Los cuentos de Tinta son historias que les iba contando a Lucas y Violeta a la hora de dormir, cuando ya habían agotado todo el arsenal de ocurrencias para retenerme a su lado un poquito más. Son historias cortas porque a esa hora lo único que quería ya es que se fueran a dormir para sentarme con una copa de Alfonso y un poco de paz. Fui probando con distintos temas hasta que descubrí que las que más éxito tenían (y menos trabajo me costaban) eran las que protagonizaba Tinta, la foxterrier de mis padres.
Cuando tuve unas cuantas, las escribí y se las mandé a mi amiga Ximena. A Ximena le gustaron y se las mandó a su amiga Marta, que era agente literaria. A Marta también le gustaron, y se las mandó a Anaya. Y a Anaya le debieron de gustar también, porque las publicaron el año pasado.
Desde que me dieron la noticia de que iban a publicar Tinta, me invadió un bloqueo que no me ha dejado volver a escribir tranquila. Este blog es en parte un ejercicio para acabar con ese bloqueo.
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