Historias suecas 2

Simón lanza y recoge el sedal y yo remo. Ya le he cogido el tranquillo y puedo llevar la barca paralela a la orilla y (más o menos) cerca. Pero no lo suficiente. Simón me pide que me acerque más, lanza por enésima vez… y el señuelo del pececito tornasolado se engancha en las ramas de un abedul. “Creo que voy a tener que trepar,” dice con cara de circunstancia, aunque sospecho que le gusta bastante la idea. Amarramos la barca al árbol, un abedul viejo con la corteza muy rugosa y ligeramente inclinado. Empieza a trepar abrazado al tronco como un koala. Está bastante alto y, durante unos momentos, me preocupo un poco. Los niños charlan animadamente en la barca mientras les caen trocitos de corteza desde arriba, ajenos a la tensión. No les impresiona nada.

Simón rescata el señuelo y vuelve al suelo sin caerse (y sin romperse la camisa). Cinco minutos más tarde, lo pierde enganchado en el fondo del lago.

***

Descubrimos un islote como salido de un cuento, una especie de magdalena que sobresale del agua con unos árboles que le quedan demasiado grandes. Me recuerdan al primer mástil que le pone Leslie al Bootle BumTrinket de Gerry en Mi familia y otros animales, o a las setas de La estrella misteriosa. Ha

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El bautismo del Bootle BumTrinket.

y al menos un aliso, un abedul, dos o tres pinos silvestres y un par de abetos de Douglas. Lo sobrevuelan unas gaviotas muy chillonas y está bordeado de unas piedras enormes de granito ideales para solearse o pescar, y de una hierba alta y frondosa que no sé cómo se llama. De ella salen nadando con bastante parsimonia, a pesar de las voces que les están dando sus padres, tres pollos de gaviota. Ahora ya sabemos por qué están tan pesadas.

Entre los árboles el suelo es de un musgo mullido y gustoso, perfecto para andar descalzos. Así me imagino el suelo del escondite de El club del pino solitario, aunque creo que era de hierba. En el centro alguien ha construido un sitio para hacer fuego con unas rocas que parecen ladrillos grandes e irregulares, de un rojo oscuro tiznado por el carbón. Bajo el abedul hay un montoncito de leña entre los hierbajos.

Simón enciende una hoguera y coloca encima la parrilla que hemos cogido prestada del bosquecillo de pinos silvestres que hay en la orilla de enfrente. Asa los peces, los limpia con mucho cuidado y nos los comemos en unos sándwiches con mantequilla. Qué bueno está todo cuando te lo comes al aire libre (y tienes más hambre que el perro de un ciego).

***

Lucas me pregunta si me baño con él. El agua del lago es negra y refleja los árboles de las orillas y las nubes del cielo. Le digo que sí. Me tiro al agua desde la barca y allí me deja el muy bribón, que no se atreve a meterse. “Solo si me dejas ir sobre tu espalda un poquito”, me dice. Este niño se cree que su madre es un delfín.

***

Encontramos una pequeña playa de arena naranja en un recodo. Está a la sombra y el sol se cuela entre las hojas reflejando lunares de luz brillante. En la orilla, un abedul se inclina rozando la superficie del agua con las ramas y le da a la escena un aire casi tropical. Los niños se bajan y se pasean con el agua por las rodillas cogiendo mejillones y metiéndolos en el cubo amarillo que nos dejó Per. No sabemos si se comen o no, pero qué más da. De vuelta en la barca, Lucas deja que le pillen los dedos una y otra vez; le parece el colmo de la diversión. Luego nos enteramos de que son comestibles (no te mueres) pero bastante chiclosos, así que Simón vuelve al embarcadero y los devuelve al lago.

***

Escribo sentada sobre una piel de reno.

 

 

Cuestionario Nido de ratones: Jordi Nadal

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Los libros de Tintín, es especial Tintín en el Tibet.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Mi  primer álbum de Tintín, La oreja rota.

jordi nadal tintín

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi hermana.

¿Leía a escondidas?

A todas horas, qué mala suerte quien haya tenido que esconderse para leer, ¿no? (Aunque a algunas les guste, por la parte romántica, pero vaya…)

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Libros en casa, me compraba mi hermana.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Intenté entrar a trabajar a los 17 años en la Editorial Juventud porque editaban Tintín.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Tintín, Astérix y Mortadelo en cómics.

Gente, de Peter Spier.

La ola, de Suzi Lee.

Osito, Else Holmelund, ilustrados por Maurice Sendak.

LOS TRES DE JORDI NADAL

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Qué desperdicio de tiempo. Seremos tan edulcorados que ya no quedará la experiencia de sabor amargo, ni ácido, ni salado, ni nada. Bienvenidos al higienizador mental (el de manos ya lo empieza a utilizar cada vez más gente, y  por cierto éste último me parece más práctico y necesario).

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No estoy dentro el aula, no es fácil opinar de lo que desconoces. Que lo hagan quienes trabajan en ella y sepan pensar y actuar.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Leo porque quiero a mi hija. La quiero tanto que le doy lo mejor. Leer libros  forma parte esencial de saber querer, querer bien y querer el Bien.

Sobre Jordi Nadal

Jordi era el director del curso de postgrado de edición que hice en Barcelona hace la tira de años. Copio abajo la biografía que tiene en su página web.

Nací en Lliçà d´Amunt (Barcelona) y soy licenciado en Germánicas por la Universidad de Barcelona. En 1998, completé mis estudios con un curso de edición profesional en la Universidad de Stanford. Comencé mi andadura en Vicens Vives y continué mi carrera en Herder (Alemania). Entre otros puestos, he sido director de EDHASA, director editorial y de Publicaciones de Círculo de Lectores, consultor en Random House en Nueva York, director general de desarrollo corporativo para España y América en Grupo Plaza & Janés y adjunto a dirección en Ediciones Paidós.

Soy coautor del libro Meditando el Management… y la vida (Plataforma, 2012) y Libros o velocidad. Reflexiones sobre el oficio editorial (Fondo de Cultura Económica, Madrid y México, 2005). Y autor de Todo tan cerca (Poliedro, 2005), Tu nombre (Almuzara, 2008), El paraíso interior (Plataforma Editorial, 2011) y www.libroterapia.eu.

Cuestionario Nido de ratones: Juan Antonio Masoliver

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Los cuentos de hadas.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Los de la editorial Araluce.

LOS DE JUAN ANTONIO MASOLIVER

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi padre, mis hermanos y mi curiosidad

¿Leía a escondidas?

En la cama, no cuando había apagado la luz, porque entonces no podría leer, sino cuando las habían apagado mis padres. Y en la hora de la maldita siesta.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

En El Masnou había dos bibliotecas, la municipal y la del ayuntamiento. Frecuentaba las dos, con mis hermanos. Me fascinaban las bibliotecarias: ¡eran otros tiempos! En casa había libros para todas las edades. Y cuando fui a vivir a Barcelona, a los nueve años, la biblioteca de mi tío el humanista Juan Ramón Masoliver era mi refugio.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No. Sólo que estaba convencido de que lo que leía era todo verdad, y envidiaba a los protagonistas de los libros.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

¿Sólo tres libros? Y depende de la edad. Tres libros que me marcaron, además, de los pasajes del Quijote y de la Biblia, fueron Robinson Crusoe, las Mil y una noches y Heidi.

LOS TRES DE JUAN ANTONIO MASOLIVER

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

No hay que retocar nada. Los niños leen siempre limpiamente. Lo políticamente correcto puede llevar a la intransigencia y al puritanismo.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Hace décadas que no voy al colegio. Yo tuve mucha suerte tanto en la academia del Masnou como en los Escolapios de Barcelona: junto con mis padres y hermanos, me estimularon el placer de la lectura. Por alguno de mis sobrinos, he podido ver que la literatura se enseña bastante mal, llena de tópicos y sin pasión por parte de los profesores. Pero no se debe generalizar. Alguna razón debe haber para que en este país se lea tan poco. Y no se trata sólo de leer, sino de enseñar a leer.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Si en la casa hay ambiente de lectura, los niños leen. No necesitan consejos. De pequeños les improvisaba un cuento, para que se familiarizasen con la oralidad. Y luego les leía y poco a poco leíamos el comic Richie Rich o Tintin. Luego ya no me necesitaba y hay que decir que en las escuelas inglesas (mis hijos son ingleses) se les estimula a leer desde muy pequeños.

Sobre Juan Antonio Masoliver

Nació en Barcelona en 1939. Catedrático hasta su jubilación en la Universidad de Westminster de Londres. Vivió dos años en Dublín y casi cuarenta en Londres. Ha pasado largas temporadas en Italia (Garda sul Lago y Lucca). Poeta, narrador, traductor y crítico literario de La Vanguardia de Barcelona. Su novela más reciente: La inocencia lesionada (Anagrama, 2016)

Cuestionario Nido de ratones: Daniel Capó

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo con fervor una novela de Robert Graves que leí de niño innumerables veces: Asedio y caída de Troya. Ahí nació mi devoción por Héctor, el héroe troyano, y de ahí que todavía hoy prefiera las historias de perdedores; no por sentimentalismo, sino porque lo verdadero suele brotar donde ya no cabe la idolatría.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

No recuerdo haber leído en aquellos años mucho libro ilustrado y, sí en cambio, bastantes cómics, como Don Miki (yo era muy fan de Patomas y del Tío Gilito) o el Manual de los jóvenes castores, que no era cómic pero sí tenía dibujos. Más adelante, recuerdo con particular cariño la serie de clásicos juveniles de Bruguera, que aún leen mis hijos: David Copperfield, por ejemplo, o mi novela favorita de todos los tiempos, Moby Dick.

LOS TRES DE DANIEL CAPÓ

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Primero mis padres y también algunos amigos suyos, si bien sospecho que el afán lector surge sobre todo de la curiosidad. Se husmean los libros de la biblioteca familiar y se pierde uno entre los anaqueles de una librería, hasta que algo te despierta la atención y salta la chispa. Por lo general, un libro conduce a otro; ninguno te abandona o te deja solo.

¿Leía a escondidas?

No creo, aunque hace tiempo que dejé de fiarme de la memoria, que es pulcra pero inexacta.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Los libros los teníamos en casa y era un reino sin límites. Digamos que, en este aspecto, los excesos no estaban mal vistos y me parece bien que sea así. Con los libros no se puede ni se debe ser tacaño. Y sí, compraba –y comprábamos– bastantes.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No sé si sirve, pero muy pronto descubrí que los libros no se prestan si quieres conservarlos. Con ocho o nueve años, una niña y yo nos intercambiamos sendas novelas. Ella quería leer Aventura en el castillo, de Enyd Blyton, que tenía yo en casa, y a cambio me dejó su Nils Holgersson. Nunca me lo devolvió (y ahora vive en China), ni yo tampoco le devolví el Nils. En este caso, salí yo ganando.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Para niños pequeños, me encanta la serie protagonizada por Petsson y su gato Findus; pienso por ejemplo en Cuando Findus era pequeño y desapareció. Para niños algo más mayores, yo recomendaría Brujarella, de Iban Barrenetxea; también, Tove Jansson y sus muminsLa llegada del cometa, sería un buen título para empezar–; y, por supuesto, toda la obra de Astrid Lindgren, aunque reconozco que siento una predilección especial por una de sus novelas: Rasmus y el vagabundo. ¡Ah!, y cómics de línea clara como los protagonizados por Tintín o Las aventuras de Alix. Para adolescentes, iría a clásicos como La isla del tesoro, Drácula o la Breve Historia del Mundo, de Gombrich. He dado más de tres títulos, ¿verdad?

LAS RECOMENDACIONES DE DANIEL CAPÓ

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Pues mal. La literatura, al igual que el arte, no cabe en el marco estrecho de una ideología ni de sus falsos dogmatismos. La vida –y la literatura es vida– no se deja sojuzgar tan fácilmente. Lo bueno es que los niños perciben enseguida la falsedad de estas adaptaciones y dejan de interesarse por ellas. Ellos cuentan con un sentido moral mucho más afilado que el nuestro.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No. Más bien te diría que, con excepciones, la lectura es la eterna olvidada en las escuelas. Aprender a leer implica leer mucho, con constancia y libertad. Y estoy convencido de que, con un buen hábito lector, el fracaso escolar se reduciría a la mitad en cuestión de muy pocos cursos. En lugar de tantos deberes y de programas curriculares tan extensos, ¿por qué no les pedimos a los maestros que lean en voz alta a sus alumnos de forma cotidiana? Así se educa la atención y la escucha. Y, al mismo tiempo, ¿no sería lo idóneo exigir a los alumnos que leyeran en casa una novela semanal, como se hace en tantos otros países?

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Leyéndoles a diario en voz alta; da igual si son poemas, novelas, relatos o el periódico. Y luego, claro está, con una buena biblioteca familiar.

Sobre Daniel Capó

Daniel Capó es ensayista y columnista. Puedes seguirlo en el blog https://danielcapoblog.com/

 

Cuestionario Nido de ratones: Jose María Sánchez-Robles

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo varios, supongo que de diferentes edades. Unos que leí yo y otros que me leía mi madre. El burrito de MaríaTartarín de Tarascón, los libros de Guillermo, Tom Sawyer, La cabaña del tío Tom, Oliver Twist, los libros de Tintín… Leí muchas entregas también de El hombre enmascarado, un cómic en blanco y negro de formato apaisado, si no recuerdo mal. También de Los siete secretos y una serie de misterio de Hitchcock que me encantaba. En los trece o catorce, leí bastantes libros de Agatha Christie, y no sé qué más. Supongo que si hago un esfuerzo, empezarán a aparecer cosas en la memoria. Pero esto es de lo que me acuerdo en este momento.

LOS TRES DE JOSE MARÍA SÁNCHEZ-ROBLES

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Las ilustraciones de la edición, que aún tengo, de Tartarín de Tarascón se me quedaron muy grabadas. Pero me impresionaban mucho los cómics: esos dibujos que se movían, casi como en una película. Y guardo un vivo recuerdo de la cartilla que utilizábamos en el colegio, con unos dibujos muy característicos, quizá muy diferentes de lo que se hace hoy. También recuerdo las Biblias ilustradas, que leíamos constantemente.

 ¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Mi madre, mi abuelo y unas tías-abuelas que vivían en el piso de al lado. También, supongo, los amigos y los profesores del colegio.

¿Leía a escondidas?

Leía en la cama y en cualquier otro sitio. Pero no recuerdo haber leído a escondidas de pequeño. Sí, de adolescente. Leer y, sobre todo, ver.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

De pequeño los libros los comprarían mis padres, me imagino. Yo me veo comprando libros a partir, quizá, de los 14 años. Y algo después, con 15 y 16, me convertí en un gran comprador, totalmente independiente de mis padres, aunque, claro está, ellos ponían el dinero.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

No recuerdo nada singular, que no haya podido vivir todo el mundo. Sí recuerdo lo mucho que me gustaba que mi madre nos leyera por la noche en la cama a mi hermano y a mí. Y el libro que más asocio con ello es El burrito de María.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Hay uno que mis tres hijas me pedían mucho. Se trata de una selección de cuentos tradicionales italianos realizada por Italo Calvino. Me parece un libro buenísimo. Lo publicó en español Siruela, en una traducción de Carlos Gardini. Otro libro que he leído mucho con hijas es Pinocho, en una edición de tapa dura, en formato grande, ilustrada por Roberto Innocenti. La maquetación no me gusta mucho, pero los dibujos, muy realistas y a la vez muy irreales, me parecen muy buenos. Yo recomendaría también, por ejemplo, Los cuentos de Perrault, con las ilustraciones de Gustave Doré. Y todos los cuentos de los clásicos: los de Andersen, los de los hermanos Grimm, los de Beatrix Potter (que mis hijas han leído mucho) y los tradicionales de los diferentes países. En España hay muchas recopilaciones. Por lo demás, los de siempre: La isla del tesoro, Tom Sawyer, etcétera. Y, por supuesto, Las mil y una noches, que tiene cuentos extraordinarios. En esto de los cuentos, los árabes son grandes maestros.

Ahora, como en todas las épocas, hay magníficos ilustradores. Rébecca Dautremer o Benjamin Lacombe, por mencionar alguno, han tenido mucho éxito internacional. Las ilustraciones de Alicia en el país de las maravillas de Dautremer me gustan mucho. Es otro libro que también recomendaría. En España lo ha editado Edelvives.

LAS RECOMENDACIONES DE JM SÁNZHEZ-ROBLES

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece muy mal, naturalmente. Esto de lo políticamente correcto es muy incorrecto, porque parte de la idea de que aún somos más idiotas de lo que somos.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Me imagino que habrá diferentes casos, dentro de los que establezcan las disposiciones escolares. Seguro que hay profesores muy buenos, que saben como estimular la lectura, pero por lo que sé, y por lo que veo en mis hijas, yo insistiría algo más en la lectura de los clásicos. La distancia que impone el tiempo reviste los libros de un valor literario añadido, y volverse hacia el pasado, tan distinto hasta hace nada de lo que vivimos hoy, creo que es bueno. Algunos de los libros que les hacen leer a mis hijas, de escritores actuales de literatura infantil, no me gustan mucho. Por otra parte, si yo fuera profesor, y fuera posible de acuerdo con las normas escolares, organizaría diferentes actividades que fueran divertidas para los niños en relación con la lectura. Supongo que muchos profesores lo harán.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos? 

Mis hijas son ya mayores y mi papel consiste básicamente en responder a sus consultas y charlar sobre lo que leen. Yo insisto para que lean lo que a mí me gusta, o pienso que puede ser bueno para ellas, pero mi capacidad de influencia es limitada. De pequeñas, les leía todas las noches. Bueno, en realidad no siempre les leía. Les preguntaba: ¿Qué queréis, de leer o de contar? Y como casi siempre preferían ‘de contar’, me veía obligado noche tras noche a inventar un cuento. Calculo que quizá haya podido contarles más de 2.000 cuentos. A veces me da rabia no haberlos escrito. Ellas se acuerdan de algunos. Pero les he leído mucho también. Y creo que le han cogido el gusto a lo que tiene la vida de literario, aunque dediquen ahora mucho más tiempo al móvil que a los libros.

Jose María Sánchez-Robles es propietario de una pequeña empresa de publicaciones que se llama Edinexus. Se creó en 1994 y tiene su sede en Marbella. Hacen publicaciones de encargo y por iniciativa propia. Los temas en los que más han trabajado son el desarrollo rural y la literatura de viajes.

Cuestionario Nido de ratones: Enrique García-Máiquez

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Recuerdo a mi padre leyéndome poemas de Marinero en tierra antes de dormirme. Le pedía obsesivamente la “Nana de la tortuga”. Comenzaba así —lentamente— mi camino de poeta. Y renunciaba a la carrera de novelista, pues los cuentos no me interesaban. Mi padre, con gran paciencia, imagino, me leía la nana una y otra vez. Se me quedó grabada para siempre la música del verso en una voz varonil.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Recuerdo un cuarto ilustrado, no sé si vale. Mi madre recortó con cartulinas unos gatos y los empinados tejados de una ciudad con torres lejanas y grandes relojes, y los enmarcó, y los colgó en mi dormitorio. No sé si esos gatos habían salido de algún cuento, aunque maúllan en mi memoria con un inconfundible acento londinense, un tanto dickensiano, con deshollinadores, niebla, humo, sigilo y misterio, en el que me quedaba dormido.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Desde muy pequeño, creo recordar, apliqué el método de las cerezas, esto es, que un libro que me ha gustado se traiga enganchado del rabito, como las picotas, otro libro o del mismo autor o de la misma colección o del mismo grupo literario. Sigue siendo mi método.

¿Leía a escondidas?

Sí, sí, sí. Pero esa fase de clandestinidad y aventura me parece posterior, de la adolescencia. Sí me recuerdo muy pequeño buscando un rincón en el patio del colegio para leer. Todavía es para mí un arcano cómo no fui un niño maltratado por mis compañeros, teniendo, como tenía, todas las papeletas. Qué buenos eran.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

A la biblioteca, no. Y lo lamento, porque podría haberme aprendido el caminito y habría ahorrado mucho en el futuro. En casa había libros, aunque no de niños. Los compraba con una temprana conciencia de ir formando mi biblioteca. Pronto empecé a ir al ortodoncista, a Cádiz, al Dr. Velázquez, y éste nos hacía esperar literalmente horas y horas en salón grandilocuente y cómodo. Cada visita, me compraba, justo antes de entrar, un libro nuevo, que leía allí. Aquellas mañanas de sábado fueron una delicia para mí y para mi creciente biblioteca. Además, como todo era tan lento, me daba tiempo a aprender muy bien la lección fundamental: que lo interesante es releer. No fue tan placentero para mi madre, que en un ataque de desesperación, decidió que no volveríamos jamás, dejándome la boca a medias. Por suerte, ya había terminado mi colección de Astérix y la de Tintín. Y pude sonreír por eso, si no por lo otro.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Hace dos o tres años, en una incursión de saqueo en la biblioteca paterna, di con la poesía completa de Alberti en la preciosa edición de Aguilar. La abrí y me encontré con que la cinta marcadora roja estaba aún en el viejo poema de la tortuga. Había dejado en esos cuarenta años una marca sobre el papel y desteñido un poco. Fue un golpe de emoción y memoria como de magdalena de Proust. Devolví el libro a su sitio, porque lo mejor me lo había llevado hacía muchos años.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Marinero en tierra, de Rafael Alberti.

A Child’s Garden of Verses, de R. L. Stevenson

Y las historias del Génesis.

Enrique García-Máiquez

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Detecto una falta increíble de fe progresista en esta costumbre de volverse continuamente sobre (contra) el pasado. Un progresista comme il faut debería tener más confianza en los libros actuales y en los del esplendente futuro que nos espera y dejar los de anteayer hundidos en su pozo de ignorancia, cerrazón y fanatismo, etc.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

Está mal planteado, pero es el mejor planteamiento. En el colegio se trata de poner los cimientos para una vida de lector futura y, por eso, insisten en el dominio de unos instrumentos de lectura y, en los manuales, en la historia de la literatura. El lector verdadero tiene una relación mucho más caótica y placentera con los libros, con los que convive. Pero hay que reconocer que sin unos cimientos sólidos no se puede construir, en el segundo piso, una buena biblioteca.

Me dan bastante miedo, por tanto, esos intentos de hacer muy amable la lectura en la escuela. Diría que, en vez de cimientos de hormigón, se propone una tienda de campaña para una acampada o una excursión.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Están aprendiendo a leer, así que todavía no hemos enfocado. Su madre les cuenta cuentos sin parar. Cuando me toca acostarlos a mí, me voy a su cuarto con el libro que estoy leyendo en ese momento y leo en voz alta. Les gusta casi igual. Y yo excuso mi egoísmo pensando que la pasión de su padre y la lluvia incesante de la gran literatura no van a dejar de calarles en el alma.

Enrique sobre Enrique:

Nací en una familia bastante bien, pero no tanto como para no sentir unas décimas de emocionante y austiniana angustia social. Mi madre estuvo malísima y se curó. La carrera no me gustaba y me acabó gustando. No me pensaba capaz de escribir poesía y la escribí. Las oposiciones se presentaban negras, pero las saqué. Mi novia me dejaba cada dos por tres hasta que se casó conmigo. No teníamos hijos y los tuvimos. Últimamente no escribo poesía, aunque…

*La ilustración de la portada es de Carmen, la hija de Enrique. Le pidieron en el colegio que dibujase a su padre haciendo lo que más le gustaba y la niña, que lo conoce bien, lo dibujó yendo a misa (con ella). 

Cuestionario Nido de ratones: José Antonio Montano

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Los álbumes de Astérix, Tintín y Mortadelo.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Los libros “de letras” ilustrados no me gustaban. Solo me gustaban los tebeos, hasta que me empecé a leer las novelas de Agatha Christie, no ilustradas. Lo más parecido a ese híbrido de libros ilustrados era la colección de Joyas Literarias Juveniles, en que se alternaba una parte “con letras” y otra de tebeo; me gustaba mucho, pero yo solo me leía la parte de tebeo. (Y tras escribir esto, me viene de pronto que sí que leí y disfruté muchos libros ilustrados: los de viajes y geografía adaptados para niños, los de animales, o los de las enciclopedias infantiles).

Montano libros

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Nadie. Empecé a leer por mi cuenta uno de los tebeos que había por casa, que me habrían comprado mis padres o algún familiar, y a partir de ahí ya los fui buscando yo. Cuando me interesaba algo, insistía en ello. Había complicidad a veces con mi hermana, con mis primos y con mis amigos, y algunas cosas descubrí por ellos; pero en general me recuerdo buscando por mi cuenta.

¿Leía a escondidas?

No tenía necesidad de leer a escondidas, porque en casa mis padres nunca me regañaban si me veían leyendo, y en el colegio nunca se me ocurrió leer nada que no fuese de clase.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Tenía algunos libros y tebeos en casa, y cuando me aficioné los pedía como regalo. Pero la inmensa mayoría fueron leídos en bibliotecas públicas, o tomados en préstamo de ellas. Aunque antes de las bibliotecas hubo otra cosa: el bibliobús. Creo que el exotismo del bibliobús, que venía una vez a la semana por el barrio, contribuyó a mi afición.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeño relacionada con los libros?

Sí, la del primero que leí, que fue el álbum de Mortadelo y Filemón “El otro yo del profesor Bacterio”. Hasta entonces yo solo miraba los dibujos de los tebeos, y cuando aprendí a leer me limitaba a leer algunas palabras o frases sueltas. Pero una tarde, no sé por qué, empecé a leer ese álbum desde el principio, leí varias viñetas seguidas y me sorprendió ver que había una “historia”, como en las películas. Seguí leyendo, hechizado, hasta que acabé el álbum, en un estado de sorpresa y maravilla. Ahí se produjo el clic.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Pues no lo sé, la verdad. Para mí lo más eran los álbumes mencionados de Astérix, Tintín y Mortadelo. Más los de Lucky Luke, Iznogoud o los volúmenes gordos de Magos del Humor. Pero a mis sobrinos no les han llamado mucho la atención (aunque algunos han leído).

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Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

Me parece triste. Pero es una batalla perdida.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

No sé como funciona: no tengo hijos, solo sobrinos. Mis sobrinos leen, pero no sé en qué medida se debe al colegio.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Si yo enfocase el tema de la lectura con esos hijos que no tengo, no sería yo un lector, sino un personaje de novela algo trastornado.

José Antonio Montano. Málaga (1966). Empezó Filosofía y Periodismo y terminó Filología. Ha trabajado en la alta cultura (una biblioteca, una editorial) y en la baja cultura (la televisión). Actualmente escribe para Jot Down, El Español y The Objective/El Subjetivo. Todo lo enlaza en su blog:

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*La foto de la cabecera es suya. La ha cedido muy amablemente para ilustrar el cuestionario. En su blog de fotos, La belleza es frecuente, pueden disfrutar de muchas otras.