El elefante del museo

Esta es la historia de Luis Benedito, taxidermista del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, y su odisea para disecar el elefante que sigue siendo la pieza estrella de la colección casi 100 años después.

En 1913, el duque de Alba caza un elefante en Sudán y lo dona al recién estrenado museo, del que es patrono. El director del museo considera que es una tarea imposible y manda almacenar la piel; pero el nuevo taxidermista tiene otros planes.

Benedito ha estudiado taxidermia en Alemania durante años con los mejores especialistas, y no quiere dejar pasar la oportunidad de disecar el animal terrestre más grande del planeta. El museo no tiene dinero ni espacio, y Benedito no ha visto un elefante en su vida… aunque eso no son más que simples inconvenientes para nuestro hombre.

Aquí va el segundo proyecto propio de Nido de ratones (la web casi está ya). El elefante del museo se publicará (Dios mediante) en invierno del año que viene. La idea, el texto y las ilustraciones son de Ximena Maier

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Libro nuevo

Ayer me llegó González Byass. Historia de una bodega y por fin descansé. No sé si alguna vez se me pasará la angustia que me invade cada vez que envío un libro a la imprenta y ya no tiene remedio (no creo). Ha quedado estupendo: tiene el tamaño justo, los colores de la portada son exactamente como los quería y el papel es perfecto para las acuarelas de Ximena. Ahora solo queda que demos con una buena fecha para la presentación y dejarlo que vuele solo.

Algunas de mis cosas favoritas

Esto sobre Hemingway y el hermano de mi bisabuelo Manolo que descubrí haciendo la investigación para el libro. No lo sabía nadie en la bodega (ni en la familia).

“A Álvaro, el sexto, le tocó encargarse de las ventas en Cuba. Allí se casó y allí conoció al escritor Ernest Hemingway. Hemingway basó a uno de los personajes de su libro Islas a la deriva en él y, gracias a su servicio de espionaje, libró a Álvaro de entrar en la lista negra del Gobierno de los Estados Unidos durante la II Guerra Mundial.”

HEMINGWAY Y GONZÁLEZ BYASS

Las guardas tintineras con algunas de las personas notables que han visitado la bodega desde que se fundó. Picasso nunca lo hizo, pero la explicación de por qué aparece viene dentro del libro.

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Ximena y yo, muy hacendosas al final del libro…

GONZÁLEZ BYASS PAULA Y XIMENA

Y, por supuesto, el colofón.

COLOFÓN SANTA VIOLETA

 

 

 

El cuaderno del Prado

Los paseos de Ximena Maier por los rincones del Museo del Prado

Ximena va al Prado desde hace más de 20 años. Dibuja, mira, escucha, toma notas… Unos días los dedica a Goya o a Velázquez y otros a hacer series de perros o de coronas o de manos. Tiene cuadros favoritos (como todos) y otros que no le gustan nada. A veces dibuja en función de los bancos que encuentra (que son menos de los que a ella le gustaría) y otras simplemente deambula de una sala a otra y se para ante cualquier cosa que le llame la atención. Mientras dibuja va apuntando los comentarios que oye a su alrededor y de pronto, de esta forma tan sencilla, se establece una conexión en el tiempo entre Brueguel y esa persona que está viendo un cuadro suyo 450 años después.

Muchos nos acercamos al Prado con una mezcla de reverencia y vergüenza, sintiéndonos un poco intrusos. Lo mejor de El cuaderno del Prado, además de las ilustraciones de Ximena, es que lo desmitifica y nos hace disfrutarlo de verdad, sacudiéndonos esa sensación y haciéndolo nuestro. Que lo es.

Esta semana ando trabajando en los textos para la página web de la editorial Nido de ratones. Vamos, que si no escribo otras cosas no es por vagancia (o no del todo). El cuaderno del Prado será nuestro primer proyecto propio y se publicará (Dios mediante) en otoño de este año. Si tienen cuenta en Twitter o Instagram, pueden ver otras ilustraciones buscando #cuadernodelprado.

Me iba a Sicilia ahora mismo (bueno, el 1 de mayo)

José Luis de la Cuesta tiene un poema en el que habla de la cantidad de chorradas que se ahorra porque no tiene dinero para hacerlas. Es un enfoque que me encanta: consuela y asiento vigorosamente cuando lo leo, porque me permite ser virtuosa sin hacer ningún esfuerzo.

Pero aunque me guste mucho el poema, también me gustaría hacer un montón de cosas para las que no tengo dinero. Y hay una, concretamente, que a lo mejor hasta a José Luis le parecería una buena idea, y se deprimiría un poco conmigo por tener que quedarse en tierra. Porque lo que yo más querría ahora mismo es que me tocase un poco la lotería para irme a Sicilia a echar unos días en la escuela de cocina de Anna Tasca Lanza, que ahora lleva su hija Fabrizia.

Mi amiga Ximena ha estado dos veces: una invitada como bloguera de pro (su blog de cocina ilustrado es una joyita) y otra el año pasado, cuando estuvo por allí Maira Kalman. Porque Fabrizia lleva de vez en cuando a alguien interesante y puntero en lo suyo, y así el curso de cocina se entremezcla con otros de fotografía, escritura, dibujo… Este año le toca a Ximena, que va por tercera vez la muy suertuda, encargada del curso “The pleasures of sketching”.

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Cinco días de excursiones, paseos, picnics y ratos de dolce far niente en Casa Vecchie, una finca ideal en las viñas de Regaleali. Cinco días para salir al huerto con Fabrizia a coger hinojo o limones para las ensaladas, dibujar un poco debajo de un árbol, aprender a cocinar platos tradicionales sicilianos, echarse unas siestas al solecito, pasearse por las viñas, ir a ver cómo el pastor hace una ricotta tan buena que se te saltan las lágrimas, echar otro rato de dibujo y de charla, aprender con Fabrizia sobre la alta cocina de los palacios palermitanos, ya perdida…

Eso haría yo ahora si tuviera pasta. Como no tengo, se lo cuento a ustedes, por si acaso alguno sí que la tiene y le apetece pasarse unos días en Sicilia cocinando y dibujando de la mano de dos cracks de lo suyo, Fabrizia y Ximena.

 

Las dos garrafas de vino de los Hermanos Fossores

Hace unos años, en el cementerio de Jerez aún estaban los Hermanos Fossores. Yo no los recuerdo, pero mi madre sí. Se encargaban de enterrar a los muertos y rezar por ellos y por sus familias. Una vez al mes se acercaban a la bodega a por la garrafa de vino que les correspondía. Mi bisabuelo Manolo, que era muy de su tierra y prefería reducir el contacto con el cementerio al estrictamente necesario, había tenido una idea muy práctica que le evitaba el sobresalto de encontrarse a los fossores entre las botas de la bodega: “Si no os veo, os podéis llevar dos garrafas en vez de una”. Me gusta imaginármelos poniendo buen cuidado de no encontrarse con él, doblando cada esquina con mucha precaución y, finalmente, regresando cada mes con sus dos garrafas.

Al parecer, ya solo quedan fossores en Logroño y en Guadix. Es una pena. Aunque hace un par de años entraron dos nuevos en Granada…

*Esta anécdota me la contó Antonio Flores, el enólogo estrella de González Byass. La acuarela de la cabecera es de Ximena Maier. Estamos trabajando juntas en un libro para la Fundación de González Byass que estará listo en pocos meses. 

Cuestionario Nido de ratones: Ximena Maier

¿Cuál era su libro favorito de niña?

Las aventuras de Tintín. No solo tenían todas las aventuras, acción, misterios y viajes, sino que el estilo de dibujo de línea clara es el que más me ha influenciado siempre.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

What do people do all day?, de Richard Scarry. Está lleno de detalles, información, gags visuales, personajes graciosos, me encantaba entonces y me encanta ahora.

WHAT DO PEOPLE DO ALL DAY
¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeña?

Mi padre me iba comprando todos los libros que había leído en su infancia: la serie de Aventura de Enid Blyton, Sandokán, El Corsario Negro, Julio Verne, los tintines y asterixes, los folletines de Dick Turpin

¿Leía a escondidas?

En casa había manga ancha. Al colegio siempre llevaba mi libro, y leía en clase, debajo de la mesa, o apoyando el libro que fuera dentro de un atril. Ahora que lo pienso, debía ser bastante obvio que estaba leyendo, pero supongo que mejor eso que dar la lata hablando o dibujando en la mesa.

¿Se compraba sus libros, iba a la biblioteca, tenía libros en casa…?

Por suerte en mi casa los libros llegan del suelo al techo. Luego, más suerte todavía, mi madre me daba permiso para comprar lo que quisiera, siempre que fuera en inglés, para irlo manteniendo. También cambiaba los libros que no quería por otros en Trueque, una librería de viejo que había en el barrio de Santa Cruz de Sevilla. Me pasaba ahí tardes enteras.

¿Tiene alguna anécdota de cuando era pequeña relacionada con los libros?

Recuerdo como uno de los mejores momentos de mi vida una mañana de verano, con doce años, aburrida como una seta brujuleando entre las cajas que había en el garaje, y encontrarme El señor de los anillos, sin saber qué era, y empezar a leer.

¿Qué tres libros para niños recomendaría?

Depende tanto del niño y la edad y el momento… Mis hijos son pequeños y no leen libros largos solos, pero álbumes ilustrados que hemos disfrutado mucho, los tres del Osito (La canción del oso, no recuerdo el autor, es francés) The storm whale, Eloise, Madeline, y la serie de Look inside de Usborne.

LOS TRESTHE STORM WHALE

Algunas ediciones nuevas de libros antiguos retocan los textos para que resulten políticamente correctos. Es el caso de Los cinco, de Enid Blyton. ¿Qué le parece?

En el caso de Enid Blyton encuentro que no es tan aberrante. Son libros ligeros, divertidos, y para pasar el rato leyendo las aventuras de unos niños que descubren tramas de contrabando, espionaje, falsificación de moneda… Nada realista, ni serio. Los comentarios racistas no añaden nada a la trama, y cuando los quitan, no quitan nada tampoco, eran un tic de la época. No es el tipo de libro con el que quiero empezar una conversación sobre racismo con mis niños. Cuando retocan Huckleberry Finn es un sacrilegio, porque además de que Mark Twain es un genio y HF perfecto así, ahí el racismo es central a la trama, Jim es un esclavo, pasa en el viejo Sur, y es un libro que no se entiende sin todo eso.

¿Cree que está bien planteado el tema de la lectura en el colegio?

En los colegios hacen una gran labor de animación a la lectura, y creo que los niños pequeños disfrutan mucho con los libros que se leen y las actividades que se hacen. Lo malo, para mi gusto, es el sistema español de enseñar lengua, centrado en gramática y en diseccionar poemas como si fueran ranas muertas, en vez de enseñar a los niños a redactar bien.

¿Cómo enfoca el tema de la lectura con sus hijos?

Intento que no sea “un tema”. A mí me encanta leer, y leemos juntos, siempre tienen un montón de libros por todas partes, y yo tengo muchos libros infantiles míos, que compartimos, y comentamos. También dibujo con ellos, y cocino con ellos, y hacemos picnics en el campo. Todo esto porque son cosas que me gustan a mí. Otras cosas que son seguramente muy buenas, como el deporte o tocar el violín, no se las fomento nada porque me aburren y me da muchísima pereza sacrificar una mañana de sábado a cualquier cosa que no sea improvisar el mejor plan para cada momento.
Un enfoque perezoso, me temo.

Ximena Maier nació en Madrid en 1975. Lleva trabajando como ilustradora desde 1999 (o sea, hace siglos) en periódicos (El País, Diario 16, La voz de Galicia) y revistas (Telva, Marie Claire, Yo Dona, Cosmopolitan, Woman, Mia) además de publicidad y prensa corporativa. Ilustra libros para niños, guías de viaje y libros de cocina. Y no para de dibujar, en cuadernos, trozos de papel, en el iPad, en la arena o en cualquier pizarra que se ponga a tiro. Le gusta leer, comer y cocinar, los carteles tipográficos pintados a mano, la edad heroica de la exploración polar, la ópera italiana y los picnics. Tiene un marido, dos hijos, dos blogs, un perfil de Twitter, otro de Instagram y una cierta afición desmedida a Pinterest.

*El collage de la niña con la mariposa es de Ximena, que lo ha cedido muy amablemente para ilustrar el cuestionario.