pietila, su pareja. Y ahí continuaron pasando los veranos escandinavos hasta que en 1991 una tormenta hundió su barco y se retiraron permanentemente a Helsinki. La autora tenía entonces 77 años.

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EL LIBRO DEL VERANO - TOVE JANSSON - SIRUELA
…pero creo que me gusta más la portada española (esto sí que es algo nuevo).

El libro

Sophia y su abuela se pasan el día por la isla recogiendo piedras o los trozos de madera suave que el mar va arrastrando a la playa. Hablan, discuten, pasean, confabulan. Tienen una relación muy independiente, áspera pero cálida a la vez, con un punto nórdico un poco marciano que todo el rato me producía la sensación de que la desgracia acechaba a la vuelta de la esquina. Cuando me relajé, empecé a disfrutar de verdad con el libro, que va pasando sin esfuerzo de la reflexión a la descripción, sin que suceda nada muy señalado.

El tiempo pasa despacio, salado… La hierba se mece con la brisa del mar, las charcas de las rocas se calientan con el sol, hay siestas bajo los arbustos y se oye el rumor de las olas en las noches sin viento. El sol pega sobre la pintura gastada de la madera de la casa, la ropa está tiesa de salitre, en la buhardilla se acumulan los trastos un año tras otro…

La tienda de campaña

Me quedo con este capítulo. Sophia decide dormir en una tienda de campaña por primera vez. A media noche se levanta y va a ver a su abuela, que está despierta, triste, enfadada, tratando de recordar sin éxito cosas que significaron algo para ella alguna vez. Sophia le pregunta qué es lo que no recuerda.

“¡Lo que se siente cuando duermes en una tienda de campaña!” gritó su abuela. Apagó el cigarrillo, se tumbó y se quedó mirando el techo. “En mi país, en Suecia, a las niñas nunca se les había permitido dormir en tienda de campaña,” dijo despacio. “Yo fui la que consiguió que pudiesen hacerlo, y no fue fácil. Lo pasamos muy bien, y ahora no puedo ni contarte cómo era.”

Los pájaros comenzaron a gritar de nuevo; una bandada grande pasó volando, gritando repetidamente. El farol de la ventana hacía que la oscuridad de fuera pareciese más intensa de lo que era.

“Bueno, yo te contaré cómo es,” dijo Sophia. “Puedes oírlo todo mucho mejor, y la tienda es muy pequeña.” Pensó un momento y continuó. “Te hace sentir muy segura. Y está bien que puedas oírlo todo.”

Me quedo con él por la descripción de lo que se siente cuando duermes en una tienda de campaña, que es exactamente eso. Cuando Sophia sale de la tienda, además, se da cuenta por primera vez de la sensación del suelo bajo los dedos y las plantas de los pies. 

También por la frustración y la impotencia de su abuela, y por cómo todo se va calmando sin aspavientos ni sentimentalismos.

Y porque es verdad, la madre de Jansson fundó las Girl Guides (scouts) en Suecia. ¿No es fantástico?

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Tove Jansson delante de Vinrosen (La rosa de los vientos), la casita que construyó con su hermano Lars en la isla de Bredskär (1950).

Cosas que he aprendido

Que el musgo no se vuelve a levantar si lo pisas dos veces. Y se muere si lo pisas una tercera.

Que los eider son como el musgo y no vuelven al nido cuando los molestas por tercera vez.

Que las golondrinas solo honran con sus nidos las casa felices.

Que cuando vivías en una isla en el golfo de Finlandia en los años 50, tenías que saber cómo hundir bien tu basura en el mar para que no acabase en la isla de tu vecino.

Que es de muy mala educación dejar tu casa cerrada con llave si vives en una isla del golfo de Finlandia. Nunca sabes cuándo alguien podría necesitar refugiarse en ella.

Que si te haces una casa nueva en una isla y pones un cartel en el que diga muy claro que está prohibido entrar allí, lo más probable es que una abuela y su nieta atraquen en el poste de ese mismo cartel y se cuelen en tu casa cuando no estés. Cosa que nunca se les habría ocurrido hacer si no hubieses puesto un cartel tan antipático.

Klovharu - Tove Jansson
Klovharu, la isla en la que Tove Jansson pasó los veranos de 1964 a 1991.

Y una sorpresa

¡Vino de Jerez en un libro finlandés! (Aunque al final resultase que no les gustaba; no era Alfonso seguro.)

“Es Verner,” dijo su abuela. “Ha vuelto con otra botella de jerez.”

Esta es la primera entrada de las lecturas suecas. Iré publicando más de aquí al verano, que nos vamos de viaje a… Suecia, claro. Si alguien tiene sugerencias de libros sobre el tema, estaré encantada de recibirlas.

De vuelta

Mi urraca tiene gusanos. Simón me regaló una urraca disecada en Navidad. Anoche le vi unos bichitos blancos, pequeños, recorriéndole la cabeza. Simón le quitó 30 gusanos en media hora con una liendrera. Qué asco. Pobre urraca. Mi padre me dice que eso nos pasa por comprar cosas por internet. Y por no disecar nosotros mismos la urraca. En fin.

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Ya he visto al martín pescador posado dos veces. Es un pájaro pequeño, cabezón. Siempre me sorprende el pico: lo tiene más corto de lo que yo me creo. En cuanto se descuide, le hago una foto.

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Ahora me pongo las botas de goretex para darle la vuelta al lago. La hierba está mojada y como me salgo de la calzada para buscar pájaros, se me mojan los pies. Parecía una buena opción, lo de las botas de goretex. Resulta que las botas están mal y los pies se me mojan de todos modos. Antes eran feas, pero útiles. Vaya.

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Ya tenemos billetes de ida para Suecia.

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Simón se ha buscado un Panda Planner y ya no hay quien lo pare. Se mete en la cama por las noches con su agenda tamaño A4 llena de buenas intenciones y de tarea. Me dijo que yo debía hacerme con una y le amenacé con el divorcio si me la regalaba. Ahora me da envidia y quiero una pero ya no me la quiere regalar. He entrado en un bucle y no me hago listas en papeles normales porque quiero mi agenda.

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He trincado al buitrón. Qué pajarillo tan lindo. Se estuvo muy quieto y yo le iba haciendo fotos y acercándome, haciendo fotos y acercándome hasta que llegó un mosquitero y lo echó de su ramita.

Lo de la foto de cabecera es un buitrón. Me recuerda muchísimo a mi suegra.