Historias suecas 2

Simón lanza y recoge el sedal y yo remo. Ya le he cogido el tranquillo y puedo llevar la barca paralela a la orilla y (más o menos) cerca. Pero no lo suficiente. Simón me pide que me acerque más, lanza por enésima vez… y el señuelo del pececito tornasolado se engancha en las ramas de un abedul. “Creo que voy a tener que trepar,” dice con cara de circunstancia, aunque sospecho que le gusta bastante la idea. Amarramos la barca al árbol, un abedul viejo con la corteza muy rugosa y ligeramente inclinado. Empieza a trepar abrazado al tronco como un koala. Está bastante alto y, durante unos momentos, me preocupo un poco. Los niños charlan animadamente en la barca mientras les caen trocitos de corteza desde arriba, ajenos a la tensión. No les impresiona nada.

Simón rescata el señuelo y vuelve al suelo sin caerse (y sin romperse la camisa). Cinco minutos más tarde, lo pierde enganchado en el fondo del lago.

***

Descubrimos un islote como salido de un cuento, una especie de magdalena que sobresale del agua con unos árboles que le quedan demasiado grandes. Me recuerdan al primer mástil que le pone Leslie al Bootle BumTrinket de Gerry en Mi familia y otros animales, o a las setas de La estrella misteriosa. Ha

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El bautismo del Bootle BumTrinket.

y al menos un aliso, un abedul, dos o tres pinos silvestres y un par de abetos de Douglas. Lo sobrevuelan unas gaviotas muy chillonas y está bordeado de unas piedras enormes de granito ideales para solearse o pescar, y de una hierba alta y frondosa que no sé cómo se llama. De ella salen nadando con bastante parsimonia, a pesar de las voces que les están dando sus padres, tres pollos de gaviota. Ahora ya sabemos por qué están tan pesadas.

Entre los árboles el suelo es de un musgo mullido y gustoso, perfecto para andar descalzos. Así me imagino el suelo del escondite de El club del pino solitario, aunque creo que era de hierba. En el centro alguien ha construido un sitio para hacer fuego con unas rocas que parecen ladrillos grandes e irregulares, de un rojo oscuro tiznado por el carbón. Bajo el abedul hay un montoncito de leña entre los hierbajos.

Simón enciende una hoguera y coloca encima la parrilla que hemos cogido prestada del bosquecillo de pinos silvestres que hay en la orilla de enfrente. Asa los peces, los limpia con mucho cuidado y nos los comemos en unos sándwiches con mantequilla. Qué bueno está todo cuando te lo comes al aire libre (y tienes más hambre que el perro de un ciego).

***

Lucas me pregunta si me baño con él. El agua del lago es negra y refleja los árboles de las orillas y las nubes del cielo. Le digo que sí. Me tiro al agua desde la barca y allí me deja el muy bribón, que no se atreve a meterse. “Solo si me dejas ir sobre tu espalda un poquito”, me dice. Este niño se cree que su madre es un delfín.

***

Encontramos una pequeña playa de arena naranja en un recodo. Está a la sombra y el sol se cuela entre las hojas reflejando lunares de luz brillante. En la orilla, un abedul se inclina rozando la superficie del agua con las ramas y le da a la escena un aire casi tropical. Los niños se bajan y se pasean con el agua por las rodillas cogiendo mejillones y metiéndolos en el cubo amarillo que nos dejó Per. No sabemos si se comen o no, pero qué más da. De vuelta en la barca, Lucas deja que le pillen los dedos una y otra vez; le parece el colmo de la diversión. Luego nos enteramos de que son comestibles (no te mueres) pero bastante chiclosos, así que Simón vuelve al embarcadero y los devuelve al lago.

***

Escribo sentada sobre una piel de reno.

 

 

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Cuestionario Nido de ratones: Jordi Nadal

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Los libros de Tintín, es especial Tintín en el Tibet.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Mi  primer álbum de Tintín, La oreja rota.

jordi nadal tintín

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi hermana.

¿Leía a escondidas?

A todas horas, qué mala suerte quien haya tenido que esconderse para leer, ¿no? (Aunque a algunas les guste, por la parte romántica, pero vaya…)

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Libros en casa, me compraba mi hermana.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Intenté entrar a trabajar a los 17 años en la Editorial Juventud porque editaban Tintín.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Tintín, Astérix y Mortadelo en cómics.

Gente, de Peter Spier.

La ola, de Suzi Lee.

Osito, Else Holmelund, ilustrados por Maurice Sendak.

LOS TRES DE JORDI NADAL

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Qué desperdicio de tiempo. Seremos tan edulcorados que ya no quedará la experiencia de sabor amargo, ni ácido, ni salado, ni nada. Bienvenidos al higienizador mental (el de manos ya lo empieza a utilizar cada vez más gente, y  por cierto éste último me parece más práctico y necesario).

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No estoy dentro el aula, no es fácil opinar de lo que desconoces. Que lo hagan quienes trabajan en ella y sepan pensar y actuar.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Leo porque quiero a mi hija. La quiero tanto que le doy lo mejor. Leer libros  forma parte esencial de saber querer, querer bien y querer el Bien.

Sobre Jordi Nadal

Jordi era el director del curso de postgrado de edición que hice en Barcelona hace la tira de años. Copio abajo la biografía que tiene en su página web.

Nací en Lliçà d´Amunt (Barcelona) y soy licenciado en Germánicas por la Universidad de Barcelona. En 1998, completé mis estudios con un curso de edición profesional en la Universidad de Stanford. Comencé mi andadura en Vicens Vives y continué mi carrera en Herder (Alemania). Entre otros puestos, he sido director de EDHASA, director editorial y de Publicaciones de Círculo de Lectores, consultor en Random House en Nueva York, director general de desarrollo corporativo para España y América en Grupo Plaza & Janés y adjunto a dirección en Ediciones Paidós.

Soy coautor del libro Meditando el Management… y la vida (Plataforma, 2012) y Libros o velocidad. Reflexiones sobre el oficio editorial (Fondo de Cultura Económica, Madrid y México, 2005). Y autor de Todo tan cerca (Poliedro, 2005), Tu nombre (Almuzara, 2008), El paraíso interior (Plataforma Editorial, 2011) y www.libroterapia.eu.

Cuestionario Nido de ratones: Juan Antonio Masoliver

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Los cuentos de hadas.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Los de la editorial Araluce.

LOS DE JUAN ANTONIO MASOLIVER

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre, mis hermanos y mi curiosidad

¿Leía a escondidas?

En la cama, no cuando había apagado la luz, porque entonces no podría leer, sino cuando las habían apagado mis padres. Y en la hora de la maldita siesta.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

En El Masnou había dos bibliotecas, la municipal y la del ayuntamiento. Frecuentaba las dos, con mis hermanos. Me fascinaban las bibliotecarias: ¡eran otros tiempos! En casa había libros para todas las edades. Y cuando fui a vivir a Barcelona, a los nueve años, la biblioteca de mi tío el humanista Juan Ramón Masoliver era mi refugio.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No. Sólo que estaba convencido de que lo que leía era todo verdad, y envidiaba a los protagonistas de los libros.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

¿Sólo tres libros? Y depende de la edad. Tres libros que me marcaron, además, de los pasajes del Quijote y de la Biblia, fueron Robinson Crusoe, las Mil y una noches y Heidi.

LOS TRES DE JUAN ANTONIO MASOLIVER

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No hay que retocar nada. Los niños leen siempre limpiamente. Lo políticamente correcto puede llevar a la intransigencia y al puritanismo.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Hace décadas que no voy al colegio. Yo tuve mucha suerte tanto en la academia del Masnou como en los Escolapios de Barcelona: junto con mis padres y hermanos, me estimularon el placer de la lectura. Por alguno de mis sobrinos, he podido ver que la literatura se enseña bastante mal, llena de tópicos y sin pasión por parte de los profesores. Pero no se debe generalizar. Alguna razón debe haber para que en este país se lea tan poco. Y no se trata sólo de leer, sino de enseñar a leer.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Si en la casa hay ambiente de lectura, los niños leen. No necesitan consejos. De pequeños les improvisaba un cuento, para que se familiarizasen con la oralidad. Y luego les leía y poco a poco leíamos el comic Richie Rich o Tintin. Luego ya no me necesitaba y hay que decir que en las escuelas inglesas (mis hijos son ingleses) se les estimula a leer desde muy pequeños.

Sobre Juan Antonio Masoliver

Nació en Barcelona en 1939. Catedrático hasta su jubilación en la Universidad de Westminster de Londres. Vivió dos años en Dublín y casi cuarenta en Londres. Ha pasado largas temporadas en Italia (Garda sul Lago y Lucca). Poeta, narrador, traductor y crítico literario de La Vanguardia de Barcelona. Su novela más reciente: La inocencia lesionada (Anagrama, 2016)

Nido de ratones: Óscar Monsalvo

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo haber leído muchas veces los tomos de Tintín y los de Asterix, y recuerdo también los libros de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro. Pero seguramente sería uno de éstos: El libro de la selva, La historia interminable o La princesa prometida.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

La verdad es que no. Leía libros y cómics, y éstos -salvo los Tintín y los Asterix- empecé a leerlos bastante más tarde.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre. No creo que tuviera un plan concreto, pero durante mucho tiempo se encargó de elegir los libros que leía: Ende, Stevenson y Kipling, Drácula, Moby Dick o El señor de las moscas, Chesterton, Dostoyevsky, Orwell, Camus… Casi siempre acertaba, y de hecho todavía hoy me avisa cuando hay una novela que merece la pena. Cuando ya tenía más años me dijo que leyera a Ellroy, después las novelas de Kerr sobre Bernie Gunther… siempre ha sido una fuente inagotable de referencias.

¿Leía a escondidas?

Sí, en la cama, porque compartía la habitación con mi hermano. Cuando estaba leyendo algo muy interesante me tapaba y usaba una linterna pequeña. Aunque es verdad que era muy incómodo y no aguantaba demasiado tiempo.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

No me hizo falta, había más libros en casa de los que podía leer. Por eso cuando mandaban leer algo en el colegio siempre intentaba que me dejasen llevar un libro de casa.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Solía llevar un libro al colegio y me dedicaba a leer en los recreos. Años después me empezó a gustar el fútbol, pero cuando era más pequeño me sentaba en algún sitio y leía. Recuerdo que un día no oí el timbre y me quedé leyendo en el patio. Cuando me di cuenta subí a clase y la profesora estaba buscándome por los pasillos. No recuerdo en qué curso fue, pero sí que el libro era Jim Botón y Lucas el maquinista.

También recuerdo que un año el profesor de Lengua nos pidió que llevásemos un libro de casa para hacer una biblioteca en clase. Teníamos que leer libros de los que llevaban los demás alumnos. Yo llevé El guardián entre el centeno y lo destrozaron. Había varios alumnos jugando y uno de ellos le lanzó el libro a otro alumno, como quien lanza un estuche. El libro estaba ya bastante estropeado y se despegaron varias páginas. Mi padre compró otra edición y yo aprendí que no es recomendable prestar libros a cualquiera.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Creo que depende del niño. Y también que los recomendaría teniendo en cuenta los que me han gustado a mí. La isla del tesoro y El libro de la selva desde luego. Pero también Drácula, La historia interminable o incluso El señor de las moscas.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Que no merece la pena. Los libros son lo que son, manipularlos para que digan lo que no dicen es una falta de respeto hacia el libro y hacia el niño.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Creo que no. Creo que se ha devaluado la lectura. He visto algunos de los libros que mandan leer y no veo qué sentido tiene, qué es lo que se busca. Son historias planas, muchas veces con una moralina facilona, producidos para los colegios. Aunque también es posible que sea sólo una continuación de algo que empezó mucho antes, y seguramente hay colegios en los que está bien planteado porque los profesores se lo toman en serio.

De todas maneras, no sé si el colegio es el mejor lugar para fomentar la lectura. Sospecho que eso tiene que empezar en casa.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Con demasiada antelación, me temo. Aún no tengo hijos, pero llevo años dándole vueltas.

Sobre Óscar Monsalvo

Óscar Monsalvo nació en Bilbao hace 35 años, y jamás imaginó que algún día hablaría de sí mismo en 3ª persona. Estudió Filosofía, da clase en Bachillerato cuando le llaman y, de vez en cuando, escribe en su blog.

Cuestionario Nido de ratones: Juan Claudio de Ramón

¿Cuál era su libro favorito de niño?

No hay duda posible. Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie. Es mucho lo que debo a Christie. Sus novelas fueron el opio de mi infancia. No sólo me aficionaron para siempre a la lectura. Me gusta pensar también que me encaminaron al estudio de la filosofía. Como decía Umberto Eco, la novela policiaca y la filosofía se ocupan al cabo del mismo asunto: descubrir al culpable.

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El ejemplar de la foto es el original de Juan Claudio de Ramón.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Nada en concreto, de modo que tomo en préstamo un recuerdo de mi mujer: Sol Solet. Una maravillosa edición, puramente onírica, conmemorativa de un espectáculo de Els Comediants. El libro es una especie de objeto de culto entre catalanes que fueron niños en los años ochenta. Mi mujer pensaba haberlo perdido y dio saltos de alegría cuando apareció en una vieja caja.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

 El “toma y lee” de San Agustín es el gran momento de la amistad y un acto civilizatorio capital. En mi caso, fue mi madre quien me puso en las manos las novelitas de Enid Blyton. Mi padre lo hizo con las de Salgari, pero tuvo menos éxito.

¿Leía a escondidas? 

 En casa no. En clase, sí. Pero sobre todo en la universidad, si la clase era aburrida.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

 Fui muy afortunado. Mis padres son lectores insaciables. Siempre los veía leyendo. En mi casa las paredes estaban forradas de libros. Recuerdo que uno de los momentos de íntima felicidad durante mi infancia y adolescencia era pasearme por la biblioteca familiar, inspeccionado los anaqueles, en busca de estímulos. El arte de hojear libros es secundario respecto del de leerlos, pero también rinde su placer y beneficio.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

 Recuerdo el chasco de descubrir que ir siempre con un libro por la vida no era cosa que necesariamente fuera a impresionar a las chicas.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Mi hija mayor tiene todavía tres años. Supongo que a su momento me gustaría darle a probar algunas de las cosas que leí yo. El mundo cambia, pero no creo que Agatha Christie o Tintín hayan envejecido. Un chaval todavía puede leerlos con agrado. Lo último que leí de literatura juvenil siendo ya adulto fue la saga de Harry Potter, que me gustó mucho. Pero ella tendrá sus referentes que yo desconozca. Luego hay libros que no recomendaría, como El Principito, libro ponzoñoso que induce a la melancolía.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No tengo un criterio fijo y creo que debemos sopesar caso a caso. Por ejemplo, es obvio que muchos cuentos clásicos están impregnados de valores que hoy repelen. El otro día me hija me pidió leer La Bella Durmiente, y, mientras lo hacía, sentí grima ante la idea de un príncipe que salva a las mujeres con un beso. ¿Qué hacemos? ¿Abandonamos el repertorio tradicional? Me parecería mejor que enmendar los textos, porque corremos el riesgo de que sea la moda ideológica y no el buen sentido el que dicte la enmienda. Pero la opción buena es la de ampliar el repertorio: que los niños vean a hombres y mujeres de todo tipo y condición en roles diversos. Hay dibujos animados que lo hacen, como la Doctora Juguetes, que ha recibido premios por mostrar a una protagonista negra que por primera vez no es ni artista ni deportista, sino médico.

Luego están los casos que afectan a elementos centrales del canon, en los que soy muy reacio al cambio. Sospecho que Mark Twain, un autor antirracista, difícilmente toleraría que la palabra “nigger” fuera expurgada de sus novelas. Pero es que son novelas de iniciación, y parte de esa iniciación consiste en conocer la parte amarga de la existencia. Eso no lo vas a lograr si acolchas cada lugar áspero del canon para que nadie se haga daño. Porque tenemos que hacernos daño. Los niños se merecen recibir el canon auténtico, y no uno penitente y enervado; por ese camino terminamos arrojando al purgatorio a Homero, porque su mundo y sus héroes son muy violentos. Pero para contextualizar la lectura ya están las ediciones anotadas y los maestros.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

 A la vista de los índices de lectura de los españoles, es obvio que está mal planteado. Mi amigo Daniel Capó dice que podría haber clases dedicadas enteramente a leer en voz alta novelas, lo que me parece una idea excelente. En todo caso, hay un trabajo de estímulo que nos toca a los padres en casa.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Leer cada noche con mi hija es una dulce rutina. Ambos lo disfrutamos y lo exigimos. Además, me ha permitido descubrir el maravilloso mundo del libro infantil ilustrado, donde se hacen cosas de una belleza notable.

Supongo que el problema con ella y con su hermano será pronto el mismo que con nosotros, los adultos: cómo lograr que la socialización en Internet no cancele el tiempo y la aptitud para la lectura, que es una disciplina solitaria. Y que incluye, por cierto, un componente de tedio en el que también hay que adiestrarse. No es cierto que cualquier rato de lectura equivalga a un rato de placer: hay páginas en las que no pasa nada, pero es importante seguir leyéndolas, porque la mente sigue ejercitándose. Al cabo, esas páginas son, como decía Borges de algunas páginas de Proust, reflejo de la vida, donde también hay días en los que no pasa nada y hemos de seguir cumpliendo con nuestros deberes.

Sobre Juan Claudio de Ramón

Juan Claudio de Ramón es diplomático español, licenciado en derecho y filosofía. Escribe habitualmente columnas de opinión en medios como El País, Jotdown, Letras Libres o The Objective. Es padre de dos y actualmente vive en Roma.

*La foto de la cabecera es de Gaia@ranocchieprincipese.com.

Cuestionario Nido de ratones: Arturo Pérez-Reverte

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Varios. Los leía una y otra vez. Tenía los clásicos (Dickens, Defoe, Twain, Stevenson, Verne, Melville, London, Walter Scott…) de las colecciones Historias y Cadete Juvenil y Las aventuras de Guillermo, de Editorial Molino. Por encima de todo, Los tres mosqueteros. Y Tintín, naturalmente.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

El libro de las cosas que comemos, Cuentos de hadas escandinavos y las ilustraciones de Los tres Mosqueteros en una edición que había pertenecido a mi bisabuela.

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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

El día de mi primera comunión, mi madre pidió a todos que sólo me regalaran libros. Así me encontré a los 8 años con mi primera biblioteca propia, de unos 30 o 40 volúmenes. Los primeros libros me los recomendaba ella o los cogía yo de la biblioteca de mi abuelo.

¿Leía a escondidas?

Leía en clase, a escondidas, en el recreo, en la cama. Leía a todas horas. Yo no conocí la televisión hasta los 12 años.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Compraba libros con mi paga semanal y tenía a mi disposición la biblioteca de mis padres y la de mis abuelos.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Innumerables.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

No me creo capaz de recomendar libros para niños de 2016. Yo nací en 1951.

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece? 

Me parece una soberana estupidez. Un método infalible para fabricar idiotas. Pero cada tiempo y quienes lo habitan tiene los libros y los lectores que merece tener.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No es que lo crea. Es que tengo la certeza de que no. Al menos, en buena parte de los colegios que conozco.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

A mi hija la rodeé de libros en su habitación desde que nació. Libros adecuados a cada momento de su infancia y su juventud. Y sobre todo, vio leer a sus padres. El resto vino solo. Ahora es historiadora y arqueóloga, e imagino que algo tuvo que ver aquello.

*La foto de la cabecera es de hace 10 años ya. Pérez-Reverte vino a presentar El pintor de batallas a González Byass, en Jerez, con sus amigos Juan Eslava Galán y Rafael de Cózar (Fito). Era la segunda vez; unos años antes presentó, en la misma compañía, uno de sus Alatristes. Echamos un día muy bueno. Es una foto que me trae muy buenos recuerdos. Fito murió hace casi dos años ya; su casa salió ardiendo y él intentó rescatar los libros de su biblioteca. Era un hombre simpatiquísimo, con un gran sentido del humor, cariñoso y amable. Ya no podrán repetirse esas presentaciones de los tres amigos charlando con unas copas de vino de Jerez por delante, sin mirar el reloj. Qué suerte haber asistido a dos de ellas. 

Cuestionario nido de ratones: Iban Barrenetxea

¿Cuál era su libro favorito de niño?
Creo que la cosa estaría entre La isla del tesoro de R. L. Stevenson y Las aventuras del Barón Munchausen de Raspe.
¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?
Me encantaban las ilustraciones de una enciclopedia de naturaleza que había en casa, me parecían alucinantes. No recuerdo libros ilustrados tal como los que tenemos hoy en día, pero recuerdo los cómics de Astérix y Obelix, Tintín, y aquella colección de “Joyas Literarias Juveniles” de la editorial Bruguera.
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¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?
¡Nadie! Para bien o para mal como lector me tuve que criar salvaje, como Mowgli, pero mi selva era la biblioteca de mi pueblo. Creo que las películas de aventuras (¡adoraba las de Errol Flynn!) tuvieron la culpa de que me lanzase a buscar libros de piratas, de espadachines y de fantasía. Así descubrí a Dumas, a Stevenson, a Julio Verne… Más tarde conocí a Ende y a Tolkien y años después llegaron otros grandes clásicos con los que no dejo de disfrutar. Ha sido un estupendo viaje de descubrimiento que aún no ha terminado.
¿Leía a escondidas?
No era un niño travieso así que me dejaban tranquilo para que pasara el rato como me diese la gana.
¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?
Mis padres no eran grandes lectores, así que excepto por un par de enciclopedias en casa no había gran cosa. Iba mucho a la biblioteca y a veces pedía “la paga” adelantada para comprarme algún libro (lo cual suponía que me quedaba sin dinero para comprar chucherías el fin de semana).
¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?
No recuerdo ninguna anécdota en especial. Lo que recuerdo es cómo me atrapó el diablo de la lectura, cómo me absorbían las historias. Los personajes se hacían tan reales para mí que sentía la necesidad de dibujarlos para que de alguna forma continuasen viviendo al cerrar el libro. Dibujar era una forma de contarme historias a mí mismo.
¿Qué tres libros para niños recomendaría?
Pienso que la lectura es una experiencia muy personal, así que no me gusta recomendar libros sin conocer al lector. Pero voy a hacer trampa, ya que por suerte está Roald Dahl que es una apuesta segura, así que van tres: Charlie y la fábrica de chocolate, El Superzorro y Matilda.
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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?
Y los cuentos tradicionales y los clásicos con los textos descafeinados porque los originales son “difíciles”… Me parece grotesco.  Ojalá las personas que deciden ese tipo de cosas recuerden sinceramente cómo se hicieron lectores, cómo esas lecturas influyeron en que llegasen a ser las personas que son, y que actúen en consecuencia. ¿Es esto lo que quieren hacer autores y editores ahora que están en la posición de devolver algo de lo que han recibido de los libros?
¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?
Ser maestra o maestro es una de las profesiones más importantes del mundo y por suerte los hay maravillosos. Uniéndolo a mi respuesta anterior, pienso que la mejor forma de fomentar la lectura es recordando cómo nos hicimos lectores. No conozco a nadie que se haya convertido en un gran lector por medio de libros prefabricados por el mercado editorial para “educar en valores”. Un buen libro te hace pensar por ti mismo, te da palabras, te da ideas, te ayuda a aprender ese valor tan importante que es la empatía y te da ganas, al terminarlo, de ir a por otro libro porque encima lo has pasado bien. Con esos “valores” el resto llegan solos.
¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?
No tengo hijos, pero no se me ocurriría una forma mejor que la de leer con ellos, compartir lecturas, darles libros que les gusten y darles ejemplo.
Sobre Iban Barrenetxea
Iban Barrenetxea (Elgoibar, 1973) es ilustrador. Pueden ver sus libros aquí.

Cuestionario Nido de ratones: Daniel Capó

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo con fervor una novela de Robert Graves que leí de niño innumerables veces: Asedio y caída de Troya. Ahí nació mi devoción por Héctor, el héroe troyano, y de ahí que todavía hoy prefiera las historias de perdedores; no por sentimentalismo, sino porque lo verdadero suele brotar donde ya no cabe la idolatría.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

No recuerdo haber leído en aquellos años mucho libro ilustrado y, sí en cambio, bastantes cómics, como Don Miki (yo era muy fan de Patomas y del Tío Gilito) o el Manual de los jóvenes castores, que no era cómic pero sí tenía dibujos. Más adelante, recuerdo con particular cariño la serie de clásicos juveniles de Bruguera, que aún leen mis hijos: David Copperfield, por ejemplo, o mi novela favorita de todos los tiempos, Moby Dick.

LOS TRES DE DANIEL CAPÓ

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Primero mis padres y también algunos amigos suyos, si bien sospecho que el afán lector surge sobre todo de la curiosidad. Se husmean los libros de la biblioteca familiar y se pierde uno entre los anaqueles de una librería, hasta que algo te despierta la atención y salta la chispa. Por lo general, un libro conduce a otro; ninguno te abandona o te deja solo.

¿Leía a escondidas?

No creo, aunque hace tiempo que dejé de fiarme de la memoria, que es pulcra pero inexacta.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Los libros los teníamos en casa y era un reino sin límites. Digamos que, en este aspecto, los excesos no estaban mal vistos y me parece bien que sea así. Con los libros no se puede ni se debe ser tacaño. Y sí, compraba –y comprábamos– bastantes.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No sé si sirve, pero muy pronto descubrí que los libros no se prestan si quieres conservarlos. Con ocho o nueve años, una niña y yo nos intercambiamos sendas novelas. Ella quería leer Aventura en el castillo, de Enyd Blyton, que tenía yo en casa, y a cambio me dejó su Nils Holgersson. Nunca me lo devolvió (y ahora vive en China), ni yo tampoco le devolví el Nils. En este caso, salí yo ganando.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Para niños pequeños, me encanta la serie protagonizada por Petsson y su gato Findus; pienso por ejemplo en Cuando Findus era pequeño y desapareció. Para niños algo más mayores, yo recomendaría Brujarella, de Iban Barrenetxea; también, Tove Jansson y sus muminsLa llegada del cometa, sería un buen título para empezar–; y, por supuesto, toda la obra de Astrid Lindgren, aunque reconozco que siento una predilección especial por una de sus novelas: Rasmus y el vagabundo. ¡Ah!, y cómics de línea clara como los protagonizados por Tintín o Las aventuras de Alix. Para adolescentes, iría a clásicos como La isla del tesoro, Drácula o la Breve Historia del Mundo, de Gombrich. He dado más de tres títulos, ¿verdad?

LAS RECOMENDACIONES DE DANIEL CAPÓ

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pues mal. La literatura, al igual que el arte, no cabe en el marco estrecho de una ideología ni de sus falsos dogmatismos. La vida –y la literatura es vida– no se deja sojuzgar tan fácilmente. Lo bueno es que los niños perciben enseguida la falsedad de estas adaptaciones y dejan de interesarse por ellas. Ellos cuentan con un sentido moral mucho más afilado que el nuestro.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No. Más bien te diría que, con excepciones, la lectura es la eterna olvidada en las escuelas. Aprender a leer implica leer mucho, con constancia y libertad. Y estoy convencido de que, con un buen hábito lector, el fracaso escolar se reduciría a la mitad en cuestión de muy pocos cursos. En lugar de tantos deberes y de programas curriculares tan extensos, ¿por qué no les pedimos a los maestros que lean en voz alta a sus alumnos de forma cotidiana? Así se educa la atención y la escucha. Y, al mismo tiempo, ¿no sería lo idóneo exigir a los alumnos que leyeran en casa una novela semanal, como se hace en tantos otros países?

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Leyéndoles a diario en voz alta; da igual si son poemas, novelas, relatos o el periódico. Y luego, claro está, con una buena biblioteca familiar.

Sobre Daniel Capó

Daniel Capó es ensayista y columnista. Puedes seguirlo en el blog https://danielcapoblog.com/

 

Cuestionario Nido de ratones: Jose María Sánchez-Robles

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo varios, supongo que de diferentes edades. Unos que leí yo y otros que me leía mi madre. El burrito de MaríaTartarín de Tarascón, los libros de Guillermo, Tom Sawyer, La cabaña del tío Tom, Oliver Twist, los libros de Tintín… Leí muchas entregas también de El hombre enmascarado, un cómic en blanco y negro de formato apaisado, si no recuerdo mal. También de Los siete secretos y una serie de misterio de Hitchcock que me encantaba. En los trece o catorce, leí bastantes libros de Agatha Christie, y no sé qué más. Supongo que si hago un esfuerzo, empezarán a aparecer cosas en la memoria. Pero esto es de lo que me acuerdo en este momento.

LOS TRES DE JOSE MARÍA SÁNCHEZ-ROBLES

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Las ilustraciones de la edición, que aún tengo, de Tartarín de Tarascón se me quedaron muy grabadas. Pero me impresionaban mucho los cómics: esos dibujos que se movían, casi como en una película. Y guardo un vivo recuerdo de la cartilla que utilizábamos en el colegio, con unos dibujos muy característicos, quizá muy diferentes de lo que se hace hoy. También recuerdo las Biblias ilustradas, que leíamos constantemente.

 ¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi madre, mi abuelo y unas tías-abuelas que vivían en el piso de al lado. También, supongo, los amigos y los profesores del colegio.

¿Leía a escondidas?

Leía en la cama y en cualquier otro sitio. Pero no recuerdo haber leído a escondidas de pequeño. Sí, de adolescente. Leer y, sobre todo, ver.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

De pequeño los libros los comprarían mis padres, me imagino. Yo me veo comprando libros a partir, quizá, de los 14 años. Y algo después, con 15 y 16, me convertí en un gran comprador, totalmente independiente de mis padres, aunque, claro está, ellos ponían el dinero.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No recuerdo nada singular, que no haya podido vivir todo el mundo. Sí recuerdo lo mucho que me gustaba que mi madre nos leyera por la noche en la cama a mi hermano y a mí. Y el libro que más asocio con ello es El burrito de María.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Hay uno que mis tres hijas me pedían mucho. Se trata de una selección de cuentos tradicionales italianos realizada por Italo Calvino. Me parece un libro buenísimo. Lo publicó en español Siruela, en una traducción de Carlos Gardini. Otro libro que he leído mucho con hijas es Pinocho, en una edición de tapa dura, en formato grande, ilustrada por Roberto Innocenti. La maquetación no me gusta mucho, pero los dibujos, muy realistas y a la vez muy irreales, me parecen muy buenos. Yo recomendaría también, por ejemplo, Los cuentos de Perrault, con las ilustraciones de Gustave Doré. Y todos los cuentos de los clásicos: los de Andersen, los de los hermanos Grimm, los de Beatrix Potter (que mis hijas han leído mucho) y los tradicionales de los diferentes países. En España hay muchas recopilaciones. Por lo demás, los de siempre: La isla del tesoro, Tom Sawyer, etcétera. Y, por supuesto, Las mil y una noches, que tiene cuentos extraordinarios. En esto de los cuentos, los árabes son grandes maestros.

Ahora, como en todas las épocas, hay magníficos ilustradores. Rébecca Dautremer o Benjamin Lacombe, por mencionar alguno, han tenido mucho éxito internacional. Las ilustraciones de Alicia en el país de las maravillas de Dautremer me gustan mucho. Es otro libro que también recomendaría. En España lo ha editado Edelvives.

LAS RECOMENDACIONES DE JM SÁNZHEZ-ROBLES

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece muy mal, naturalmente. Esto de lo políticamente correcto es muy incorrecto, porque parte de la idea de que aún somos más idiotas de lo que somos.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Me imagino que habrá diferentes casos, dentro de los que establezcan las disposiciones escolares. Seguro que hay profesores muy buenos, que saben como estimular la lectura, pero por lo que sé, y por lo que veo en mis hijas, yo insistiría algo más en la lectura de los clásicos. La distancia que impone el tiempo reviste los libros de un valor literario añadido, y volverse hacia el pasado, tan distinto hasta hace nada de lo que vivimos hoy, creo que es bueno. Algunos de los libros que les hacen leer a mis hijas, de escritores actuales de literatura infantil, no me gustan mucho. Por otra parte, si yo fuera profesor, y fuera posible de acuerdo con las normas escolares, organizaría diferentes actividades que fueran divertidas para los niños en relación con la lectura. Supongo que muchos profesores lo harán.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos? 

Mis hijas son ya mayores y mi papel consiste básicamente en responder a sus consultas y charlar sobre lo que leen. Yo insisto para que lean lo que a mí me gusta, o pienso que puede ser bueno para ellas, pero mi capacidad de influencia es limitada. De pequeñas, les leía todas las noches. Bueno, en realidad no siempre les leía. Les preguntaba: ¿Qué queréis, de leer o de contar? Y como casi siempre preferían ‘de contar’, me veía obligado noche tras noche a inventar un cuento. Calculo que quizá haya podido contarles más de 2.000 cuentos. A veces me da rabia no haberlos escrito. Ellas se acuerdan de algunos. Pero les he leído mucho también. Y creo que le han cogido el gusto a lo que tiene la vida de literario, aunque dediquen ahora mucho más tiempo al móvil que a los libros.

Jose María Sánchez-Robles es propietario de una pequeña empresa de publicaciones que se llama Edinexus. Se creó en 1994 y tiene su sede en Marbella. Hacen publicaciones de encargo y por iniciativa propia. Los temas en los que más han trabajado son el desarrollo rural y la literatura de viajes.

Cuestionario Nido de ratones: Enrique García-Máiquez

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo a mi padre leyéndome poemas de Marinero en tierra antes de dormirme. Le pedía obsesivamente la “Nana de la tortuga”. Comenzaba así —lentamente— mi camino de poeta. Y renunciaba a la carrera de novelista, pues los cuentos no me interesaban. Mi padre, con gran paciencia, imagino, me leía la nana una y otra vez. Se me quedó grabada para siempre la música del verso en una voz varonil.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Recuerdo un cuarto ilustrado, no sé si vale. Mi madre recortó con cartulinas unos gatos y los empinados tejados de una ciudad con torres lejanas y grandes relojes, y los enmarcó, y los colgó en mi dormitorio. No sé si esos gatos habían salido de algún cuento, aunque maúllan en mi memoria con un inconfundible acento londinense, un tanto dickensiano, con deshollinadores, niebla, humo, sigilo y misterio, en el que me quedaba dormido.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Desde muy pequeño, creo recordar, apliqué el método de las cerezas, esto es, que un libro que me ha gustado se traiga enganchado del rabito, como las picotas, otro libro o del mismo autor o de la misma colección o del mismo grupo literario. Sigue siendo mi método.

¿Leía a escondidas?

Sí, sí, sí. Pero esa fase de clandestinidad y aventura me parece posterior, de la adolescencia. Sí me recuerdo muy pequeño buscando un rincón en el patio del colegio para leer. Todavía es para mí un arcano cómo no fui un niño maltratado por mis compañeros, teniendo, como tenía, todas las papeletas. Qué buenos eran.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

A la biblioteca, no. Y lo lamento, porque podría haberme aprendido el caminito y habría ahorrado mucho en el futuro. En casa había libros, aunque no de niños. Los compraba con una temprana conciencia de ir formando mi biblioteca. Pronto empecé a ir al ortodoncista, a Cádiz, al Dr. Velázquez, y éste nos hacía esperar literalmente horas y horas en salón grandilocuente y cómodo. Cada visita, me compraba, justo antes de entrar, un libro nuevo, que leía allí. Aquellas mañanas de sábado fueron una delicia para mí y para mi creciente biblioteca. Además, como todo era tan lento, me daba tiempo a aprender muy bien la lección fundamental: que lo interesante es releer. No fue tan placentero para mi madre, que en un ataque de desesperación, decidió que no volveríamos jamás, dejándome la boca a medias. Por suerte, ya había terminado mi colección de Astérix y la de Tintín. Y pude sonreír por eso, si no por lo otro.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Hace dos o tres años, en una incursión de saqueo en la biblioteca paterna, di con la poesía completa de Alberti en la preciosa edición de Aguilar. La abrí y me encontré con que la cinta marcadora roja estaba aún en el viejo poema de la tortuga. Había dejado en esos cuarenta años una marca sobre el papel y desteñido un poco. Fue un golpe de emoción y memoria como de magdalena de Proust. Devolví el libro a su sitio, porque lo mejor me lo había llevado hacía muchos años.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Marinero en tierra, de Rafael Alberti.

A Child’s Garden of Verses, de R. L. Stevenson

Y las historias del Génesis.

Enrique García-Máiquez

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Detecto una falta increíble de fe progresista en esta costumbre de volverse continuamente sobre (contra) el pasado. Un progresista comme il faut debería tener más confianza en los libros actuales y en los del esplendente futuro que nos espera y dejar los de anteayer hundidos en su pozo de ignorancia, cerrazón y fanatismo, etc.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Está mal planteado, pero es el mejor planteamiento. En el colegio se trata de poner los cimientos para una vida de lector futura y, por eso, insisten en el dominio de unos instrumentos de lectura y, en los manuales, en la historia de la literatura. El lector verdadero tiene una relación mucho más caótica y placentera con los libros, con los que convive. Pero hay que reconocer que sin unos cimientos sólidos no se puede construir, en el segundo piso, una buena biblioteca.

Me dan bastante miedo, por tanto, esos intentos de hacer muy amable la lectura en la escuela. Diría que, en vez de cimientos de hormigón, se propone una tienda de campaña para una acampada o una excursión.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Están aprendiendo a leer, así que todavía no hemos enfocado. Su madre les cuenta cuentos sin parar. Cuando me toca acostarlos a mí, me voy a su cuarto con el libro que estoy leyendo en ese momento y leo en voz alta. Les gusta casi igual. Y yo excuso mi egoísmo pensando que la pasión de su padre y la lluvia incesante de la gran literatura no van a dejar de calarles en el alma.

Enrique sobre Enrique:

Nací en una familia bastante bien, pero no tanto como para no sentir unas décimas de emocionante y austiniana angustia social. Mi madre estuvo malísima y se curó. La carrera no me gustaba y me acabó gustando. No me pensaba capaz de escribir poesía y la escribí. Las oposiciones se presentaban negras, pero las saqué. Mi novia me dejaba cada dos por tres hasta que se casó conmigo. No teníamos hijos y los tuvimos. Últimamente no escribo poesía, aunque…

*La ilustración de la portada es de Carmen, la hija de Enrique. Le pidieron en el colegio que dibujase a su padre haciendo lo que más le gustaba y la niña, que lo conoce bien, lo dibujó yendo a misa (con ella).